Durante los últimos cuatro años, la economía costarricense pareció avanzar con un mismo libreto. Las zonas francas crecieron a tasas excepcionalmente altas, la deuda pública se contuvo luego del impacto de la pandemia y el país recuperó la confianza de los consumidores locales, los inversionistas y los organismos internacionales. A mitad de 2026, ese libreto ha empezado a cambiar.
Costa Rica continúa mostrando una de las economías más estables de la región, según el Fondo Monetario Internacional (FMI), que proyecta que el país seguirá creciendo y valora positivamente las cifras macroeconómicas. Sin embargo, detrás de esa estabilidad aparecen señales de transición.
La economía local no consigue dinamismo, las zonas francas siguen expandiéndose, pero a un ritmo mucho menor, y las exportaciones también moderan su crecimiento. Además, las finanzas públicas se resienten, producto de una recaudación que se reduce.
En medio de todo eso, el debate económico comienza a cambiar de eje. Si durante los últimos años la prioridad fue recuperar la estabilidad macroeconómica, ahora la discusión gira cada vez más en cómo reactivar la economía local, mejorar la productividad y elevar la formalidad, para expandir la calma reciente y evitar retrocesos antes de lo esperado.
La economía adormecida
La economía local —que aporta un 88% del empleo formal y es crucial para la recaudación de impuestos— ha permanecido relativamente estancada en el primer semestre del 2026, como en años recientes.
La producción general del país creció un 3,5% hasta mayo, según el Índice Mensual de Actividad Económica; pero en el régimen definitivo, la tasa fue de un 2,9%.
Sectores estrechamente vinculados al mercado interno e intensivos en la contratación como el comercio crecieron menos de un 3%. Incluso, las manufacturas y la agricultura se quedaron en un 2% o menos.
El agro apenas vuelve a crecer después de meses de estancamiento. A los rezagos de política pública y de inversión estatal se han sumado otros fenómenos como el cambio climático, el impacto sobre el precio de los fertilizantes de los conflictos internacionales y la apreciación del tipo de cambio, entre muchos otros cambios coyunturales.
Y ese comportamiento también se refleja en el empleo. Según los datos más recientes de la Encuesta Continua de Empleo (ECE), Costa Rica contabilizaba 2,18 millones de personas ocupadas hasta mayo: unas 22.000 menos que en el mismo período del año pasado y unas 3.000 menos que antes de la pandemia.
Los puestos formales crecieron en varias decenas de miles, sin embargo, otras decenas de miles se perdieron en el campo informal durante la crisis sanitaria y nunca se recuperaron. Además, el envejecimiento aceleró la salida de personas de edad avanzada del mercado laboral, un fenómeno que hoy levanta incógnitas sobre la estabilidad del sistema de pensiones y del seguro de salud.
El motor más grande de la economía de Costa Rica continúa funcionando a media máquina.
El frente externo desacelera
El estancamiento de la economía local en tasas de crecimiento inferiores al 5% es un fenómeno ampliamente conocido y estudiado en los últimos años.
En cambio, la principal diferencia entre el panorama actual y el observado recientemente aparece al hablar del sector externo.
Las zonas francas han empujado el crecimiento económico del país por encima del promedio en los últimos años y, aunque mantienen un desempeño superior al resto de la economía, su ritmo de expansión se ha reducido de manera significativa en los últimos meses.
Según las mediciones del Banco Central, el crecimiento del régimen especial pasó de un 17,2% interanual en julio del año pasado a un 3,8% en mayo del 2026, su menor nivel desde la pandemia y menos de un punto porcentual por encima de la economía local.
Las exportaciones también continuaron creciendo, pero con algunas señales negativas.
Los bienes aumentaron un 6,4% hasta mayo y los servicios crecieron un 5% durante el primer semestre, según datos de la Promotora de Comercio Exterior (Procomer). Sin embargo, los datos tienen sus respectivos matices.
Si bien las exportaciones de bienes crecieron en términos generales, se registró una caída del 1% en el mercado norteamericano, que es el principal destino comercial del país. En eso incidieron el desempeño de algunos productos agrícolas y el de los equipos médicos, cuyas ventas al extranjero crecieron con una fuerza inusitada en el 2025.
En cuanto a las exportaciones de servicios, el crecimiento general estuvo muy influenciado por la cartera de turismo. Sin ese factor, el desempeño habría caído un 1% en comparación con el mismo punto del año pasado.
El BCCR estima que las exportaciones de servicios se contraerán un 1,3% este 2026 por el cierre de las plantas de manufactura de Intel y Qorvo, en 2025, cuyas actividades se reflejaban en las cuentas de manufactura avanzada. El mayor impacto, había dicho la entidad, se empezaría a observar a partir del segundo trimestre de este año.
La inversión extranjera directa (IED), por otra parte, alcanzó niveles récord durante el primer trimestre del año, pero eso responde en gran medida a un hecho excepcional: la venta de las operaciones de Fifco a Heineken. Sin esa operación, los flujos de inversión habrían sido similares a los registrados en los mismos períodos de 2022 o 2024.
