El empresario, que apenas terminó la secundaria, creó un asistente de inteligencia artificial (IA) para conectarlo al calendario, hoja de cálculo y correo electrónico para gestionar sus actividades, crear presupuestos, monitorear el avance de los trabajos y organizar los contratos de negocios.
Una profesora universitaria de finanzas generó en dos horas un simulador de operaciones bursátiles para sus estudiantes. Hace seis años se lo pidió a su esposo, un ingeniero de software, a quien le pareció una tarea muy abrumadora.
Un fiscal adjunto desarrolló una aplicación móvil para enviar mensajes de texto masivos a contactos y así acelerar la asistencia en casos de emergencias.
Un padre, director de un centro educativo, diseñó un programa para identificar la ropa que le pertenecía a cada uno de sus cuatro hijos menores de nueve años de edad. Tomó fotos de la ropa, le enseñó a la herramienta qué prenda pertenecía a cada uno y ahora simplemente sostiene la ropa frente a la cámara de su portátil.
Y dos periodistas escribieron ideas de juegos infantiles, apps de gastos, herramientas de búsqueda por columnas. Luego esperaron a que fueran generadas y promocionadas por medio de mensajes de texto. “Ni siquiera necesitas saber programar”, dijeron.
Todos viven en Estados Unidos y utilizaron la plataforma de IA llamada Claude CoWork, según las reseñas de The New York Times y The Wall Street Journal. La herramienta fue lanzada hace dos semanas, basada en la plataforma Claude Code de la firma estadounidense Anthropic.
El lanzamiento de Claude CoWork replanteó la pregunta sobre el futuro de los informáticos.
“No creo que haya ninguna conciencia de lo que se avecina ni de su magnitud”, dijo Dario Amodei, CEO de Anthropic, al Journal en una entrevista realizada en Davos, durante el Foro Económico Mundial.
Entre los informáticos abundan los escépticos. También quienes, como el fundador de Amantus Machina, Peter Steinberger, señalaron en la red social X (antes Twitter) que ya ni siquiera lee códigos de programación.

Variedad
Claude Code fue lanzada por Anthropic en mayo de 2025, pero fue recientemente que generó interés.
Durante diciembre anterior y este enero de 2026, ocupó el 75% de las conversaciones tecnológicas en X, por encima de OpenAI Codex (22%) y Gemini CLI (3%), enfocadas en el respaldo a escala industrial y la integración de terminal de código abierto de alta velocidad respectivamente.
“El debate se centró en la autonomía y orquestación de los agentes de IA, ya que los usuarios priorizan herramientas que ejecutan de forma independiente flujos de trabajo complejos”, detalló Shreyasee Majumder, analista de la firma Global Data.
Los informáticos califican a Claude CoWork como una herramienta de productividad donde cualquier persona puede generar aplicaciones para delegar tareas a sus computadores, como un asistente de trabajo digital, tales como organizar archivos, generar informes, crear hojas de cálculo, resumir notas o capturar información de la web, combinando múltiples fuentes y formatos
Y por su interfaz tipo chat (a diferencia de una plataforma de programación tradicional), la herramienta genera código para desarrollar las soluciones. Además, antes de iniciar su trabajo, elabora un plan detallado que incluye la verificación y las pruebas.
No creo que haya ninguna conciencia de lo que se avecina ni de su magnitud
— Dario Amodei, CEO de Anthropic
No es la única herramienta de IA que sirve para programación. La lista incluye Base44, Cursor, GitHub Copilot, Windsurf, Antigravity, Lovable y Dreamflow, entre otras. No son pocas. Por eso, persiste la idea de que podrían desplazar a los informáticos y hasta acabar con las empresas de software.
“El paso final de la IA (o la estocada final) es que ahora no solo asiste a programadores, sino que puede completar casi en un 100% sus tareas”, afirmó Tomás de Camino, director de la escuela de sistemas inteligentes de la Universidad Cenfotec.
Un antes y un después
La automatización del desarrollo de software dio un salto con la IA, después de intentos de la industria para avanzar en esa ruta con diferentes fórmulas (autocompletado, sugerencias de líneas de código o librerías completas de funciones y tareas ya construidas).
El éxito de la IA se debe a la disponibilidad de una vasta cantidad de código para un número inmenso de aplicaciones y a la integración de funciones conocidas para desarrollar una solución. Esto permite entrenar a las plataformas con una imagen casi completa y que realicen con rapidez tareas tediosas.
“Si comparamos la forma de hacer código del 2020 con la actualidad, es una historia completamente diferente”, explicó Ariel Ramos, docente de ingeniería en seguridad informática de la Universidad Fidélitas y director general Codingraph, una desarrolladora de aplicaciones.
