Las personas jurídicas fueron uno de los motores que impulsaron la recuperación del impuesto sobre la renta después de la pandemia. Sin embargo, ese motor perdió fuerza durante los últimos dos años.
Los pagos del impuesto sobre utilidades realizados por empresas y otras personas jurídicas crecieron con fuerza entre 2021 y 2023, cuando alcanzaron su punto máximo reciente, pero desde entonces retrocedieron y todavía no habían recuperado ese nivel al cierre de 2025.
El comportamiento se observa después de eliminar el efecto de la inflación y expresar toda la recaudación en colones de diciembre de 2025. La recaudación proveniente de empresas alcanzó los ¢1,22 billones en 2023, después de crecer un 22% en dos años; pero luego retrocedió a ¢1,14 billones, para una caída del 7%.
El resultado completa otra pieza del rompecabezas que explica el menor dinamismo del impuesto sobre la renta durante los últimos cinco años: su principal base de ingresos, la renta empresarial, dejó de proporcionar el crecimiento que había generado durante la recuperación posterior a la pandemia.
Eso no significa que la recaudación empresarial se encuentre por debajo de los niveles previos a la pandemia. En términos reales, es considerablemente mayor que en 2019. El problema reciente es otro: después del fuerte crecimiento que culminó en 2023, los ingresos por utilidades empresariales dejaron de avanzar.

El impulso hasta 2023
Las personas jurídicas pagan el impuesto sobre las utilidades obtenidas mediante sus actividades lucrativas. Dentro de este universo aparecen principalmente empresas privadas, pero también entidades públicas sujetas al tributo.
La recuperación posterior a la crisis sanitaria produjo un aumento importante de sus pagos.
Entre 2021 y 2023, la recaudación real procedente de las personas jurídicas aumentó en ¢220.000 millones (en colones actuales), lo cual marcó el máximo de los últimos cinco años.
Los ingresos, sin embargo, luego bajaron ¢137.000 millones en 2024 y apenas consiguieron crecer ¢48.000 millones en 2025.
En otras palabras, el salto de 2023 marcó un máximo que todavía no se había recuperado hasta el cierre del 2025.
Este comportamiento es particularmente relevante porque las personas jurídicas constituyen la principal fuente del impuesto sobre la renta costarricense, en términos generales. En 2025 generaron cerca de ¢1,14 billones, equivalentes al 46,4% de los ¢2,45 billones recaudados por todas las ramas del tributo. Por eso, incluso variaciones relativamente pequeñas en sus pagos pueden tener un impacto apreciable sobre la evolución general de la recaudación y las finanzas estatales.
Los pagos provenientes de empresas públicas registraron una caída real del 19% entre 2023 y 2025; pero las empresas privadas también retrocedieron (un 6%) y, como aportan varias veces más recaudación, representaron una pérdida mayor: ¢61.000 millones frente a ¢28.000 millones, aproximadamente.
¿Qué pasó después de 2023?
Una disminución del impuesto sobre las utilidades tampoco significa necesariamente que exista más evasión o menos empresas. El tributo depende precisamente de las utilidades gravables, no simplemente de las ventas o del crecimiento de la economía, por lo que una empresa puede aumentar su producción y, al mismo tiempo, registrar menores ganancias por cambios de costos, gastos deducibles u otras condiciones.
En ese contexto, el tipo de cambio podría ser un elemento relevante. El colón se depreció fuertemente hasta mediados del 2023 y luego empezó una fase de apreciación, totalmente contraria; un comportamiento que pudo afectar los resultados expresados en moneda nacional de compañías cuyos ingresos se generan en dólares.
Fernando Rodríguez, investigador de la Universidad Nacional (UNA) y exviceministro de Hacienda, considera que el tipo de cambio es una de las principales explicaciones para el comportamiento reciente. El efecto, advirtió, no se limita a las zonas francas, sino que existen numerosas empresas dentro del régimen definitivo costarricense que venden bienes y servicios al exterior, trabajan en actividades como turismo o simplemente facturan en dólares.
En momentos de apreciación, ese tipo de empresas pierde por dos vías. Por un lado, sus ganancias en dólares se convierten en menos colones a la hora de tributar y, por otro, pueden registrar otras pérdidas cambiarias contables. “Evidentemente”, señaló Rodríguez, “el tipo de cambio es la variable que más se ha movido” en los últimos años.
Elian Villegas, exministro de Hacienda, coincide en señalar al tipo de cambio como una variable que puede afectar las utilidades empresariales. Sin embargo, añade que el crecimiento económico reciente del país se ha concentrado en las empresas de zona franca y una parte importante de esas entidades disfruta de períodos relevantes de exoneración del impuesto sobre la renta.
En eso también coincide Rodríguez, quien ha señalado en entrevistas recientes con EF que ve un desacoplamiento entre el crecimiento de la producción nacional y la recaudación por utilidades. A su criterio, el país necesita nuevos motores productivos, más vinculados con la economía local y capaces de generar ingresos fiscales.
“Si nosotros creciéramos un punto porcentual más por año durante los próximos 10 años, podríamos rápidamente empezar a ver cómo la deuda se va reduciendo”, explicó. “Necesitamos un sector que dinamice la recaudación de impuestos porque lo que hemos tenido hasta ahora es un sector muy dinámico en las zonas francas, pero que no te está generando recursos”, puntualizó.
Villegas también apunta a la baja inflación. Un menor crecimiento de los precios como el que se ha visto en los últimos años, producto de una política monetaria más restrictiva del Banco Central, se traduce en un menor crecimiento de ganancias gravables para la Hacienda pública. Si los precios se estancan, la recaudación suele hacerlo también.

Un motor que dejó de acelerar
Después de impulsar la recuperación de las arcas públicas hasta 2023, los pagos de renta empresariales dejaron de crecer y todavía no recuperan su máximo en términos reales.
El fenómeno no tiene una explicación única. La apreciación del colón puede reducir los ingresos y resultados gravables de empresas expuestas al dólar; las utilidades pueden variar por múltiples condiciones particulares; y una parte creciente de la producción nacional se genera en actividades que disfrutan de incentivos tributarios.
Todo esto ocurre en un contexto en el que organismos internacionales advierten a Costa Rica sobre la necesidad de fortalecer los ingresos tributarios, para evitar nuevos problemas de endeudamiento.
El Fondo Monetario Internacional (FMI) recién indicó en junio pasado que Costa Rica necesita una reforma que amplíe la base tributaria y mejoras adicionales en la administración de sus ingresos para sostener las finanzas públicas en los próximos años.
Los datos no permiten concluir que el problema de las rentas empresariales sea una base estrecha de empresas, ni atribuir el comportamiento a una mayor evasión. De hecho, la recaudación real de las personas jurídicas sigue siendo mayor que antes de la pandemia.
Lo que sí muestran es un cambio de tendencia: las mismas rentas empresariales que habían empujado el impuesto sobre la renta hasta 2023 dejaron de hacerlo y, dos años después, todavía no recuperaban su ritmo. Las utilidades de personas jurídicas representaban casi un 50% de toda la recaudación de renta en 2023; dos años después, su participación había bajado a un 46,4%.
