Recientemente algunos países han establecido marcos legales y normativos para limitar el acceso de menores de edad a las grandes plataformas de las redes sociales. España busca sumarse a este grupo, en medio de un acalorado debate político.
La capacidad de las tecnologías es evidente en nuestras vidas, sin embargo, el impacto de estas, como de cualquier tecnología, depende del uso que se le dé. Este es el gran detalle en el mundo digital, porque además del uso que yo quiera y pueda darle, hay usuarios invisibles que antes y después, alteran mi uso.
Como dice Castells, la Internet no es un sector, es todo y ahí estamos todos, a tal punto que ha transformado la estructura misma de la sociedad. Según sus investigaciones, ya está digitalizado el 99% de la información, la cual fluye por las redes según algoritmos que definen unos pocos individuos, dueños de las plataformas, sin rendición de cuentas ni control legal o político. De ahí lo peligroso que resulta el acercamiento cada vez más explícito de estos magnates a los líderes políticos.
La decisión de los países se sustenta en la evidencia de los riesgos asociados a una exposición temprana y sin guía a las tecnologías en los procesos de maduración del cerebro de los menores de edad, que aún no tienen las herramientas cognitivas y emocionales suficientes para protegerse de, por ejemplo, información diseñada para manipularlos, que por cierto abunda.
Costa Rica había sido pionero y referencia mundial en un uso de las tecnologías en la educación, diseñado para estimular el desarrollo de capacidades cognitivas clave como el pensamiento crítico, y para aprender a usarlas de manera responsable y segura.
Lamentablemente este esfuerzo se ha debilitado paradójicamente cuando la llegada de la inteligencia artificial aumenta la necesidad de cerrar la brecha digital y guiar, educar y proteger a las personas menores de edad en un mundo digital cada vez más agresivo. Preocupa que las investigaciones ya muestran que los niños más pobres gastan más tiempo frente a la pantalla que niños de hogares con más recursos. Realidades como la falta de espacios públicos seguros, de acceso a actividades extracurriculares o a bibliotecas escolares atractivas, no nos ayudan.

Los padres y maestros tienen responsabilidades importantes, pero es urgente definir un marco amplio, eficiente y razonable de protección de los más vulnerables. Los dueños de las plataformas mundiales han mostrado no tener ningún interés en asumir ellos la responsabilidad, por lo que es la política pública la llamada a actuar.
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Leda Muñoz es catedrática de la Universidad de Costa Rica, exvicerrectora de Acción Social, investigadora en nutrición y desarrollo infantil; coordinadora del Informe Estado de la Nación y exdirectora de la Fundación Omar Dengo. Ph.D. en nutrición infantil y epidemiología.