El motor externo —aunque mucho más pequeño que el de la economía interna— sirvió para empujar las cifras generales de desempeño en Costa Rica de los últimos años, pero parece estar perdiendo tracción. En eso podría incidir factores como los conflictos internacionales en curso, las políticas proteccionistas de Donald Trump en Estados Unidos, la apreciación del colón que ha encarecido operar en Costa Rica y el mero hecho de que un crecimiento tan elevado como el observado en los años recientes es difícil de sostener en el largo plazo, según coinciden múltiples economistas.
Caída recaudatoria
Lo que pasa en el sector privado, a su vez, impacta a las finanzas del Estado.
La pérdida de ritmo económico es una de las causas del más reciente deterioro de las finanzas públicas, que hasta hace solo un par de años parecían en franca recuperación tras la pandemia.
La recaudación tributaria se contrajo un 4,4% hasta marzo de este año, producto de la menor actividad económica y otros factores como las recientes rebajas de impuestos al consumo, a la propiedad de vehículos y a la renta de trabajadores independientes, la apreciación del tipo de cambio y la baja inflación, que redujeron la base para el cobro de impuestos.
Según las propias estimaciones del Ministerio de Hacienda, si no se aprueban reformas, la deuda pública podría volver a acercarse al 70% del PIB a inicios de la próxima década y la recaudación tributaria podría reducirse de un 13% a un 10% o un 11% del PIB en el mediano plazo.
A todo ello se suman los riesgos crecientes sobre la sostenibilidad de la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS) que, según el FMI, podrían presionar aún más los gastos del Estado en el corto o mediano plazo. A Costa Rica ya le cuesta financiar necesidades básicas para cualquier economía, como la educación o la seguridad públicas, pero también podrían sumarse las atenciones más básicas de salud y de pensiones.
¿Y ahora qué?
La desaceleración de la economía doméstica, la pérdida de impulso en las zonas francas y el menor crecimiento de la recaudación están comenzando a modificar el debate económico en el país.
Durante buena parte de la última década, la prioridad consistió en estabilizar las finanzas públicas, recuperar la confianza de los mercados y contener el crecimiento de la deuda pública: objetivos que permitieron fortalecer la posición macroeconómica del país, según coinciden organismos internacionales y economistas.
No obstante, la discusión actual empieza a verse distinta y a situarse en cómo mantener la estabilidad y revitalizar la economía, como un punto clave para ello.
El FMI indicó en su último gran análisis sobre la situación de Costa Rica que el país conserva fundamentos macroeconómicos sólidos, un hecho que el Gobierno celebra. Sin embargo, también advirtió que una buena parte de su potencial de crecimiento continúa sin aprovecharse y que eso representa, al mismo tiempo, un desperdicio y una amenaza.
Para liberar ese crecimiento, el Fondo recomienda aumentar la participación laboral, cerrar brechas de infraestructura, eliminar obstáculos regulatorios, fortalecer la competitividad y enfrentar problemas como la inseguridad y el envejecimiento de la población. Mientras tanto, precisó, harían falta nuevas reformas fiscales para evitar presiones en el corto plazo.
La actual administración ya recoge ese consejo. El expresidente Rodrigo Chaves hasta hace pocos meses hablaba sobre una situación financiera excepcionalmente sólida, pero ahora, como nuevo ministro de Hacienda, menciona sin ambages que prepara un nuevo “plan fiscal” que incluiría modificaciones a exoneraciones tributarias.
Economistas como el exviceministro de Hacienda, Fernando Rodríguez, y el expresidente del Banco Central, Rodrigo Cubero, coinciden en que hacen falta reformas fiscales y un impulso más decidido de la producción local.
Rodríguez dijo en una reciente entrevista con EF que el Estado debe aspirar convertirse en un “dinamizador de la economía”, pero actualmente carece de recursos y desatiende campos clave, cuando aplica recortes de inversión con el fin de balancear las cuentas.
Según Cubero, el crecimiento en las zonas francas ha sido un logro de política pública, pero hay que encontrar soluciones para el resto de la economía y para incrementar su formalización. El régimen especial se rige por exoneraciones fiscales y el Estado necesita una producción más saludable a nivel interno para generar recursos y generar mejores condiciones para las empresas y los ciudadanos.
En ese sentido, ambos recuerdan que la reforma fiscal aprobada en 2018 se ideó para corregir el rumbo fiscal del país en el corto plazo y permitir a las siguientes administraciones idear soluciones económicas de largo plazo que hasta ahora no llegaron.
La principal pregunta de la economía costarricense era cómo estabilizarse y evitar una crisis de deuda del Estado hasta hace solo unos años. A mitad del 2026, la interrogante parece haber cambiado. Conservar el equilibrio fiscal sigue siendo clave, pero hay toda una economía más allá de los balances financieros del gobierno.
