El auge de los péptidos, impulsado por influencers y comunidades de “biohacking”, ha abierto un mercado creciente en Costa Rica que se mueve entre promesas de rendimiento físico y vacíos regulatorios. Mientras algunos de estos compuestos cuentan con respaldo científico y aprobación sanitaria, otros —como el BPC‑157 y el TB‑500— se comercializan en línea sin registro, sin evidencia clínica sólida en humanos y con riesgos aún poco comprendidos.
Promocionados en plataformas digitales como soluciones infalibles para acelerar la hipertrofia muscular, sanar lesiones de tejidos y rejuvenecer la piel, estos compuestos ganan terreno velozmente en el mercado local. No obstante, el panorama es divisivo: mientras la medicina convencional respalda el uso de ciertas variantes controladas, el comercio digital costarricense distribuye libremente sustancias que operan al margen de la ley y cuyos efectos a largo plazo siguen siendo un terreno desconocido.
Según la definición bioquímica, un péptido es una cadena de entre dos y 50 aminoácidos (los que forman las proteínas). Estas moléculas participan en procesos clave del cuerpo como la regeneración celular, la regulación de hormonas, la producción de colágeno y la respuesta inflamatoria.
El cuerpo humano produce miles de péptidos de manera natural, mientras que otros miles se fabrican en los laboratorios de forma sintética. Estos pueden ingerirse, inyectarse o aplicarse sobre la piel, según el tipo de producto y su indicación.
El apogeo de popularidad que han tenido estas sustancias se explica, en buena medida, por productos emergentes promocionados por personalidades de internet que hablan sobre cuidado de la piel, rendimiento físico o biohacking.
Algunos de estos tratamientos cuentan con múltiples estudios científicos que respaldan su seguridad y grado de efectividad. Hormonas como la insulina y la oxitocina son péptidos, al igual que las endorfinas y algunos medicamentos de uso extendido, como los fármacos inyectables para el manejo de la diabetes y la obesidad.
“La garantía de que un producto es seguro y eficaz y que cuenta con evidencia clínica, es un proceso que llevan a cabo las entidades reguladoras como el Ministerio de Salud de Costa Rica. Este proceso implica la evaluación concienzuda de los datos de seguridad y eficacia del producto, entre los cuales se incluyen estudios de estabilidad, validación de métodos analíticos, verificación de la calidad, Certificado de Buenas Prácticas de Manufactura, estudios de seguridad y eficacia, entre otros”, señalan al respecto investigadores del Centro Nacional de Información de Medicamentos de la Universidad de Costa Rica (CIMED-UCR).
Péptidos sin evidencia científica sólida
No obstante, hay otros péptidos, como el BPC‑157 y el TB‑500, que se venden en línea en Costa Rica y se promocionan como “aceleradores de la regeneración de tejidos” o como sustancias que hacen “más rápido el crecimiento de los músculos”, pero no cuentan con registro sanitario por parte del Ministerio de Salud, lo que significa que su comercialización es ilegal.

Tampoco están aprobados por agencias sanitarias como la Food and Drug Administration (FDA) o la European Medicines Agency (EMA) y figuran entre las sustancias prohibidas por las regulaciones de la Asociación Mundial de Atletismo (AMA) en los deportes competitivos.
El influencer estadounidense Joe Rogan, que cuenta con millones de seguidores en YouTube, mencionó en uno de los episodios de su podcast que utilizó una combinación de inyecciones con los péptidos BPC‑157 y TB‑500 para tratar una tendinitis de codo crónica que padecía.
Sin embargo, no existen suficientes estudios científicos con población humana que comprueben la eficacia de estos péptidos para tratar ese tipo de molestias. Su popularidad se basa, sobre todo, en testimonios anecdóticos de personas que señalan una supuesta mejoría a partir de su uso y en un número limitado de estudios realizados en animales.
“Los testimonios personales también tienen importantes limitaciones. Una persona puede atribuir su recuperación al uso de un péptido cuando en realidad la mejoría pudo deberse al reposo, fisioterapia, rehabilitación, nutrición adecuada, otros tratamientos o incluso a la recuperación natural de la lesión. Además, los testimonios no cuentan con grupos de comparación, no controlan el efecto placebo y rara vez documentan de manera objetiva los efectos adversos”, manifiestan los expertos del CIMED-UCR.
Los estudios clínicos en humanos siguen siendo escasos para BPC‑157 y prácticamente inexistentes para demostrar que el TB‑500 acelera la recuperación de lesiones musculares, tendinosas o de ligamentos.

