Opinión: Regular la inteligencia artificial no significa declararle la guerra al progreso; significa reconocer una lección que las sociedades suelen aprender tarde: una tecnología capaz de ampliar nuestras posibilidades también puede ampliar, con enorme velocidad, nuestras desigualdades, vulnerabilidades y abusos.
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Algunos observadores creen que las advertencias contribuyen a proyectar una imagen de enorme poder tecnológico para atraer inversiones al sector.
OpenAI ahora sostiene que los compromisos voluntarios de los desarrolladores de IA ya no son suficientes


