Virginia Cozzi, gerente regional de operaciones clínicas de Roche, y su equipo se dedican al desarrollo de fármacos que se enfocan en los principales padecimientos que se sufren en la actualidad. Desde Costa Rica su papel es clave para los nuevos medicamentos de la firma para el cáncer de mama y de pulmón, hemofilia, esclerosis múltiple y trastornos renales.
La pasión de Cozzi por la investigación clínica viene de los primeros tiempos de Internet y de cuando todo era muy diferente a la actual era de la inteligencia artificial (IA).
“Desde el año 2000 hacemos investigación biomédica en Costa Rica y en Centroamérica. Hemos sido consistentes en la entrega de resultados, con fármacos disponibles para quienes lo necesitan, y en la innovación“, destacó Cozzi.
Ella es argentina. Su familia se trasladó a Costa Rica cuando tenía 16 años de edad. Su padre, Virgilio, empezó a trabajar en el Centro Agronómico Tropical de Investigación y Enseñanza (Catie), en Turrialba.
Virginia estudió microbiología en la Universidad de Costa Rica (UCR). Su idea inicial era ser genetista. Ingresó a la Universidad Nacional Autónoma de Misiones, en Brasil, pero a los dos meses se desencantó. Regresó al país y aprobó el examen de admisión de la UCR.
En el camino se enganchó de la inmunología médica, especialidad que se centra en el estudio, diagnóstico y tratamiento de las enfermedades relacionadas con el sistema inmunitario y los órganos, tejidos y células que modulan la respuesta del organismo ante la presencia de agentes patógenos externos.

Luego empezó a trabajar en investigación clínica en Argentina. En el año 2000 regresó a Costa Rica. Antes de Roche, donde ingresó en agosto de 2013, estuvo en otras firmas farmacéuticas, siempre en investigación.
Su formación la complementó con un postgrado en bioética, clave para su campo. “En Costa Rica y en el área centroamericana se pueden hacer muchísimas cosas en el sector salud”, dijo Cozzi.
En Roche trabaja con equipos que asisten a centros de salud y hospitales públicos y privados en el cumplimiento de los protocolos de investigación para verificar resultados y obtener retroalimentación de los nuevos procedimientos y fármacos.
Asimismo, trabajan en la gestión de la calidad de los estudios, enfocada en la seguridad de los productos farmacéuticos. Eso implica la verificación del cumplimiento de los estándares de la firma y las regulaciones estatales a nivel local y global en investigación y desarrollo.
La misión es facilitar que los resultados de la investigación clínica lleguen a los pacientes, siguiendo los protocolos y aprovechando al máximo los recursos para alcanzar a más población.
El foco principal son las enfermedades crónicas no transmisibles, que son responsables del 80% de los fallecimientos y tienen un fuerte impacto en las finanzas del sistema de seguridad social. En el mapa se encuentran las áreas terapéuticas para el tratamiento del cáncer, en particular del pulmón y de mama.
El portafolio se está diversificando con soluciones para esclerosis múltiple, la nefritis lúpica (una inflamación de los riñones causada por el lupus eritematoso sistémico y que afecta gravemente la función renal), enfermedades cardiometabólicas (que afectan el sistema cardiovascular y el metabolismo energético) y la enfermedad de Crohn (inflamación crónica del tracto digestivo).
También se trabaja en oftalmología y en infectología, donde se desarrolla un antibiótico con un nuevo mecanismo de acción contra un microorganismo llamado Acinetobacter baumannii, una bacteria patógena que provoca neumonías muy resistentes.

Cómo se realiza la investigación clínica aquí
La mayoría de las moléculas que luego se desarrollan como medicinas y de los procedimientos farmacéuticos se originan en proyectos que empiezan en los laboratorios de Estados Unidos o Europa a nivel de investigación básica o preclínica. Ahí mismo se realizan diferentes tipos de prueba con animales o cultivos celulares.
Una vez que se obtiene suficiente evidencia y seguridad sobre la tolerancia humana al medicamento en desarrollo, se pasa a la investigación aplicada.
En esta nueva etapa se realizan estudios conocidos como The First Time In Humans, donde se establecen condiciones estrictamente controladas, con pacientes sanos (excepto en oncología, donde ya tienen la enfermedad) ingresados en hospitales para atención y monitoreo.
Estos estudios corresponden a la Fase 1 de la investigación clínica y se realiza todavía en EE. UU. y Europa.
Luego vienen otras fases, donde ya intervienen los equipos locales de Roche, siguiendo la metodología de la investigación aplicada, y en las cuales se comprueba la eficacia y la seguridad de la molécula.
Las fases 2 y 3 se realizan con un grupo reducido de pacientes en conjunto con las unidades, centros o institutos de investigación de clínicas, hospitales y universidades públicas y privadas locales y de la región, desde Panamá, El Salvador y Guatemala hasta República Dominicana.
El equipo de investigación clínica de Roche en Costa Rica monitorea y supervisa el cumplimiento de las regulaciones y los protocolos, que incluyen las condiciones que deben cumplir los pacientes participantes.
Cada uno entra en un proceso de pruebas diagnósticas (lo que se conoce como screening) para ser elegible según los criterios de exclusión y de inclusión.
Cozzi indicó que por cada molécula se pueden realizar hasta 15 estudios, con diferentes objetivos y modelos de investigación, a lo largo de esas fases.
Finalmente, tras nuevas comprobaciones que son documentadas, se llega a la Fase 4 de comercialización.
Si bien es un trabajo con muchas personas de diferentes países, el equipo de Costa Rica se siente orgulloso de su aporte en cinco productos estratégicos.
El equipo de costarricenses tuvo una gran contribución en el desarrollo del “arsenal” terapéutico para el cáncer de mama y de pulmón.
También en el desarrollo de la molécula del emicizumab, cuyo producto se conoce como Hemlibra, para el manejo de la hemofilia.
Esta enfermedad se manifiesta desde edades tempranas y, con el medicamento desarrollado, las personas pueden desarrollar “vidas normales”.
“Modifica el curso de la enfermedad de estos pacientes. Es un estudio muy significativo, porque se trata de pacientes pediátricos. Es muy gratificante verlos crecer”, dijo Cozzi.
Otras dos contribuciones destacadas del equipo de investigadores de Roche Costa Rica consisten en el desarrollo de la molécula del ocrelizumab para el tratamiento de la esclerosis múltiple, al impedir la progresión de la enfermedad, y del gazyva, una terapia para detener la nefritis lúpica (la inflamación de los riñones).
Además del Centro de Distribución (CEDI), en el que Roche invirtió $5 millones y ubicado en El Coyol, Alajuela, la firma cuenta con un edificio en La Sabana inaugurado en 2024 tras una inversión superior a los $100 millones.
En los últimos dos años su planilla alcanzó las 1.500 personas, incluyendo el área comercial y de servicios corporativos, cuyas tareas incluyen el registro de los medicamentos que se comercializan en la región, lo que facilita su acceso a los pacientes.
A nivel global, la firma cuenta con 112.000 colaboradores y tiene presencia regional desde hace 60 años. En Costa Rica opera desde 1973.