Tan solo un año después del lanzamiento de ChatGPT en 2022, la IA se convirtió en parte del flujo de trabajo estándar en desarrollo de software. La mayoría de los desarrolladores, con poca o mucha experiencia, la usan desde las etapas iniciales (como crear prototipos) a las finales (fase de pruebas y la detección de vulnerabilidades).
Dentro de la industria, los más escépticos señalan que la tecnología tiene una “deuda técnica” (riesgos de seguridad, lentitud en la adopción y dificultades para sustituir los sistemas corporativos) y que el enfoque de Claude CoWork está en crear soluciones de productividad. Aun así, se reconoce que reduce los costos y los tiempos de producción.
Los informáticos podrían tener espacio para resolver la “deuda creativa” e innovar. “El tiempo ‘ahorrado’ puede utilizarse para explorar otras ideas”, dijo De Camino.
Ramos cuenta que hace un tiempo desarrolló una aplicación para un cliente en Costa Rica. Tardó seis meses. Ahora la replicó usando Claude: lo hizo en 12 días, con similares resultados en interfaz y funciones. Sin embargo, detectó fallas “graves” de seguridad, pues una persona sin permisos autorizados podía acceder directamente con solo la dirección web y pese a que la app tenía roles diferenciados de administración y uso.
“Este tipo de vulnerabilidades no siempre resulta evidente y, por lo general, requiere experiencia especializada”, dijo Ramos.
En la utilización de las herramientas de IA también habría que incorporar estándares de seguridad y calidad reconocidos, además de ser capaz de soportar al menos 2.000 usuarios recurrentes (al mismo tiempo). Todo esto requeriría trabajo adicional en arquitectura, servidores y optimización de recursos.

Desde ese punto de vista, el verdadero desafío radica en determinar si una solución es lo suficientemente robusta, segura y confiable como para ser utilizada en entornos reales y puesta a disposición de los clientes.
Así, las herramientas de IA deberían complementarse con conocimiento para generar buenos prompts (instrucciones) y validar los resultados. Pero esto es válido en todas las áreas donde se utilice la IA. Y eso no reduce su potencial.
Algunos líderes de la industria tecnológica señalan que la IA podría volver innecesarios a los informáticos.
Elon Musk, fundador de Tesla y SpaceX, señaló en su red social X y en diversas entrevistas públicas que programación está entre las disciplinas que serían reemplazadas.
Jen-Hsun Huang, CEO de Nvidia, afirmó que ya no es esencial que las nuevas generaciones aprendan programación. “Hoy, nuestra tarea es desarrollar la tecnología de tal manera que la programación no sea una necesidad. Ahora, cualquier persona en el mundo puede programar. Por primera vez, hemos eliminado las barreras tecnológicas”.
En España, Pedro Marchal, arquitecto de soluciones de inteligencia artificial y divulgador tecnológico, señaló que la IA avanza tanto que la formación tradicional ya no servirá. A su juicio, los modelos actuales de IA programan cada vez mejor y los desarrolladores que trabajan asistidos por esta tecnología resultan “extremadamente más productivos”.
Bill Gates, por su parte, sostiene que la programación sigue siendo fundamental. El fundador de Microsoft señala que, si bien la IA ya puede escribir código, aún necesita supervisión humana para corregir sesgos, integrar valores éticos y diseñar sistemas adaptados a contextos específicos. Así, el papel del programador da un giro hacia una función estratégica de creación junto con los sistemas inteligentes.
Peter Steinberger, de la firma austriaca Amantus Machina, cuenta que días atrás los informáticos planteaban que usar IA creaba una desconexión y que el desarrollo de software requería un análisis profundo. Plataformas como OpenAI Codex y Claude Code cambiaron el esquema.
“La mayoría del software no requiere análisis profundo”, dijo Steinberger. “Veo las transmisiones y a veces reviso partes clave. No leo la mayor parte del código. Sé dónde están los componentes, cómo se estructuran y cómo está diseñado el sistema general. Eso suele ser todo lo que necesito. Ahora puedo lanzar código a una velocidad increíble”.
Y no solo sirve en la industria. Aunque un informático no desarrolle alguna app para una necesidad cotidiana (porque no la tiene identificada, considera que implica un trabajo abrumador o es poco rentable), con herramientas como Claude CoWork cualquier persona es capaz de generar una solución sencilla (por ahora).
No importa si es un empresario, un abogado, un director de escuela, dos periodistas o una docente de finanzas.
