La expectativa de que el Banco Central de Costa Rica (BCCR) reduzca su Tasa de Política Monetaria (TPM), como lo vienen solicitando muchos sectores productivos, se desvanece.
La incertidumbre global ante el conflicto en el Medio Oriente —que podría provocar en un corto plazo más presiones en la inflación por el alza en los precios del petróleo, materias primas y fertilizantes— cambió completamente la coyuntura.
Este panorama deja en el tintero si se cerró definitivamente la ventana que tenía la Junta Directiva del Banco Central para recortar las tasas de interés ante una inflación baja, e incluso negativa.
La TPM es un indicador que influye directamente en el resto de tasas del mercado, tanto activas como pasivas; es decir, es la aguja que determina el costo de los créditos y el rendimiento de los ahorros.
Sin embargo, aunque el panorama es muy poco alentador a futuro para la inflación, varios economistas consultados por El Financiero afirman que todavía hay un margen de maniobra amplio para bajarlas.

La postura del Banco Central: prudencia frente al choque externo
En su más reciente revisión, la Junta Directiva del Banco Central decidió dejar su TPM inalterada en 3,25% (nivel que rige a partir del 19 de diciembre), argumentando que se visualizan presiones inflacionarias derivadas del conflicto bélico en el Medio Oriente, donde Estados Unidos e Israel han atacado Irán y este ha respondido con ataques a sus vecinos.
La amenaza de que la inflación alcance el rango meta del 3% (±1 punto porcentual) ya no en el segundo trimestre del 2027, sino hacia el cierre de ese mismo año, provocó que Róger Madrigal, presidente del Banco Central, reiterara su posición de ser “prudentes”.
Según explicó el jerarca, estudios realizados por la entidad evidencian que, aunque la inflación permanece en terreno negativo, se registran incrementos relevantes en los horizontes de 12 y 24 meses, lo que sugiere que el mercado anticipa el fin de la deflación.
“Durante varios meses la narrativa fue que existían riesgos de una recesión y eso ocasionaría una caída en el consumo; sin embargo, hoy ese riesgo se ha materializado y se espera un choque inflacionario en la economía costarricense. La situación cambió y no hay justificación para modificar la tasa de política monetaria. Además, la postura prudente del Banco permite minimizar los efectos de este choque inflacionario”, aseguró Madrigal.

Factores externos y la amenaza arancelaria
El análisis de los riesgos externos es respaldado por diversos especialistas.
Para el economista Daniel Ortiz, socio director de Cefsa, el alza en el petróleo es una variable crítica por su efecto en cadena sobre los costos de transporte, producción y alimentos.
El experto advierte, además, sobre los riesgos en el mercado de fertilizantes: cerca de un tercio del comercio mundial de estos insumos transita por el Estrecho de Ormuz, por lo que eventuales interrupciones (producto de ataques o cierres) podrían traducirse en menor disponibilidad y una reducción de las cosechas.
Aunado a estos factores logísticos y geopolíticos, se suma la incertidumbre sobre los efectos del alza en los aranceles en Estados Unidos.
En el último año, la nación norteamericana ha impulsado una política arancelaria más agresiva, con la imposición de tarifas generalizadas a las importaciones y medidas más fuertes contra socios comerciales clave.
Aunque parte de estos aranceles enfrentaron cuestionamientos legales e incluso fueron frenados por la Corte Suprema, la administración de Donald Trump reaccionó implementando nuevas tarifas bajo otros mecanismos.
El endurecimiento comercial se ha mantenido y todavía queda por ver qué efectos directos tendrá esto para la economía local.
Crecimiento asimétrico de la producción
Otro aspecto fundamental en la toma de decisiones monetarias es el crecimiento de la producción nacional, medido por el Índice Mensual de Actividad Económica (IMAE).
La teoría dicta que, si este indicador se desacelera y cae, el Banco Central puede bajar las tasas para estimular el crédito, el consumo y la inversión.
No obstante, las cifras muestran una realidad dividida.
Aunque la producción nacional creció un 4,8% en enero del 2026 (resultados presentados en marzo), se evidencia una brecha significativa entre la actividad económica de las empresas ubicadas en el régimen definitivo, que creció únicamente un 3,3%, y los regímenes especiales, que registraron un aumento robusto del 9,8%.

A nivel sectorial, la industria manufacturera, junto con los servicios profesionales, educativos, de salud, de transporte, financieros, de información y el comercio, explican el 77,7% del incremento total de la producción.
Críticas al Banco Central: el costo de la cautela
Frente a esta postura defensiva, el BCCR enfrenta fuertes cuestionamientos internos.
Los sectores productivos han venido solicitando un cambio en la política monetaria, argumentando que se han visto fuertemente golpeados por el tipo de cambio y que tener tasas de interés más bajas les permitiría pagar menos por sus créditos. Sin embargo, esto no ha caído en tierra fértil.
En línea con el malestar del sector productivo, diversos analistas financieros concuerdan en que la entidad emisora está desaprovechando una oportunidad valiosa.
Para el economista Gerardo Corrales, todavía existe un margen de maniobra para bajar la TPM en este momento, ya que la inflación actual se mantiene muy lejos de su rango meta del 3% anual.
Según Corrales, “al bajar las tasas de interés se estimula el consumo, la inversión y la demanda de dólares y además, permite reducir el premio por invertir en colones”.
De igual manera opina el economista y expresidente del Banco Central, Rodrigo Cubero, quien sostiene que la autoridad monetaria no ha perdido la ventana para ajustar la tasa, pese al contexto internacional adverso.
Si bien reconoce que el conflicto en Irán y el encarecimiento de materias primas tendrán algún efecto inflacionario, advierte que el impacto dependerá en gran medida de la duración de este choque, lo cual introduce un alto nivel de incertidumbre.
Por ello, Cubero enfatiza que aún hay espacio para reducir la tasa de política monetaria de forma gradual.
Más allá de la viabilidad estadística, mantener las tasas altas conlleva efectos colaterales tangibles para el país.
Desde el punto de vista de Adriana Rodríguez, gerente general de Acobo Puesto de Bolsa, el exceso de prudencia del Banco Central genera un costo de oportunidad que termina afectando la actividad económica y el mercado laboral, al limitar un mayor estímulo al crecimiento.
En su criterio, la tasa de política monetaria se mantiene en un nivel restrictivo, lo que ha contribuido a consolidar la tendencia deflacionaria en la economía.
Finalmente, esta visión analítica sobre el exceso de restricción trasciende nuestras fronteras.
En su más reciente evaluación, el Fondo Monetario Internacional (FMI) recomendó avanzar con una mayor reducción de la tasa de política monetaria.
El organismo internacional ha sido claro al calificar la política monetaria actual como “restrictiva”, incluso frente a un contexto local caracterizado por una inflación persistentemente baja y negativa durante gran parte de los últimos dos años.
El Banco Central se encuentra atrapado entre dos fuerzas. Por un lado, la legítima preocupación de blindar a la economía frente a los choques externos provenientes del Medio Oriente y las políticas comerciales de Estados Unidos. Por el otro, el peso interno de una política monetaria restrictiva que frena el potencial de los sectores productivos, encarece el crédito y, según coinciden analistas y el propio FMI, desperdicia un margen de maniobra todavía existente.
