Rolando Calderón trabajaba en una firma informática atendiendo a un importante hospital privado de Costa Rica. Ahí observó los problemas de los médicos con el manejo de sus consultorios y desarrolló una solución que en la actualidad se transforma por completo.
Él nació en Siquirres, Limón, pero su familia se trasladó a San Isidro de Heredia cuando tenía cinco años de edad. En el año 2001 ingresó al Colegio Universitario de Alajuela para estudiar ingeniería de software y empezó a trabajar como freelancer. Más adelante, continuó sus estudios en la Universidad Latina y, en la actualidad, con una maestría en inteligencia artificial (IA) del Instituto Tecnológico de Monterrey.
En 2004 se incorporó a la desarrolladora Logical Data y formó parte del equipo que atendía a la Clínica Bíblica. Luego estuvo casi dos años en la empresa transnacional EX Squared, de donde salió en 2019 para dedicarse a su proyecto junto con Carolina Piña.
Ella es de La Sabana, en San José. Tras salir de secundaria en el Colegio Los Ángeles, se graduó en 2009 en administración de empresas con énfasis en mercadeo de la Universidad Hispanoamericana, en la sede de Heredia.
A los tres meses ingresó a la agencia de publicidad Móvil Multimedia y tres años más tarde pasó a Arweb, donde lideró un equipo de 15 personas especializadas en redes sociales. Entonces conoció a Rolando, que le presentó su proyecto para el sector de salud.
“Al inicio lo que queríamos hacer era una agenda, nada más”, dice él, “no existía mucha necesidad porque no se contaba tampoco con mucha tecnología. Internet era un problema todavía”.
Como un trabajo extra
Trabajando en la Clínica Bíblica, Rolando observó que los médicos y odontólogos seguían con agendas de papel y tenían expedientes duplicados, generados cuando no localizaban el original.
Tampoco tenían mecanismos de envío de recordatorios de citas y exámenes, por lo que los pacientes asistían sin cumplir las instrucciones obligatorias para los procedimientos clínicos.
El sector requería una herramienta digital. Durante los años 2013 y 2014, Rolando trabajó junto con dos colegas en el software. De los tres, solo él permaneció. Con el sistema “en bruto”, se lo presentó a Carolina.
“Yo le dije: hay que hacer cambios. Esto todavía no está listo para salir al mercado”, le advirtió ella, que se integró de lleno en agosto de 2016.
Tras una sesión de ideas, surgió el nombre de Siku, término suajili que significa “día” y que se relaciona con el concepto de las agendas. También realizaron otros ajustes.
Unas odontólogas conocidas plantearon la necesidad de incorporar los expedientes clínicos y herramientas como el odontograma digital, un mapa dental gráfico que registra cada pieza dental. Así, el servicio empezó a presentarse en ferias del sector.
La clave, empero, fue la inversión de capital de riesgo obtenida. Había futuro, pero faltaba mucho más.
Amadeo Quirós, fundador de Caricaco Venture Capital, invirtió en 2017 y 2018, lo que facilitó la formalización de la sociedad y la contratación de colaboradores. Un año más tarde, también se incorporó a tiempo completo Rolando, que hasta ese momento dedicaba sus jornadas a su empleo y, desde las 5:00 p.m., a la herramienta.
“Amadeo es un pilar estratégico cuando hay tiempos grises u oscuros y no sabemos adónde ir”, afirma Carolina.
El impulso definitivo de la solución ocurrió cuando la factura electrónica se volvió obligatoria. Siku tenía un módulo de recibos que adaptó a los requerimientos del Ministerio de Hacienda. En pocos meses, pasó de 75 a 500 suscripciones.
Desde entonces su clientela se multiplicó casi cuatro veces para llegar a una comunidad de casi 6.000 usuarios, pues hay consultorios y clínicas con más de un usuario. El plan básico cuesta $140 por mes.
Todavía hay mercado por captar. En el país, en 2025, se contabilizaron más de 3.500 clínicas y hospitales, médicos y odontólogos registrados como patronos ante la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS).
Una aplicación médica para la nueva era
Ese crecimiento implicó múltiples cambios operativos, aunque no sin incidentes.
Siku alquiló una oficina en Escazú, pero la crisis sanitaria obligó a almacenar el mobiliario en un apartamento de un familiar de Carolina. En 2022, se estableció en un oficentro cercano al Hospital del Trauma y en 2024 en la sede actual en La Uruca, donde sus 25 colaboradores realizan trabajo híbrido.
De forma paralela, la solución cambió.
En medio de la pandemia, integró la teleconsulta apoyándose en Zoom. “La industria cambió: ahora el consultorio iba adonde el paciente”, dice Carolina.
En la actualidad, se automatiza el 60% del proceso apoyándose en 19 módulos de gestión, incluyendo inventarios y autogestión de pacientes.
Este último facilita solicitar citas durante las 24 horas sin necesidad de personal y los recordatorios se realizan vía WhatsApp, pues no todos los pacientes quieren que los llamen ni todos tienen tiempo para responder a una llamada. Además, la clínica ahorra hasta el 60% del tiempo destinado a comunicarse con sus clientes.
El gran salto de la plataforma es la incorporación de la IA y de los modelos de aprendizaje automático que permiten, entre otras cosas, el reconocimiento de voz. Así, los pacientes —en particular los adultos mayores— programan las citas con notas de voz. El sistema también lo orienta para asignar la consulta al especialista respectivo cuando hay varios en una clínica.
La solución ofrece otras funciones. Por ejemplo, momentos antes de la cita, el sistema genera un resumen en 30 segundos con la información del paciente. Luego, graba y transcribe la consulta, completa el expediente y elimina el audio para resguardar la privacidad. Además, actualiza el odontograma con dictado de voz. Y el algoritmo calcula la probabilidad de ausentismo para organizar los cupos. Todo esto permite captar y mantener clientes.
La solidez de la plataforma, que incluye la integración con los sistemas de imágenes, le permite a Siku internacionalizarse. Hace cuatro meses empezó a darse a conocer en Panamá.
En el próximo mes de septiembre, la firma será patrocinador del Congreso de la Asociación de Cirujanos de Panamá y pocos meses más tarde realizará conferencias sobre la IA en salud en universidades de ese país. La visión es abarcar toda la región.
A la par, se integrarán más funciones, como una dirigida a la recuperación de pacientes en tratamientos de ortodoncia, donde hay mayor ausentismo después de las primeras sesiones.
También se proyecta incorporar otros módulos para digitalizar y automatizar hasta el 90% de la operación de las clínicas y los consultorios.
El cuaderno y los tachones de papel quedaron en el pasado de forma definitiva. El presente y el futuro son más prometedores. “Vamos a seguir desarrollando con IA. Es el futuro, como en otras industrias”, dice Rolando.
