Negocios

Impulsan estándares de calidad voluntarios para guaro y aguardientes

Representates de Fanal, Centenario, Laica y Cacia, entre otros, formaron parte del comité técnico para el desarrollo de una norma de calidad. El objetivo es combatir las intoxicaciones por bebidas de contrabando

El guaro de contrabando y el aguardiente adulterado representan una amenaza para la salud de los consumidores, por eso representantes del sector productor, profesionales en salud y autoridades de normalización colaboraron en la creación de una norma de calidad.

Por primera vez el país cuenta con una herramienta de este tipo. Permite certificar los productos, mediante el cumplimiento de requisitos y ensayos de laboratorios para el guaro, el guaro saborizado y el aguardiente de caña de azúcar.

La norma INTE A96:2017 “Guaro y otros aguardientes” fue desarrollada por el el Instituto de Normas Técnicas de Costa Rica (Inteco), con la participación de representantes técnicos de la Fábrica Nacional de Licores (Fanal), Centenario Internacional, la Liga Agrícola Industrial de la Caña de Azúcar (Laica) y Cámara Costarricense de la Industria Alimentaria (Cacia), entre otros.

Según explica Susana Picado, gestora de proyectos de normalización de Inteco, entre los parámetros más importantes que la norma define se destaca el contenido de metanol.

“Cuanto menos metanol contengan las bebidas alcohólicas, mayor calidad del producto; además de requisitos como el grado alcohólico y otras sustancias que pueden disminuir los efectos secundarios de su consumo”, explicó.

Una motivación para la norma es precisamente el riesgo para la salud que representan las bebidas con niveles altos de metanol, pues esta sustancia cuando se ingiere en exceso puede ocasionar intoxicaciones, que implican síntomas gastrointestinales y en el sistema nervioso central (Vea: Riesgos del guaro de contrabando).

“Como muchos sabemos, el consumo de licor en el país es muy frecuente y como lo confirman los expertos cada vez se inicia a edades más tempranas; es por eso que nos preocupa que los productos alcohólicos disponibles causen serios daños a la salud además de engaños al consumidor por incumplir los requisitos mínimos de calidad”, concluyó Picado.

La norma es voluntaria, por lo que se espera que los consumidores la usen como un elemento para decidir su compra. En el país, el mercado del guaro y otros aguardientes movió ¢32.700 millones durante el 2017 y se proyecta un crecimiento de ¢3,000 durante los cinco años siguientes. (Vea: Volumen del mercado...)

Reflexiones del sector

Para desarrollar la certificación de calidad, Inteco sumó el criterio de expertos en el tema así como miembros de sectores académicos (universidades), colegios profesionales (químicos e ingenieros químicos), productores, consumidores, autoridades gubernamentales y el sector productivo.

Jorge Vargas, gerente de Alcohol de Laica, participó como proveedor de materia prima y aseguró que el impulso inicial lo dio Fanal, en busca de una regulación para el mercado del guaro y de las bebidas alcohólicas, desde la perspectiva de calidad.

“No obstante, en la conformación de la norma se tuvo el propósito (de incidir en el mercado) pensando en los posibles impactos que esta pudiera tener sobre la salud de los consumidores”, explicó.

Ronald Arias, subadministrador general de Fanal, aseguró que la organización entrará pronto en el proceso de certificación, pues cumple de previo con las condiciones. Arias consideró que la normativa, aunque sea voluntaria se convertirá en la referencia para diferenciar los productos.

“Esperamos que el impacto en el mercado sea muy positivo, para garantizar la calidad de las bebidas alcohólicas promoviendo la sana competencia y asegurando la salud de los consumidores”, afirmó.

Mónica Elizondo, tecnóloga de alimentos de Cacia va más allá y afirma que esta herramienta debería evitar que se comercialicen con el nombre del producto los que no cumplan con los requisitos mínimos de calidad.

“Hay muchos productos que ingresan a nuestro país de manera ilegal y que no son genuinos; es lo que se conoce como sector informal. En este sentido, CACIA siempre ha instado a las autoridades para que ejerzan mayor control sobre los productos informales que dañan la economía”, enfatizó.

Alexandra Rodríguez, directora de normalización de Inteco, comentó que las normas se desarrollan bajo el proceso de consenso, para lo cual existe un comité técnico que está conformado por expertos que representan a diferentes organizaciones del sector.

“Además se aplica un proceso de consulta pública para que las organizaciones que no formaron parte del comité puedan tener chance de opinar sobre el contenido de la norma”, relató.

En el comité, los representantes de los diferentes sectores deben alcanzar consensos sobre cantidades de sustancias, sean que se sumen al producto como ingredientes de fabricación o como resultado de los procesos de elaboración. Por esto, el conocimiento técnico de los participantes es clave y el resultado es un documento con indicadores especializados.

INTECO desarrolló además la INTE A94:2018 que aplica para otras bebidas como el vodka. También desarrolla normas similares relacionadas con el alcohol etílico, ron y whisky.

Conceptos clave

Aguardiente de caña de azúcar. Bebida alcohólica incolora obtenida por destilación, de mostos de zumos de caña de azúcar o de sus derivados sometidos a fermentación alcohólica.

Guaro. Bebida alcohólica incolora obtenida por destilación, de mostos de zumos de caña de azúcar o de sus derivados sometidos a fermentación alcohólica, sin añejar y con características físico químicas particulares.

Guaro saborizado. Guaro cuyo sabor y aroma se han modificado por la adición de aromatizantes naturales y artificiales de uso permitido, de manera que no se desvirtúen sus características de origen. A este producto se le pueden adicionar o no azúcares o colorantes naturales permitidos por el ente competente.

Nota. Según el país o región es conocido con los nombres de: guaron, espíritu de caña, cachaza, tafia y otros.

Fuente: Inteco

Riesgos del guaro de contrabando

En los últimos tres años se han contabilizado ocho casos de intoxicaciones con metanol, sin embargo, se considera que estos datos no reflejan la realidad del país.

Stiff Masís, miembro del Colegio de Profesionales en Nutrición (CPN), afirma que el diagnóstico temprano de una intoxicación por un producto que contenga metanol requiere la demostración analítica de su presencia en el plasma del paciente, y este análisis no está disponible en la mayoría de los hospitales.

Además, debido al período de latencia y a los escasos síntomas iniciales, es fácil de confundirla con una intoxicación etílica común.

“En una intoxicación por metanol, los síntomas aparecerán en las primeras 12 a 24 horas, antes el enfermo padece una especie de borrachera. El criterio clínico de intoxicación por metanol es la ceguera y causa además gran afectación al sistema nervioso central, manifestados por convulsiones, coma y edema cerebral”, afirmó el Masís.

De acuerdo al Centro Nacional de Control de Intoxicaciones, se registran en los últimos cinco años casi 1.500 intoxicaciones por consumo de licor, aunque estiman que muchas más no han sido documentadas.

La doctora Ana Elvira Salas, representante del Centro, afirmó que es frecuente recibir consultas de los centros educativos que solicitan la intervención de ayuda para un paciente niño-adolescente que lo encuentran ebrio dentro de la misma institución educativa.

“La situación se incrementa al finalizar el año lectivo en donde se dan intoxicaciones masivas en jóvenes tanto hombres como mujeres. Los jóvenes hacen competencias para saber quién tiene la capacidad de consumir mayor cantidad de licor. Esta práctica los ha llevado a comprometer la salud seriamente”, afirmó

Fuente: Inteco

Jéssica I. Montero Soto

Jéssica I. Montero Soto

Jéssica Montero es periodista de la sección de Negocios de El Financiero.