“Los pocos estudios clínicos, registrados con participación de seres humanos, con BPC-157 ilustran precisamente esta situación. Los ensayos disponibles se han enfocado principalmente en aspectos preliminares de seguridad y farmacocinética o continúan en fases tempranas de investigación, por lo que todavía no permiten concluir que el péptido sea eficaz para la recuperación musculoesquelética en humanos”, explicaron los doctores del CIMED-UCR.
Los expertos señalan que, en el caso del TB‑500, la mayor parte de la evidencia científica disponible proviene de investigaciones realizadas con Thymosin β4 (Tβ4), una proteína natural relacionada estructuralmente con el TB‑500.
“Los estudios clínicos realizados con Tβ4 se han enfocado principalmente en procesos de cicatrización cutánea y úlceras crónicas, no en la regeneración de tendones, ligamentos o músculo esquelético, que son precisamente las indicaciones más promocionadas para TB-500 en redes sociales. Por lo tanto, utilizar estos péptidos implica exponerse a riesgos desconocidos y asumir posibles efectos adversos sin que exista evidencia científica suficiente que confirme que los beneficios prometidos realmente ocurren en seres humanos”, mencionaron investigadores del CIMED-UCR en entrevista con El Financiero.

No cuentan con registro sanitario
El Financiero consultó al Ministerio de Salud si los péptidos TB-500 y BPC-157 que se promocionan en redes sociales y se venden en el país, tienen registro sanitario emitido por parte de la entidad. La respuesta fue que “no cuentan con registro sanitario en Costa Rica y su venta es, por lo tanto, ilegal”.
Según indicaron desde esa institución, esos péptidos carecen de ensayos clínicos rigurosos en humanos para demostrar la seguridad en su uso y no están aprobados por diversas agencias sanitarias a nivel global.
“Hay riesgos de seguridad desconocidos, efectos secundarios cardiovasculares como hipertensión arterial, problemas cardíacos o cerebrovasculares, trastornos hormonales, retención de líquidos, dolor articular, neuropatías o alterar el metabolismo de la glucosa y la posibilidad de que los productos presenten contaminación por falta de calidad en la producción, lo que puede llevar a provocar infecciones localizadas o generalizadas”, indicó el Ministerio de Salud en comunicación vía correo electrónico con El Financiero.
Los doctores del CIMED‑UCR advierten que, al no tener registro sanitario, estos péptidos podrían contener concentraciones diferentes a las declaradas, contaminantes e impurezas, especialmente cuando se adquieren a través de internet o redes sociales.

La Ley General de Salud prohíbe la comercialización de medicamentos y productos terapéuticos sin registro sanitario en Costa Rica. Si el Ministerio de Salud detecta el producto en el mercado, se ejecutan sanciones como el decomiso inmediato, la clausura temporal o definitiva del establecimiento comercial y órdenes sanitarias que emiten un mandato legal para retirar el inventario de todas las estanterías o bodegas distribuidoras.
La promesa de vivir más y tener una vida sana asociada a los péptidos BPC-157 y TB-500 y brindada por la comunidad del mercado del biohacking, carece de un respaldo científico fuerte debido a la escasez de estudios clínicos controlados en humanos. Si usted tiene interés por estos productos, los expertos recomiendan que realice una consulta previa al médico para evaluar la administración de un medicamento de este tipo y no basar su criterio únicamente en testimonios anecdóticos que observa en redes sociales.