Por: José David Guevara.   17 mayo
Un cuadrilátero en el que 276.279 desempleados se sienten cada día arrinconados contra las cuerdas de las presiones económicas.
Un cuadrilátero en el que 276.279 desempleados se sienten cada día arrinconados contra las cuerdas de las presiones económicas.

Me resulta imposible leer los Relatos del cuadrilátero, del escritor británico Arthur Conan Doyle, y no pensar en quienes enfrentan cada día una ruda y cruel pelea sobre la lona del desempleo en Costa Rica.

Lo digo en especial por el caso de Tom Winter, personaje del segundo de los cuentos, El señor de Falconbridge, quien enfrenta una difícil situación económica —no tiene dinero ni para pagar una comida— que lo obliga a aceptar ser uno de los boxeadores en una pelea privada de la que se le brinda muy poca información pero que le permitirá ganarse 50 libras si vence a su incógnito rival. “Esto es nuevo para mí y, como estoy en la miseria, no tengo derecho a elegir”, manifiesta con resignación.

Me pregunto cuántas de las 276.279 personas desempleadas en nuestro país al primer trimestre del 2019, 47.197 más que en igual período del año pasado, han enfrentado ya la triste condición de no disponer de recursos económicos para pagar un almuerzo, conocen la cara de la miseria y se sienten sin derecho a elegir.

Winter al menos era un boxeador profesional, conocía los secretos de ese deporte; todo lo contrario a Roberto Montgomery, un joven asistente de médico que necesitaba urgentemente 60 libras para pagar el último bloque de cursos para graduarse de doctor. Es por eso que accede a participar en una pelea a veinte asaltos contra un pugilista profesional: Silas Craggs, conocido como “el Patrón de Croxley”, tal y como se titula la primera historia de dicho libro. Todo por la posibilidad de embolsarse 100 libras con las cuales realizar sus sueños.

Me planteo interrogantes también en torno a los 59.976 hombres y mujeres (de los 276.279 mencionados) que se dieron por vencidos, arrojaron la toalla, decidieron quitarse los guantes de la esperanza de conseguir un trabajo que les permita ganarse el sustento con dignidad y honradez, y hacer realidad algunos de sus sueños.

La caída de lord Barrymore es el nombre del tercer relato, en el cual Vereker Tregellis necesita 1.000 libras para pagar deudas.

Me pregunto cuántos de los 1.001.784 de trabajadores informales, según datos de la Encuesta Continua de Empleo publicada por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (el 46,1% del total de ocupados en Costa Rica), están endeudados y carecen de los ingresos necesarios para honrar esos compromisos.

La cuarta historia escrita por el creador del célebre detective de ficción Sherlock Holmes, se llama El crimen del brigadier y tiene solo una alusión al cuadrilátero, la mención del “Pendenciero de Bristol". El personaje principal de este cuento dice: “Una cosa he aprendido con el tiempo y es que un lugar más seguro es cuánto más cerca está de la zona de peligro”.

Me permito poner en tela de duda esas palabras, en especial si las aplicamos al 41% de trabajadores informales que ganan menos de un salario mínimo. ¿Quién, en su sano juicio, va a sentirse seguro en esa zona de peligro para las finanzas personales?

El rey de los zorros, quinto relato, no dice absolutamente nada sobre boxeo; bueno, al menos yo no encuentro alguna referencia.

Me digo que eso es lo de menos. Lo verdaderamente preocupante es el hecho de que a tantas personas se les haga cada vez más difícil encontrar empleo. No podría ser de otra manera, ya que un 64% de los empresarios afirma que este no es un buen momento para hacer negocios debido a la desaceleración económica que enfrenta Costa Rica desde el año pasado.

En el sexto y último cuento, El matón de Brocas Court, un hombre se da cuenta de que peleó contra un fantasma.

Me repito una y otra vez que si bien es cierto que no resulta fácil crear nuevos puestos de trabajo en medio del complicado entorno económico, no entiendo por qué razón en nuestro país reaccionamos y actuamos con tanta lentitud en pro de generar mejores condiciones para las pequeñas, medianas y grandes empresas. ¿Será que pensamos que este problema es un fantasma y no algo real? ¿Por qué no dar ya pasos sustanciales en contra de los engorrosos trámites burocráticos para fundar una compañía, flexibilizar de manera razonable las jornadas laborales, apoyar a los emprendedores con créditos y no darle largas a la aprobación de los llamados eurobonos, pieza clave en el desafío de reactivar la economía?

“... atacó por sorpresa, flexionando las piernas y moviéndose muy rápido...”, dice en la primera de estas historias de Arthur Conan Doyle.

¿Qué estamos esperando en Costa Rica para actuar con ese tipo de agilidad? Es hora de movernos, dejar de estar contra las cuerdas y pasar de la defensiva a la ofensiva.