Cada 25 de julio, Costa Rica celebra mucho más que un hecho histórico. La Anexión del Partido de Nicoya representa una decisión basada en la confianza en un proyecto compartido de desarrollo, bienestar y futuro. Es una fecha que invita no solo a honrar nuestras raíces, sino también a reflexionar sobre cómo estamos contribuyendo, desde nuestras distintas responsabilidades, a que Guanacaste continúe avanzando sin perder aquello que la hace única.
La provincia atraviesa una transformación profunda. El crecimiento del turismo, la llegada de nuevas inversiones, el desarrollo de infraestructura y el surgimiento de emprendimientos han ampliado las oportunidades para miles de personas. Sin embargo, ese dinamismo solo adquiere verdadero sentido cuando sus beneficios llegan a todas las comunidades y contribuyen a reducir las brechas que aún persisten.
En ese contexto, el acceso al financiamiento trasciende su dimensión económica. Un crédito puede representar mucho más que los recursos para desarrollar una actividad productiva o adquirir una vivienda. Puede ser la posibilidad de ampliar un negocio familiar, generar empleo, incorporar tecnología, llegar a nuevos mercados o brindar mayor estabilidad a un hogar. En esencia, es una herramienta que transforma capacidades en oportunidades y aspiraciones en proyectos de vida.
Ese ha sido, precisamente, el compromiso que el Banco Nacional (BN) ha procurado mantener con Guanacaste durante décadas. Desde el año 2000, la institución ha otorgado más de 51.000 créditos a más de 27.600 clientes de los once cantones de la provincia, por un monto cercano a los ¢650.000 millones.
Más de la mitad de esos recursos se ha destinado a actividades productivas, impulsando sectores como servicios, agro, comercio, turismo e industria, pilares fundamentales de la economía guanacasteca. Pero el desarrollo sostenible exige mirar más allá de los indicadores financieros. También implica crear condiciones para que las personas puedan construir patrimonio, fortalecer sus capacidades y participar activamente en el crecimiento de sus comunidades.
Más allá de los indicadores, las personas
Esta visión cobra especial relevancia cuando hablamos de poblaciones que históricamente han enfrentado mayores barreras para acceder al sistema financiero. En Guanacaste, el 38% de los créditos otorgados por el BN han beneficiado a mujeres o empresas lideradas por ellas, reflejando el enorme potencial transformador de la inclusión financiera para fortalecer la autonomía económica y generar bienestar en cientos de hogares.

Historias como la de Odilie Arias, una emprendedora nicoyana que consolidó un centro de cuidado infantil que hoy atiende a cerca de un centenar de niñas y niños, ilustran con claridad ese impacto. Gracias a ese proyecto, muchas madres pueden incorporarse al mercado laboral con mayor tranquilidad, mientras sus hijos reciben atención y acompañamiento. Casos como este demuestran que el verdadero valor de un crédito no se mide únicamente por su retorno financiero, sino por las oportunidades que crea para las personas y las comunidades.
Hablar de sostenibilidad también significa reconocer que el crecimiento económico solo es sostenible cuando genera bienestar compartido. Como banco público, entendemos que nuestra responsabilidad va más allá de financiar proyectos; consiste en impulsar iniciativas que fortalezcan la producción nacional, apoyen a las pequeñas y medianas empresas, promuevan la inclusión financiera y contribuyan a que las comunidades desarrollen mayores capacidades para afrontar los desafíos del futuro.
Ese compromiso también se refleja en el acompañamiento al emprendimiento, la promoción de la educación financiera, el impulso al liderazgo femenino y el respaldo a iniciativas que fortalecen la identidad, la cultura y el talento que distinguen a Guanacaste.
En una fecha tan significativa como la celebración de la Anexión del Partido de Nicoya, renovar nuestro compromiso con Guanacaste significa seguir trabajando para que las oportunidades no dependan del lugar donde se nace, del tamaño de un emprendimiento o de las condiciones con las que inicia cada persona. Cuando las oportunidades llegan a más gente, el desarrollo deja de ser una aspiración para convertirse en una realidad compartida. Ese es, sin duda, el mejor homenaje que podemos rendir al espíritu de una provincia que, hace 202 años, decidió apostar por un futuro común.
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La autora es la gerenta general del Banco Nacional de Costa Rica.