Por: Gautam Mukunda.   11 mayo

La administración Trump tiene una tasa sin precedentes de rotaciones para su equipo de alto nivel, que no muestra señales de reducirse. Este nivel de disrupción sería difícil de manejar para cualquier organización, pero estas dificultades se elevan por el singular entorno de esta Casa Blanca en particular.

Aunque ha existido mucha cobertura sobre las elevadas rotaciones en la administración Trump, no se han analizado tanto sus costos potenciales. ¿Es la rotación algo malo?

La alta rotación en el equipo directivo de una organización tenderá a hacer que esta en general se desempeñe peor. Los miembros efectivos de un equipo necesitan confiar entre sí y poder compartir preocupaciones sin temor al castigo.
La alta rotación en el equipo directivo de una organización tenderá a hacer que esta en general se desempeñe peor. Los miembros efectivos de un equipo necesitan confiar entre sí y poder compartir preocupaciones sin temor al castigo.

De acuerdo con décadas de investigación, la respuesta es sí. Cada líder de alto nivel tiene su propio estilo, enfoque, objetivos y prácticas preferidas. Cuando una organización tiene un nuevo líder, su productividad disminuye conforme se adapta al cambio. Aunque reemplazar a un liderazgo de mal desempeño puede ayudar a mejorarla con el paso del tiempo, la disrupción durante el periodo de transición es inevitable, y transiciones frecuentes dificultan establecer un ritmo de trabajo.

Adicionalmente, la alta rotación en el equipo directivo de una organización tenderá a hacer que esta en general se desempeñe peor. Los miembros efectivos de un equipo necesitan confiar entre sí y poder compartir preocupaciones sin temor al castigo. La confianza y el entendimiento se construyen con el paso del tiempo, estos rasgos no pueden existir en un equipo que constantemente introduce nuevos integrantes.

La rotación usualmente es alta en el equipo de alto nivel de cualquier presidente. La presión y horarios de sus puestos igualan o exceden a los trabajos más demandantes del sector privado, sin ofrecer las elevadas compensaciones que disfrutan los ejecutivos fuera del gobierno. Además, el escrutinio público es incesante.

Incluso aunque una alta rotación del equipo es normal en la Casa Blanca, los problemas que crea tienden a ser peores en el ala oeste. Primero, reemplazar al equipo es más difícil que en una organización normal: un complejo proceso de verificación de seguridad y la necesidad de tomar en cuenta a diferentes grupos políticos limitan las opciones de la Casa Blanca para el reemplazo de personal.

Segundo, la curva de aprendizaje para las nuevas contrataciones es particularmente desafiante. Trabajar en la Casa Blanca no es como pasar de un puesto del sector privado a otro. Cada vez que remueve a un miembro del equipo, particularmente cuando lo reemplaza con alguien sin experiencia en los altos niveles del gobierno, el proceso de aprendizaje inicia de cero.

El presidente Donald Trump ha reemplazado al 48% de los integrantes de la Oficina Ejecutiva del Presidente. Ese número fue de 17% para Ronald Reagan, 7% para George H.W. Bush, 11% para Bill Clinton, 6% para George W. Bush y 9% para Barack Obama, a ese punto de sus administraciones. Esencialmente, la mitad del equipo principal de Trump está en su primer año en el trabajo, incluso aunque él va en el segundo. Además, el número de asistentes de Trump que no tienen experiencia en el gobierno es inusualmente alto.

Ciertas características de la administración Trump vuelven incluso más difícil contratar personas que son de calibre tradicional para la Casa Blanca. La negativa de la administración para contratar republicanos que se opusieron a Trump en las primarias limita el de por sí superficial banco de talentos.

La forma humillante en que los miembros del equipo son despedidos también influirá para hacer más difícil que la Casa Blanca atraiga nuevo talento. El Secretario de Estado, Rex Tillerson, se enteró de que estaba despedido vía Twitter. El Consejero de Seguridad Nacional, H.R. McMaster, quedó en el limbo durante semanas mientras se multiplicaban los rumores de su inminente salida. Más recientemente, la Casa Blanca dijo que el Secretario de Asuntos de los Veteranos, David Shulkin, renunció, incluso aunque Shulkin dice que fue despedido vía Twitter.

Un rasgo adicional que es único de esta Casa Blanca es que los exmiembros del equipo han sido generalmente incapaces de encontrar las lucrativas posiciones del sector privado que normalmente están disponibles para quienes ocuparon dichos puestos. Sean Spicer y Reince Priebus, los antiguos jefes de prensa y de staff, respectivamente, no han obtenido la clase de empleos que sus predecesores lograron. Si un rol en la Casa Blanca comienza a percibirse como una limitación y no como un impulso para la carrera, será más difícil contratar a los mejores empleados.

Finalmente, la investigación de Robert Mueller y otros escándalos dejan a quienes pudieran unirse a la administración en riesgo de costosos enredos legales, ya que los recién contratados pueden verse involucrados en investigaciones sobre obstrucción de la justicia. Servir en la Casa Blanca a un precio de humillación, potencial bancarrota o incluso procesamiento, es mucho que pedir de las pocas personas que son al mismo tiempo aceptables para la administración y capaces de cumplir sus roles.

Hay pocas razones para esperar un cambio. Trump se enorgullece de hacer las cosas en forma distinta. Cambiar su enfoque sobre manejo del talento es probablemente una baja prioridad, y es improbable que Trump pudiera cambiar incluso si quisiera: La Oficina de Personal Presidencial, encargada de contratar en la Casa Blanca, tiene menos de una tercera parte de su tamaño en administraciones previas, y la única experiencia laboral que muchos de sus integrantes tienen es dentro de la campaña de Trump. Los problemas de contrataciones de la administración Trump parecen estar afectando incluso a la organización encargada de resolverlos.

Cada presidente necesita algo de ayuda con el trabajo, y uno sin experiencia previa en el gobierno la necesita más. Parte del atractivo de Trump hacia sus seguidores se basaba en su insistencia de tomar un efoque radicalmente distinto del de sus predecesores. Mi investigación sobre este tipo de líder -los llamo líderes “sin filtro”- muestra que tienden a ser o enormes éxitos o catastróficos fracasos. Algo que los exitosos tienen en común es que eligen sus espacios. Ningún líder puede ser distinto en todo a la vez. Precisamente porque los líderes sin filtro suelen tomar decisiones y promover políticas que nadie más haría, necesitan rodearse de equipos más capaces que los líderes ordinarios, como Lincoln lo hizo con su legendario “equipo de rivales.” El manejo de Trump sobre la Casa Blabnca ha hecho virtualmente imposible que se rodee de un equipo de primer nivel.

Trump puede sentir que prospera en el caos. Pero si los grandes lideres necesitan equipos solidos a su alrededor, esta administración probablemente caerá en mayor desorden.

Gautam Mukunda es un profesor asistente en la Unidad de Comportamiento Organizacional de la Harvard Business School.