La creciente demanda de sistemas basados en inteligencia artificial (IA) impulsa la inversión global en nuevos centros de datos y abre oportunidades para atraer inversión extranjera directa (IED). Costa Rica podría aprovechar esa expansión, pero antes debe resolver retos en energía, transmisión eléctrica, conectividad, regulación, talento y sostenibilidad ambiental.
La atracción de este tipo de operaciones cobra relevancia en un contexto de menor dinamismo de la IED mundial en varias industrias, marcado por incertidumbre geopolítica y comercial, incluidas las nuevas tensiones arancelarias de Estados Unidos.
Asimismo, sería estratégica para el país ante un panorama donde el sector de servicios en régimen especial de zona franca cede, abriendo las posibilidades para nuevos ciclos de instalación de empresas, esta vez en industrias tecnológicas que marcarán la pauta en las próximas décadas.
Sin embargo, la expansión también enfrenta resistencia por sus impactos sobre las comunidades. Los centros de datos pueden generar actividad económica, principalmente durante la construcción, pero emplean relativamente pocas personas en su operación. Para Costa Rica, la pregunta no es solo cómo atraerlos, sino qué beneficios dejarían y quién asumiría los costos de la infraestructura necesaria.
Hace pocas semanas, una publicación de la Municipalidad de Limón en redes sociales, en la que anunció la posibilidad de una inversión en infraestructura para IA en la provincia, avivó el debate sobre la capacidad de Costa Rica para atraer centros de datos de gran escala. El mensaje también generó dudas sobre la viabilidad del proyecto, su consumo de energía y agua, los eventuales beneficios para la economía local y las condiciones regulatorias y ambientales que tendría que cumplir.

Inversión que crece
La capacidad mundial de los centros de datos podría casi duplicarse hasta alcanzar 200 gigavatios (GW) en 2030, según JLL. La consultora proyecta inversiones de hasta $3 billones entre 2026 y 2030 y estima que las cargas de inteligencia artificial representarían la mitad de esa capacidad al final del período, frente a aproximadamente una cuarta parte en 2025.
Costa Rica participa desde una escala pequeña. La firma especializada DC Byte estima que el mercado nacional ronda los 20 megavatios (MW) de capacidad informática, incluida capacidad en etapas tempranas de desarrollo, y concentra su actividad en la Gran Área Metropolitana. En un análisis de septiembre de 2026, identifica potencial de expansión, pero prevé un crecimiento gradual, condicionado por la infraestructura eléctrica y la necesidad de asegurar grandes clientes para nuevos proyectos.
Por su parte, la Estrategia Nacional de Inteligencia Artificial de Costa Rica (2024-2027) reconoce esta infraestructura como un pilar ineludible para el país. El documento oficial cataloga la promoción de “centros de datos eficientes” y “acelerados” como mecanismos tecnológicos habilitantes, los cuales son indispensables para soportar las crecientes demandas de procesamiento y el almacenamiento masivo de información.
Además, como respuesta directa a los retos ecológicos que supone el alto consumo eléctrico de estas operaciones, la estrategia gubernamental ordena, a través de su primer eje de acción, la creación de normas técnicas específicas que deberán exigir criterios obligatorios de sostenibilidad, eficiencia energética, resiliencia y un menor impacto ambiental para toda infraestructura de este tipo.
Representantes de la industria, por su parte, ven la oportunidad de generar con estos centros de datos un impacto similar al de la llegada de Intel en 1996, que colocó al país en el mapa de multinacionales que buscaban un destino para ampliar operaciones.
“Costa Rica ya tiene una experiencia histórica que puede servirnos como referencia, con la llegada de Intel”, dijo Adolfo Cruz, presidente de la Cámara de Tecnologías de Información y Comunicación (Camtic). “Si el país quiere entrar seriamente en la carrera por atraer centros de datos e infraestructura de IA, debemos hacerlo con una visión estratégica y sistémica”.
Pero, para Cruz no se trata simplemente de ofrecer electricidad, aprobar permisos y esperar inversión. “Tenemos que preguntarnos qué valor queremos que dejen en el país”, advirtió.
“Costa Rica ya cuenta con varios factores que sostienen una base sólida para esta industria: proveedores certificados internacionalmente, buena conectividad submarina y un punto de intercambio de tráfico nacional robusto”, añadió Ana María Romero, gerente de asesoría de inversión de Cinde.
