Opinión

El desafío de la inclusión de la mujer

La nueva realidad a la que nos llevó la pandemia aumentó las brechas y los desafíos

¿Cómo vamos a resolver la problemática del aterrador aumento de exclusión de la mujer del trabajo? Abatidos, como estamos, con tantos temas, el desafío de la inclusión de la mujer a la fuerza laboral, en condiciones equitativas, justas, correctas, merecidas, no puede dejarse de lado. ¿Cómo haremos con su calidad de vida y su felicidad, pues lo que resolvamos tendrá un impacto directo en la sociedad y en cómo queremos que esta sea?

No seré el único que tiene experiencias extraordinarias con mujeres en el trabajo y en el hogar. Mucho se avanzó –aunque no lo suficiente-- en participación de la mujer en el estudio, en el empleo, en la justicia salarial, en el reconocimiento social de su doble jornada laboral, en puestos de responsabilidad. Ahora, la nueva realidad a la que nos llevó la pandemia aumentó las brechas y los desafíos.

De 2 millones de personas trabajadoras en Costa Rica, casi 1,3 millones son hombres y 730.000 mujeres. Hubo una disminución de empleo para 216.000 personas en la última medición realizada por el Instituto de Estadística y Censos (INEC), de los cuales 45% eran hombres y 55% mujeres. Mientras la tasa de ocupación de hombres que quieren trabajar es del 62%, el de las mujeres es de solo un 36%. De 458.000 personas desempleadas, 259.000 son mujeres.

Un reciente estudio de Deloitte sobre perspectivas laborales de las mujeres concluyó que más del 75% de las encuestadas tuvo un aumento de trabajo desde que la crisis pandémica comenzó hace más de un año. Más de la mitad se ha sentido excluida por acciones o comportamientos no inclusivos en sus trabajos remunerados. Además, una abrumadora mayoría planea dejar su trabajo actual, algunas incluso para siempre.

¿Cuál sociedad estamos promoviendo hoy y cuál tendremos en pocos años con mujeres infelices, insatisfechas, sin un trabajo justo o sin trabajo?

A la ausencia total de este tema en el diálogo nacional y en la acción de política pública, debo sumarle la modesta participación de las organizaciones privadas. Estoy convencido que quienes lideran las empresas de Costa Rica pueden abordar este tema, tomar acciones efectivas de inclusión de las mujeres que laboran bajo su cargo. Mal haría la empresa privada si solo se queda esperando una acción desde el Estado. Una buena forma de comenzar con las decisiones es medir qué están pensando y sintiendo todas ellas en este momento. Las respuestas y las acciones nos las darán ellas mismas.