Así cambió la investigación clínica
La primera investigación aplicada en la que participó Virginia Cozzi hace tres décadas fue en una vacuna para neumococo que se probó en Chile.
Ella viajaba a cada centro de investigación al otro lado de la cordillera de los Andes para revisar —de modo presencial— los expedientes y los registros manuales.
La información se enviaba a una sede de investigación en Europa de la compañía para la que trabajaba mediante correo tradicional.
Un mes más tarde, allá se registraban los datos en un sistema. Luego, mediante un correo electrónico, pedían revisar de nuevo los datos si descubrían un error o una inconsistencia.
Corregirlo implicaba volver al centro de investigación y, por lo tanto, tomar otro vuelo de Buenos Aires a Santiago de Chile.
Más tarde se empezó a enviar los datos mediante fax (en algunas ocasiones los reportes llegaban a las 2.000 páginas) y luego a través de los sistemas electrónicos (una persona digitaba los datos en el centro de investigación local).
Pero saber si un fármaco tenía posibilidades de funcionar suponía esperar hasta el final del estudio. Un nuevo medicamento podría implicar muchos estudios y hasta 16 años. De 10.000 moléculas que se analizaban, apenas una llegaba al mercado.
Los avances tecnológicos, en especial con el manejo de grandes volúmenes de datos (big data), la analítica y la estadística predictiva transformaron esos procesos y tiempos.
En la actualidad, con la estadística predictiva se visualiza en tiempo real si un medicamento funcionará o si se requerirá aumentar la muestra. No es el único cambio.
Mediante la conceptualización de los medicamentos con IA, el prototipado con computadora y la integración de conocimiento existente, se identifican posibilidades bioquímicas, se reduce el fracaso terapéutico, se obtienen nuevos productos y también se descubren usos adicionales a los existentes.
También cambió la forma de elegir los pacientes: el mecanismo aleatorio se sustituyó con un sistema que brinda el resultado en dos segundos.
Otra transformación es en el seguimiento a los pacientes. Anteriormente cada persona tenía que asistir al centro de investigación. Ahora se usan aplicaciones móviles y dispositivos electrónicos de vestir (wearables), como pulseras y relojes inteligentes.
Así se obtienen y se registran datos en las plataformas, tanto de la rutina diaria como de los ejercicios recomendados.
Los cambios son más amplios. Se realizan estudios virtuales y se utilizan gemelos digitales, una representación que refleja con precisión en tiempo real su contraparte y permite predecir cómo responderá un paciente ante un fármaco.
La posibilidad de incorporar la información de forma inmediata a los estudios clínicos es clave, tomando en cuenta que los datos se duplican cada 73 días.
La incorporación de la IA también se realiza en las diferentes fases de la investigación. Por ejemplo, en la investigación preclínica a cargo de los laboratorios de EE. UU. y Europa se utiliza la IA para el diseño de la molécula inicial y evaluar sus probabilidades de éxito.
Luego, en la investigación clínica se emplea la IA para la lectura de imágenes clínicas y para eliminar incertidumbres. “Son mejores que el ojo humano. No se necesita tener siete radiólogos”, dijo Cozzi. De esa forma, se reducen los tiempos.
A nivel global, la IA también permite identificar ataques cardíacos con una precisión del 99,6%, según la Universidad de Edimburgo. Tiene más usos: puede contribuir en la fecundación in vitro y en la identificación de personas con problemas cardíacos, de acuerdo con estudios publicados en las revistas Nature y Scientific American.
En Costa Rica, la Clínica Clorito Picado también utiliza la IA para identificar, de modo preventivo, personas con posibilidades de desarrollar diabetes y la firma AinnovaTech desarrolló una solución que utiliza IA para detección de riesgo cardiovascular.
Las diferentes tecnologías y recursos avanzados están presentes en Roche para el desarrollo tanto de las soluciones de diagnóstico como de las soluciones terapéuticas. Así se identifica la situación del paciente y se ofrece la solución apoyándose en los sistemas más avanzados.
En todo este proceso, las tecnologías usuales de IA —ChatGPT, Copilot o Gemini— se pueden utilizar como apoyo para escritura de algunos protocolos, por el momento.
“Procuramos incorporar tecnologías muy especializadas, algoritmos propios, que son muy probados. Tenemos un sistema redundante para verificar la información que arroja la IA. No usamos desarrollos experimentales”, recalcó Cozzi.