Los estudios de la Promotora de Comercio Exterior (Procomer) muestran que, pese al menor dinamismo de la IED global, el sector de comunicaciones concentra cerca de una cuarta parte de esos flujos. Este segmento incluye infraestructura crítica, como los centros de datos, y ha sido impulsado por la inteligencia artificial y la digitalización.

Pros y contras
La situación del centro de datos Quantum AI Free Zone Campus en Limón, cuyo avance enfrenta obstáculos ambientales y regulatorios que han puesto en duda su viabilidad, planteó varios desafíos ambientales: demanda de energía y agua, sistemas de enfriamiento ante las altas temperaturas y la humedad del Caribe e impacto en los sistemas ecológicos, además de interrogantes sobre el empleo permanente y los beneficios que quedarían en la provincia.
También dejó abierta la pregunta sobre si el país cuenta con las condiciones para aprovechar el auge de los centros de datos para IA, que requieren una mayor densidad de potencia por rack, lo que eleva las exigencias de suministro eléctrico y refrigeración.
Los centros de datos para IA requieren grandes volúmenes de electricidad, confiable y competitiva, además de conectividad a Internet de alta capacidad, infraestructura de enfriamiento compleja, redes de transmisión suficientes, talento especializado, regulación clara y proveedores técnicos especializados.
La construcción de data centers de IA, además, está generando conflictos. En Estados Unidos, el 18 de julio de 2026 se realizaron 142 protestas en 42 estados contra la expansión de centros de datos. Los organizadores reclamaron protección de los recursos naturales, transparencia en la aprobación de proyectos y beneficios verificables para las comunidades.
La resistencia también aparece en encuestas. Gallup encontró que 71% de los adultos estadounidenses se oponía a construir un centro de datos de IA en su zona.
Algunas preocupaciones tienen respaldo en evaluaciones públicas. La Comisión Conjunta de Auditoría y Revisión Legislativa de Virginia (JLARC) documentó en 2024 que el ruido continuo de baja frecuencia de ciertas instalaciones afectaba el bienestar reportado por vecinos, aunque rara vez infringía las ordenanzas y la mayoría de los centros no generaba quejas. También proyectó que la expansión de la demanda eléctrica elevaría costos para otros usuarios por las nuevas obras de generación y transmisión y la presión sobre los precios de la energía.
En el otro lado del Atlántico, la Unión Europea ya exige reportes anuales de energía, agua y eficiencia a los centros con una potencia instalada de equipos informáticos de al menos 500 kilovatios.

Uno de los puntos de crítica principal es que los centros de datos pueden generar bastante empleo durante la construcción, pero relativamente pocos puestos permanentes. Una evaluación pública también de Virginia señaló que un edificio típico podía requerir unos 1.500 trabajadores en el pico de la obra pero solo 50 durante la operación.
No obstante, los data centers sí pueden crear encadenamientos en construcción, ingeniería y mantenimiento. Un informe de KPMG para el Gobierno de Irlanda estimó que empresas irlandesas exportaron unos €2.100 millones en servicios de construcción tecnológica relacionados con centros de datos en Europa en 2024. Esos beneficios dependen de las capacidades de los proveedores locales: instalar un centro no garantiza, por sí solo, transferencia tecnológica ni un ecosistema de innovación.
Cruz considera que en ese encadenamiento está la clave para que la atracción de data center se considere un éxito.
“El objetivo no debería ser simplemente atraer un centro de datos de IA”, dijo Cruz, de Camtic. “Debería ser utilizar esa inversión como una plataforma para atraer y desarrollar una nueva capa de economía digital de alto valor agregado”.
Avances y pendientes
Si a Costa Rica le interesa constituirse en un destino de IED relacionada con centros de datos, el país ya tendría avances.
“En materia ambiental ya existen regulaciones de ruido, agua y evaluación ambiental”, dijo Cruz, de Camtic. “Lo que necesitamos es especializar los criterios técnicos para instalaciones que pueden consumir decenas o cientos de megavatios, con métricas claras sobre energía, agua, ruido y eficiencia”.
Los principales retos se encuentran en el campo energético: capacidad disponible para brindar mayor potencia en generación y transmisión, precio del kilovatio-hora y costo total, y calidad (limpia, predecible y entregable a escala). Se suman desafíos en mejoras en el tiempo de conexión, conectividad internacional redundante y talento especializado.
“El principal reto gira alrededor del costo al que esa energía puede ofrecerse a un consumidor industrial de gran tamaño”, resaltó Romero, de Cinde.
