Opinión

Una democracia independiente en construcción

El bicentenario de la independencia sirve para reflexionar sobre las reformas estructurales que requiere el Estado costarricense

Llegamos a doscientos años de independencia de España enfrentando grandes desafíos en los económico, lo social y lo político.

El camino no ha sido fácil, tuvimos que enfrentar inestabilidad política y hasta intervención extranjera en nuestros primeros años.

La independencia como autonomía, como capacidad de darnos nuestra propias normas ha estado y sigue en construcción desde los primeros días.

Nuestra historia ha sido de éxitos, desarrollamos la educación desde la segunda mitad del siglo XIX alfabetizando nuestra población. Igual cosa hicimos con el sistema de salud para proteger una demografía débil.

En lo político, desarrollamos un estado nacional, mientras en nuestra vecindad los vecinos eran consumidos por las guerras civiles, el militarismo y el autoritarismo empezaron a quedar atrás a finales del siglo XIX, a pesar de la dictadura de los Tinoco a inicios del siglo XX.

El país inicio la construcción de un sistema electoral democrático marcado por la introducción del voto directo en 1913, luego el voto secreto y subsiguientes transformaciones que culminarían con el voto femenino en 1951.

La década de los años 40 trajo una reforma social que introdujo las garantías sociales en la constitución y se promulgó un Código del Trabajo. A pesar de una guerra civil de por medio los triunfadores no dieron marcha atrás en las reformas, las profundizaron, electrificaron el país y promovieron la industrialización liviana, la construcción democrática continuó a pesar del conflicto histórico.

Al iniciarse la década de los años setenta las políticas públicas del pasado entraron en crisis y tras el fracasado intento del estado empresario, los gobernantes tomaron el camino de la diversificación de las exportaciones, abandonando la ruta única de producir postres (café y banano).

El llamado modelo neoexportador es exitoso, el grupo de empresas dedicado a la exportación de dispositivos médicos es ejemplo de ello. Este proceso fue acompañado por la urbanización del país y progresos en la esperanza de vida y la educación que transformaron de manera significativa la sociedad en lo social y en lo político.

Sin embargo, no todo es miel sobre hojuelas. El país acumula rezagos en materia educativa, nuestros estudiantes no sacan buenos resultados en las pruebas internacionales de educación .En materia de salud pública, el problema de las filas en el seguro social nos apunta a cuellos de botella burocráticos que no se resuelven, aunque el desempeño del sistema durante la pandemia ha sido positivo.

Aunque las sociedades no pueden prescindir del estado como espacio para la organización de la convivencia común: elaborador del derecho, monopolio de la violencia legítima, garante general de la salud y de la educación pública, lo cierto es que hay sectores del aparato del estado que sufren desgaste por burocratización o porque ya han cumplido las misiones para las que fueron creados. La función del estado como organizador de la cooperación social territorial va a permanecer, es parte de la esencia de la democracia que las instituciones políticas tengan que ocuparse, en una dinámica compleja, de la determinación del interés general. Sin embargo, las disfunciones de la burocracia pública son otra cosa, algunas reflejan problemas de erosión de su legitimidad por mala formación de sus agentes, ineficacia en los resultados, duplicidad de funciones, autonomización de las cúpulas políticas y ausencia de evaluación continua de su desempeño.

La tarea de resolver esta fatiga del aparato del estado es también parte de la construcción de la democracia. Sin legitimidad de ejercicio, buenos resultados; la legitimidad de origen, elecciones, corre el riesgo de erosionarse y el apoyo general a la democracia puede sucumbir a manos de populistas de signo muy variado. El sistema democrático no es inmune a la ineficacia de las instituciones estatales, esta produce desconfianza y desgaste democrático en el mediano plazo.

El crecimiento económico ha sido satisfactorio, aunque convivimos con dos economías, una moderna y conectada al mundo (exportaciones) y la otra (mercado interno), retrasada, generadora de una pobreza que no retrocede y de una desigualdad que aumenta.

En el plano de los equilibrios macroeconómicos el déficit fiscal se ha disparado peligrosamente, y aunque hemos adoptado políticas reformistas, lo cierto es que su persistencia amenaza los ingresos, la inversión pública, particularmente la inversión social.

En el plano político la ruptura del bipartidismo dio paso a un sistema multipartidista desorganizado, a una fragmentación del sistema de partidos y a una atomización del proceso legislativo que dificulta la gobernanza.

Ante este panorama, ¿Cómo continuar la construcción de una democracia independiente en un mundo cada vez más interdependiente, aunque atravesado por tendencias aislacionistas?

La reactivación económica, luego de la pandemia es un objetivo que se mezcla con el tema fiscal, pero no se reduce a este. El estímulo estatal a las políticas de empleo en el sector privado, particularmente en el turismo y la construcción es un elemento clave. Crecimiento económico generará más ingresos para el estado y más inversión pública.

Continuar con la atracción de inversión extranjera vinculándola a los sectores más atrasados y a zonas fuera del Valle Central debe ser una prioridad en esta materia. Particular atención debe merecer el nearshoring u atracción de inversiones que vengan al país por su proximidad con el gran mercado norteamericano.

En materia de desarrollo de las ciencias, tecnología, ingenierías y matemáticas, el país debe apostar por las alianzas público-privadas, la vinculación de las universidades públicas con las empresas, pero también al desarrollo de la ciencia y la tecnología vinculadas a las necesidades de la producción para el mercado interno.

En general, para toda la educación pública y privada el país debe desarrollar sistemas de seguimiento y evaluación que nos permitan colocarnos en posiciones de vanguardia a nivel internacional y superar el apagón educativo generado por la pandemia que ha dejado a miles sin conexión con el sistema educativo.

La independencia energética es otro gran objetivo, ante la obsolescencia de los combustibles fósiles y las enormes posibilidades de la energía solar y eólica, el ICE y las universidades deberían elaborar un gran programa para su futuro desarrollo, en adecuado dialogo con el sector privado.

La reforma política es el otro gran objetivo, esta reforma debe ir más allá del reduccionismo de disminuir el tamaño de la burocracia por reducirlo, a pesar que esta debe experimentar procesos de reingeniería inteligentes. Sin embargo, reformar el Estado va más allá de eso, e implica pensar seriamente la reforma al sistema de elección de los diputados, las relaciones institucionales entre el poder ejecutivo y el legislativo, así como cambiar la fecha de las elecciones legislativas ubicándolas luego de la elección presidencial.

La reforma del aparato del estado tiene componentes y consecuencias políticas que deben ser pensadas cuidadosamente.

En síntesis, el país requiere de reformas políticas, puntuales y estratégicas, profundas, aunque no de una constituyente. Una asamblea legislativa fragmentada no hará avanzar los procesos de reforma fiscal, económica, tecnológica y política, el tratamiento de los rezagos tiene que ser integral y no disperso, aunque debe ser parte de una estrategia gradual en el tiempo.

La democracia siempre estará inacabada y urgida de construirse de nuevo frente a los retos de un futuro incierto y de un cambio de era global, vivimos una etapa de transición tanto en lo interno como en nuestro vecindario cercano y en el mundo. La independencia y la democracia están íntimamente ligadas, darnos nuestras propias normas, requiere siempre del mantenimiento y desarrollo de la libertad y la participación política

Los nuevos tiempos exigen que estemos alertas y seamos audaces para enfrentar lo desconocido y los errores acumulados para así ampliar los espacios de autodeterminación.