Hacer un robot no es fácil. No se trata solamente de piezas electrónicas y mecánicas que junto con una compleja programación ejecutan labores repetitivas.
Para que un robot llegue a ejecutar una tarea de manera exitosa es posible que tome desde días hasta años; todo depende de la complejidad y hasta el lugar donde realizará la labor.
El Financiero estuvo en el Centro de Innovación de Inteligencia Artificial Robótica Corpórea de Suzhou (Suzhou Embodied Artificial Intelligence Robotics Innovation Center), al sureste de China, una ciudad cercana a la gran urbe de Shanghái. En este lugar desarrollan diversos tipos de robots, pero también es una plataforma a cargo del gobierno municipal para reunir este tipo de industrias. La Empresa de Desarrollo Tecnológico de Robots Inteligentes de Suzhou se encarga de su operación y cooperación externa.
En este lugar se llevan a cabo entrenamientos, servicios, incubación, fabricación y desarrollo de talento.

Dentro de sus instalaciones es posible observar las diferentes iniciativas que se están desarrollando, como brazos y manos robóticas que se pueden emplear en labores domésticas o industriales, máquinas humanoides que bailan o hacen movimientos de kung fu y algunos dispositivos de compañía y asistencia personal.
Otra de las características, que no sorprende, es que el personal es bastante joven, usualmente personas que están recién terminando sus estudios universitarios o tienen menos de 30.
Enseñar lenguaje y visión espacial a la máquina
Precisamente, las demostraciones de los robots en acción pueden sugerir que esta inteligencia artificial ha alcanzado un nivel de independencia casi mágico. Sin embargo, el vistazo al interior del Centro revela un panorama mucho más terrenal y exigente: aunque la robótica avanza a grandes pasos, el desarrollo de un equipo eficiente para una tarea específica requiere un volumen de trabajo, tiempo y recursos considerables.
Aunque los humanos actúan inicialmente como jefes o amos para guiar a los robots, el verdadero desafío radica en la acumulación de datos para el reconocimiento visual. Para que un robot aprenda a identificar un obstáculo o a una persona, necesita practicar y asimilar datos entre 100 y 1.000 veces por cada categoría individual de objetos, explicó el investigador del Centro, Luo Dawei.
El tiempo necesario para tener un robot listo depende directamente de la tarea que se le asigne. En condiciones simples, el entrenamiento es relativamente rápido, pero para tareas complejas o entornos no estructurados, el proceso puede requerir años de formación a cargo de profesionales, lo que conlleva costos elevados.

Uno de los mayores retos técnicos en la actualidad no es la mecánica de los robots, sino su capacidad de interactuar con el entorno. Los desarrolladores destacan que la comunicación lingüística con los humanos y el procesamiento de la visión espacial son los elementos más complejos de programar. “Se tiene que enseñar al robot a saber qué hay en el exterior, como si fuera un niño de cero a seis años”, explica el experto, y destaca que mientras más aprende el sistema de su entorno (ya sea a través de la visión o el tacto), más inteligente se vuelve.
A pesar de lo arduo del proceso, el esfuerzo tiene un rendimiento a largo plazo: toda la información y experiencia que el robot adquiere durante su entrenamiento se almacena de forma permanente en su memoria y puede ser copiada o transferida en el futuro a otras unidades, asegurando que el progreso nunca se pierda. Por este motivo, cada vez que una persona opere mediante comandos una labor para que sea replicada por una mano robótica se aplica el “aprendizaje de la máquina”.
Perros guía robóticos: El camino hacia la accesibilidad comercial global
Un ejemplo claro del proceso es un perro guía robótico, cuya función principal es dirigir de manera segura a personas con discapacidad visual. Actualmente, este modelo puede operar eficazmente en entornos sencillos y controlados, como el interior de una escuela o un hospital. No obstante, adaptarlo para que navegue en calles concurridas de otros países o en terrenos irregulares como montañas exigirá un incremento drástico en su entrenamiento para mejorar tanto su visión como su capacidad de procesamiento.
A nivel comercial, el costo actual de este perro guía ronda los $4.000. Sin embargo, el equipo de Suzhou mantiene una perspectiva optimista sobre la accesibilidad de la tecnología, estimando que en los próximos dos o tres años los precios disminuirán significativamente a medida que la tecnología se vuelva más eficiente.
Para Dawei y el también investigador Jia Yunji, uno de los factores más complejos de este tipo de robots es el lenguaje para la comunicación con los humanos, lo cual constituye un reto para estos profesionales. Otra de las partes más complejas es la visión, pues a un robot se le debe enseñar a distinguir cada una de las cosas que componen su entorno; es decir, debe ser capaz de dilucidar con velocidad qué es un obstáculo o una persona.

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El Financiero está en China por cortesía del Gobierno de la República Popular China.