La caída del dólar en Costa Rica dejó de ser solo una tendencia del mercado y empezó a sentirse en la operación diaria de las empresas. Ingresos, costos y proyecciones cambian cuando la moneda estadounidense pierde valor frente al colón de forma sostenida.
El problema no es menor. Cada dólar que baja reduce el ingreso en colones para empresas que exportan o facturan en moneda extranjera. El impacto no es inmediato en todos los casos, pero termina reflejándose en márgenes y decisiones.
En ese escenario, la pregunta ya no es qué está pasando con el dólar, sino cómo evitar que esa caída se traduzca en pérdidas. La respuesta apunta a herramientas financieras y a ajustes en la gestión del riesgo cambiario.

Las empresas con exposición al dólar enfrentan variaciones que no controlan. Pagos, cobros o registros en moneda extranjera generan diferencias que dependen del comportamiento del mercado y no de la operación interna.
Ante ese escenario, el presidente ejecutivo de DAVIbank, Rodolfo Herrera, explicó que este riesgo aparece desde el momento en que una empresa tiene compromisos en una divisa externa:
“La exposición se da, básicamente, por tener que recibir o hacer pagos en moneda extranjera”, dijo el jerarca.
Ese punto marca el inicio del problema. A partir de ahí, cualquier variación en el tipo de cambio puede alterar resultados esperados, especialmente en empresas con márgenes ajustados o alta dependencia del dólar.
Las coberturas cambiarias surgen como una de las principales herramientas para enfrentar ese escenario. Estas permiten fijar condiciones hoy para operaciones futuras y reducir la incertidumbre sobre el valor de la moneda:
“Las empresas e inversionistas pueden acceder a coberturas cambiarias a través de dos modalidades”, explicó Herrera.
Una de ellas implica el intercambio real de monedas en una fecha futura pactada con una entidad bancaria. En este caso, la empresa sí compra o vende dólares al tipo de cambio acordado desde el inicio, sin importar el valor que tenga el mercado cuando llegue el vencimiento del contrato.
La otra modalidad funciona mediante liquidación por diferencias. Aquí no hay compra ni venta de dólares: la empresa y el banco comparan el tipo de cambio pactado con el vigente al vencimiento y se paga en colones la diferencia entre ambos valores, como una forma de compensar el impacto del movimiento del mercado.
Por ejemplo, si una empresa fija un tipo de cambio de ₡480 y al vencimiento el mercado sube a ₡485, en la modalidad con entrega deberá comprar o vender los dólares al precio pactado de ₡480, perdiendo la oportunidad de beneficiarse del alza.
En ese mismo escenario, con liquidación por diferencias, la empresa no compra dólares, pero el banco le reconoce los ₡5 de diferencia por cada dólar pactado, lo que compensa el efecto del aumento sin necesidad de realizar la operación en moneda extranjera.
Si ocurre lo contrario y el tipo de cambio baja de ₡480 a ₡475, en la modalidad con entrega la empresa deberá comprar o vender al precio pactado, ahora menos favorable frente al mercado. En la liquidación por diferencias, en cambio, será la empresa la que deba pagar esos ₡5 por dólar al banco, como ajuste por la variación.
En ambos casos, el objetivo no es generar ganancias, sino reducir la incertidumbre y estabilizar el flujo de caja, trasladando el riesgo cambiario a un contrato previamente definido con una entidad financiera.

El uso de estas herramientas no es automático. Depende del tipo de negocio, del nivel de exposición y de la capacidad de la empresa para gestionar su riesgo financiero de forma estratégica.
No aplicar ninguna medida deja a la empresa expuesta a la volatilidad del mercado, afirma DAVIbank. Esa exposición impacta directamente en el flujo de caja y complica la planificación financiera en el corto y mediano plazo.
“Sin una adecuada gestión del riesgo cambiario, la planificación de sus flujos de caja se vuelve incierta”, advirtió Herrera.
El efecto no se limita a ingresos. También afecta obligaciones financieras, contratos y decisiones de inversión que dependen de proyecciones estables del tipo de cambio.
Además de las coberturas, el análisis constante del mercado se vuelve clave. Las empresas deben revisar tendencias, ciclos históricos y variables económicas que influyen en la cotización del dólar.
Entre esos factores destacan las exportaciones, las importaciones y la inversión extranjera, elementos que determinan la oferta y demanda de divisas en el país.

La administración del riesgo cambiario también implica tomar decisiones informadas. No se trata solo de reaccionar, sino de anticipar escenarios y ajustar la estrategia financiera según el contexto.
El escenario actual obliga a las empresas a replantear su relación con el dólar. La caída del tipo de cambio deja de ser un dato económico y se convierte en un factor que define resultados.
Proteger la rentabilidad pasa por entender el riesgo, medir la exposición y utilizar herramientas que permitan reducir el impacto de un mercado cada vez más volátil.
