Por: Mohamed A. El-Erian.   15 marzo
Es necesario modernizar los esquemas comerciales actuales, no solo para resolver los problemas existentes, sino también como parte de un esfuerzo más amplio para darles más agilidad de cara al cambio tecnológico acelerado. (Foto: Shutterstock para EF).
Es necesario modernizar los esquemas comerciales actuales, no solo para resolver los problemas existentes, sino también como parte de un esfuerzo más amplio para darles más agilidad de cara al cambio tecnológico acelerado. (Foto: Shutterstock para EF).

Se está dando un cambio, sutil pero importante, en las ideas de la dirigencia política respecto del comercio internacional, incluido el modo de resolver problemas de vieja data. El cambio deriva de una distinción clave entre el “qué” del comercio internacional (donde entre los países hay un consenso relativamente amplio) y el “cómo” (donde existen discrepancias que han tendido a debilitar relaciones importantes, como la transatlántica y la que hay entre China y los países avanzados del mundo).

Esto deja cierto margen para el optimismo, mayor al que parecería indicar la sucesión de noticias sobre dañinas guerras comerciales, restricciones asfixiantes a las inversiones, conflictos tecnológicos y multiplicación de tensiones entre las grandes potencias.

El acuerdo relativamente amplio en el área del comercio internacional gira en torno de cuatro hipótesis principales, respaldadas por un corpus de investigaciones y datos empíricos:

En primer lugar, que un comercio libre y justo beneficia a la mayoría de las personas en la mayoría de los países, pero no es suficiente para una prosperidad inclusiva. Algunos segmentos de la población pueden quedar desplazados, marginados y alienados. De modo que el comercio internacional no es solo una cuestión económica, sino que incluye importantes dimensiones institucionales, políticas y sociales.

En segundo lugar, que el comercio internacional se basa en un conjunto mutuamente ventajoso de interacciones voluntarias y que el mejor modo de conducirlas es, para usar un término de la teoría de juegos, en la forma de un “juego cooperativo”.

En tercer lugar, que hoy tanto el ideal cuanto la realidad del comercio libre y justo están empañados por una multitud de motivos legítimos de queja que se relacionan sobre todo con lo que los economistas llaman “barreras no arancelarias” y que incluyen el robo de propiedad intelectual, el uso armamentístico de herramientas económicas y de desarrollo, la transferencia tecnológica forzada, la insuficiente eficacia y credibilidad de las instituciones multilaterales, y un orden económico y financiero global no del todo estable.

Finalmente, que la solución de estos problemas se está demorando demasiado.

Aquí es donde aparecen las principales áreas de desacuerdo. ¿Cómo resolver el creciente conjunto de problemas que atentan contra un comercio libre y justo?

Por muchos años, la respuesta convencional fue que lo mejor es seguir una estrategia centrada en la resolución cooperativa; esto implica negociar preferentemente en un contexto libre de castigos o amenazas de castigos –por ejemplo, imposición de aranceles– sobre la base del marco normativo establecido por las instituciones multilaterales existentes.

Transferencia tecnológica

La otra estrategia es la que adoptó el gobierno del presidente estadounidense Donald Trump. Por considerar que los intentos pasados de revertir la multiplicación de barreras no arancelarias no han funcionado ni lo harán, esta estrategia admite el uso de castigos arancelarios como modo de inducir cambios de conducta y de amenazas de escalada a aquellos socios comerciales que tomen cualquier tipo de represalia.

Aunque al principio se la consideró un cambio de política lamentable, hoy muchos se preguntan si la nueva estrategia estadounidense –suponiendo que no se la use en forma reiterada– no terminará siendo una disrupción beneficiosa que ayude a reformular las relaciones comerciales internacionales y asentarlas sobre una base más firme. Esta opinión cuenta con el respaldo de la evidencia empírica (el paso de las represalias a la búsqueda de soluciones por parte de países como Canadá, Corea del Sur y México) y la perspectiva de que, en vista de lo limitado de sus opciones, China no tendrá más alternativa que hacer lo mismo y reconsiderar algunas de sus barreras no arancelarias.

La comunidad internacional debe aprovechar la oportunidad que se le presenta para encarar en forma más integral la implementación de medidas que contrarresten la desaceleración del crecimiento, reduzcan el riesgo de inestabilidad financiera y aseguren una prosperidad más inclusiva. Esas medidas son menos un problema técnico (la mayoría de los economistas coinciden en lo que hay que hacer) que político (hay necesidad de liderazgo decidido y sostenibilidad).

Para empezar, hay que revitalizar las políticas pro crecimiento nacionales, como prioridad urgente de por sí y para quitarle presión al comercio internacional. Esto es particularmente importante para China y los países europeos, entre ellos seis de las economías más grandes de la UE. El énfasis debe estar puesto en una mejora de la productividad, cambios estructurales para responder mejor a las realidades de la economía global de hoy y del mañana, redes de seguridad más efectivas para los segmentos más vulnerables y desplazados de la sociedad, y la solución de fallos gubernamentales y del mercado que obstaculizan el crecimiento y la inversión.

Además, es necesario modernizar los esquemas comerciales actuales, no solo para resolver los problemas existentes, sino también como parte de un esfuerzo más amplio para darles más agilidad de cara al cambio tecnológico acelerado. Hay que prestar especial atención a lo referido a macrodatos, transferencia tecnológica, infraestructura digital, inteligencia artificial, redes y movilidad.

“La comunidad internacional debe aprovechar la oportunidad que se le presenta para encarar en forma más integral la implementación de medidas que contrarresten la desaceleración del crecimiento, reduzcan el riesgo de inestabilidad financiera y aseguren una prosperidad más inclusiva”.

Es igualmente crucial seguir reformando las instituciones multilaterales para mejorar su eficacia y credibilidad.

Finalmente, la comunidad internacional debe estar alerta ante esquemas regionales como la Iniciativa de la Franja y la Ruta china, que aunque se plantean como formas de promover el desarrollo pueden terminar debilitando a los países asociados. Esto demanda medidas para mejorar la transparencia en los términos y condiciones de los proyectos y de las deudas contraídas conforme a esas iniciativas, alentar un mayor uso de mano de obra local y garantizar que los países receptores no queden cargados de obligaciones excesivas. También hay que oponerse a intercambios excesivamente unilaterales de deuda por activos físicos, que pueden ser causa genuina de inquietudes en materia de seguridad nacional.

Dicen que con los riesgos vienen las oportunidades. Podría ser que lo que al principio se vio como un desafortunado giro de Estados Unidos hacia el proteccionismo haya creado en la práctica una ocasión de mejorar el funcionamiento de la economía global y del comercio internacional. Pero los próximos meses serán cruciales.

Mohamed A. El-Erian, asesor económico principal en Allianz, presidió el Consejo de Desarrollo Global del presidente Barack Obama, y es autor del libro The Only Game in Town: Central Banks, Instability, and Avoiding the Next Collapse [La única alternativa: los bancos centrales, la inestabilidad y cómo evitar el próximo colapso].