Elegir entre una tasa fija o variable en los primeros años de un crédito para comprar casa no es un detalle menor dentro del contrato, sino una decisión que puede marcar la estabilidad financiera de un hogar durante ese periodo.
En algunos países como Estados Unidos, predominan las tasas fijas a 30 años. Esto permite planificar mejor la cuota que se pagará durante esas décadas. Sin embargo, en Costa Rica se utiliza un esquema híbrido donde solo se pueden fijar los intereses en los primeros años, después pasa a la modalidad variable hasta saldar la deuda.
La decisión, al principio, requiere analizar implicaciones diferenciadas que pueden representar tanto un riesgo como una ventaja, según su condición financiera.
A continuación, le explicamos cómo funcionan y qué recomiendan las entidades financieras en el país para dar ese primer paso.
La estabilidad suele determinar la elección
Cinco entidades le respondieron a El Financiero cómo funcionan, en la práctica, su esquema de financiamiento y tasas.
Pero antes hay una preferencia que, indicaron, salta a la vista: la mayoría de personas se inclina por la previsibilidad. Por esta razón, la escogencia toma el camino de la tasa fija al iniciar el pago en la mayoría de ocasiones.
Por ejemplo, el Popular y el Banco Nacional ofrecen tasas fijas del 8% en periodos de tres y dos años, respectivamente; el Banco de Costa Rica (BCR) ofrece créditos de vivienda con una tasa fija cercana al 7,95% durante los primeros dos y, en el caso de Coopecaja, puede alcanzar el 8,85% por cinco años antes de pasar a un esquema ajustable.
Según explicó la oficina de prensa del Banco de Costa Rica (BCR), sus números reflejan que alrededor del 90% del total de créditos para vivienda se colocan con tasa fija durante los primeros dos años.
“Esta distribución responde principalmente a la preferencia de los clientes por esquemas que brinden mayor estabilidad en sus cuotas a lo largo del tiempo”, constató la institución.
Este comportamiento se repite en otras entidades. Por ejemplo, Jorge Hernández, gerente de crédito de Coopenae, señaló que los asociados muestran mayor afinidad por las tasas fijas en un principio, mientras que Sujeyny Gamboa, de Coopecaja, coincidió en que los clientes valoran especialmente esa estabilidad inicial.
No obstante, el Banco Nacional describió un panorama más balanceado, con un 55% de colocación en tasa fija frente a un 45% en variable, según su Dirección de Productos de Crédito.
¿Cómo tomar la decisión?
Las entidades financieras coincidieron en una serie de características que pueden ayudarle a guiar su decisión.
La fija permite mantener una cuota estable y protegerse ante aumentos en las tasas de interés, lo que facilita la planificación financiera. Sin embargo, el cliente debe ser consciente de que no se beneficiará automáticamente si esas referencias bajan.
“Cuando uno ve tasas de referencia relativamente bajas frente a su propia historia reciente, tiene sentido pensar que amarrarse a una tasa fija en los primeros años puede ser una buena jugada, porque se compra estabilidad cuando el precio del dinero no luce caro”, aconsejó Josué Rodríguez, asesor y fundador de Sirú Financiero.
Diego Benítez, también asesor financiero, agregó que una tasa fija puede ser más alta que su contraria, pero lo mantiene en un terreno conocido durante un buen tiempo. En la misma línea, la variable puede iniciar con condiciones más favorables y permitir aprovechar reducciones en el mercado, pero "conlleva el riesgo de incrementos futuros en la cuota que no es posible prever, pues puede fluctuar".
Además, recomendó analizar si el crédito incluye tasas piso o techo, ya que funcionan como límites dentro del esquema variable: la primera establece el nivel mínimo al que puede bajar el interés, mientras que la segunda determina el máximo que podría alcanzar, sin importar cuánto suban los indicadores de referencia.
La tasa variable suele calcularse a partir de indicadores del mercado, como la Tasa Básica Pasiva (TBP), que es la más utilizada para operaciones colones, por ejemplo.
Por ejemplo, en el Banco Popular, tras el periodo fijo, los créditos en colones pasan a estar también sujetos a la Tasa de Referencia Interbancaria (TRI) a seis meses más un margen adicional de 2,95 puntos porcentuales, lo que implica que la cuota puede ajustarse periódicamente según el comportamiento de esa base, la cual puede subir o bajar según la política monetaria que dicte el Banco Central, además de otras variables de mercado.
Aunque las diferencias entre estas tasas pueden parecer pequeñas en el corto plazo, en créditos de largo plazo cualquier variación incide en el monto total pagado.
Para dimensionar este riesgo, imaginemos un crédito de vivienda de ¢50 millones a un plazo de 30 años. Al utilizar la fórmula estándar de créditos a plazo, y suponiendo que el cliente inicia con una tasa fija del 8%, su cuota mensual rondará los ¢366.800 durante ese periodo inicial.
Sin embargo, si al pasar al esquema variable al final del tercer año las condiciones del mercado empujan la tasa a un hipotético 10%, la cuota mensual puede subir a cerca de ¢435.000, al recalcularse sobre el saldo pendiente y el plazo restante.
Esto representa un aumento supuesto cercano a ¢68.000 al mes, es decir, alrededor de ¢800.000 adicionales al año que la familia deberá sacar de su presupuesto.
En términos simples, el banco reparte el préstamo en muchas cuotas mensuales y, cada mes, calcula los intereses multiplicando el saldo que queda por la tasa vigente en el momento.
Mientras la tasa es del 8%, los intereses son más bajos y el pago se mantiene en los niveles “familiares” en un principio para el cliente. Pero cuando la tasa sube a 10%, los intereses de cada mes se encarecen y, como todavía queda mucho plazo por delante, la entidad vuelve a repartir la deuda restante, pero ahora con una cuota más elevada.
“Optar por un periodo de tasa fija brinda estabilidad en la cuota a corto plazo. No obstante, si las tasas de interés aumentan, el mayor riesgo se presenta al finalizar dicho periodo, cuando la cuota podría incrementarse. En caso de una tendencia a la baja, quienes están a tasa fija podrían pagar cuotas más altas”, comentó Durán.

Su perfil define la mejor opción
Más allá de las características técnicas, las entidades coinciden en que no existe una opción universalmente mejor, pues la elección depende del perfil financiero de cada persona o familia.
De acuerdo con Rodríguez, si un aumento futuro desacomoda el presupuesto del hogar, la tasa fija inicial normalmente tiene más sentido. Por el contrario, si persona tiene holgura, ingresos estables y capacidad de prepagar, entonces puede tolerar mejor una variable.
“Si el crédito está en colones, también serviría comparar la oferta contra la TBP y la Tasa de Política Monetaria. En dólares, contra la tasa base real del contrato, porque dependiendo del banco puede estar ligada a referencias distintas, no a una sola regla universal”, finalizó.
La decisión no se reduce a escoger la opción más baja en el corto plazo, sino a entender cómo reaccionará el crédito ante distintos escenarios económicos.
Una lectura cuidadosa del contrato, junto con una proyección realista de ingresos y gastos, permite anticipar si el hogar podrá absorber eventuales incrementos o si requiere mayor certeza desde el inicio.