Pero el mismo Instituto Costarricense de Electricidad (ICE) advirtió el pasado viernes 2 de octubre que el Sistema Eléctrico Nacional (SEN) requiere aumentar su capacidad para atender las necesidades de una economía en expansión, lo que implica recursos de gran volumen que no puede enfrentar solo, pese a una “cartera sólida de proyectos de generación, transmisión y distribución” y debido a la paralización de las inversiones.
“Costa Rica posee 3.624 megavatios de capacidad instalada”, detalló el ICE en su comunicado. “Sin embargo, los estudios de prospectiva hacia 2050 apuntan que se deben superar los 8.000 megavatios para atender los requerimientos nacionales. Esto conlleva incorporar más de 4.500 megavatios en cerca de dos décadas; es decir, mucho más del doble de la capacidad actual”. Como referencia, solo el data center anunciado para Limón consumiría unos 200 megavatios.
Costa Rica ya cuenta con varios factores que sostienen una base sólida para esta industria.
— Ana María Romero, gerente de asesoría de inversión de Cinde
Costa Rica posee condiciones favorables para atraer IED en tecnologías en la nube, pero debe fortalecer la capacitación digital, la colaboración público privada y la innovación y así poder consolidar a este país como un HUB tecnológico y potenciar su competitividad en la región
— Estudio publicado por Ulacit
En materia ambiental, Costa Rica cuenta con la fortaleza de una matriz eléctrica mayoritariamente renovable. Sin embargo, faltan reglas y lineamientos técnicos específicos sobre el uso de agua para enfriamiento, así como incentivos o exigencias para adoptar tecnologías que reduzcan ese consumo.
Como referencia, el proyecto anunciado para Limón requeriría alrededor de 350 litros de agua por segundo para enfriamiento, según la información disponible sobre la iniciativa.
También se requieren reglas más claras y trámites más ágiles, sin debilitar la evaluación ambiental ni la participación de las comunidades.
Otro punto por definir es si Costa Rica buscará atraer infraestructura para entrenar modelos de IA o para inferencia, es decir, utilizar modelos ya entrenados. JLL proyecta que las cargas de inferencia podrían superar a las de entrenamiento como principal requerimiento de infraestructura de IA en 2027. Sin embargo, eso no garantiza un menor consumo eléctrico: este dependerá de los modelos, los equipos y el volumen de tareas que procese cada instalación.
Un estudio publicado por Universidad Latinoamericana de Ciencia y Tecnología (Ulacit) sobre las condiciones necesarias para atraer data centers convencionales ya apuntaba a varios factores a mejorar.
“Costa Rica posee condiciones favorables para atraer IED en tecnologías en la nube, pero debe fortalecer la capacitación digital, la colaboración público privada y la innovación y así poder consolidar a este país como un hub tecnológico y potenciar su competitividad en la región”, señalan sus autores: Esteban Hernández Chaves, Oscar Vallejo, Maridyn McDonald Carnegie y Roberto Zúñiga.
Los investigadores señalaron que el país ofrece oportunidades de IED para ese tipo de centros de datos debido a diversas condiciones favorables, como infraestructura energética renovable, estabilidad política, calidad institucional y ubicación estratégica.
Al mismo tiempo, advirtieron que hay riesgos estructurales que condicionan el despliegue: saturación de la infraestructura eléctrica, competencia por el uso del suelo, exposición a situaciones climáticas, tiempos de conexión a la red, restricciones en la capacidad de transmisión e incertidumbre regulatoria.
El estudio apuntó, asimismo, a fortalecer la planificación territorial, formar talento especializado, impulsar zonas económicas especiales enfocadas en TI (con incentivos para instalación de infraestructura y de proveedores) y contar con políticas de gestión de riesgos y marcos ambientales robustos, altamente predecibles y alineados a la necesidad de la economía digital.
Esto posibilitaría “que la expansión de la infraestructura digital sea sostenible, resiliente y compatible con las necesidades de las comunidades locales”.
Todo esto debe articularse en una estrategia pública clara que incluya a un protagonista clave. “Cada vez es más determinante que exista un proceso transparente con las comunidades cercanas a este tipo de proyectos, de manera que el uso del agua, las tecnologías para reducir ese consumo y los beneficios o impactos para los habitantes queden claros desde el inicio”, indicó Romero, de Cinde.
La oportunidad para Costa Rica dependerá de qué inversiones pueda abastecer y qué beneficios deje cada proyecto. El monto anunciado debe contrastarse con empleo permanente, compras nacionales, incentivos y costos de infraestructura, además de las condiciones de suministro eléctrico e hídrico. Sin ese balance, la escala de un campus no basta para establecer su beneficio neto para el país.

