Al integrarse a la estrategia estadounidense Escudo de las Américas, Costa Rica asume un riesgo geopolítico: el país enfrenta ahora el reto de sostener su relación comercial con China, mientras se alinea con una iniciativa de Washington diseñada —entre otros objetivos— para frenar la influencia de Pekín en la región.
Aunque el decreto firmado por Trump no menciona de forma explícita a China, la iniciativa se vincula con la Estrategia Nacional de Seguridad 2025 de Estados Unidos (EE. UU.), documento que plantea la necesidad de impedir que un “competidor no hemisférico” consolide control sobre la región americana y advierte, además, sobre el desequilibrio económico que marca la relación comercial entre ambas potencias.
Costa Rica, por su parte, no ha adoptado públicamente una postura restrictiva frente a su relación comercial y diplomática con la potencia oriental. Sin embargo, algunas decisiones recientes del Gobierno reflejan una mayor sintonía o complacencia con la visión estratégica de Washington.
Además de integrarse al Escudo de las Américas, en 2023 el Poder Ejecutivo publicó el decreto que regula el desarrollo de la red 5G, el cual establece que solo podrán participar en contratos empresas provenientes de países firmantes del Convenio de Budapest sobre ciberdelincuencia, tratado del que China no forma parte.
Asimismo, un episodio reciente volvió a tensar las relaciones. El Gobierno informó que el Instituto Costarricense de Electricidad (ICE) sufrió un ciberataque de posible origen chino.
En medio de este escenario de tensiones geopolíticas, el politólogo Constantino Urcuyo y Carlos Murillo, director del Observatorio del Desarrollo de la Universidad de Costa Rica, coinciden en que el vínculo con la potencia asiática podría mantenerse. No obstante, advierten que será China quien, en buena medida, defina los límites de esa relación en un contexto marcado por el creciente acercamiento de Zapote a las políticas impulsadas por Trump.

Costa Rica en la tensión geopolítica
La tensión entre Trump y Xi Jinping —presidente de la República Popular de China— genera una polarización internacional que segmenta a los países entre aliados de Washington y socios estratégicos de Pekín.
En ese contexto, el Escudo de las Américas agrupó a gobiernos latinoamericanos con orientaciones políticas cercanas a Washington, entre ellos Costa Rica. Tras la convocatoria realizada el 7 de marzo, el gobierno chino guardó silencio durante varios días. Sin embargo, el 10 de marzo la Embajada de China en territorio nacional publicó en su cuenta oficial de Facebook un video crítico hacia la coalición de países latinoamericanos y EE. UU.
La pieza audiovisual animada, titulada “¿Escudo o grilletes?”, muestra a un águila —que representa a la administración Trump— frente a un grupo de palomas que simbolizan a los presidentes latinoamericanos y caribeños. En el video, el águila provoca detonaciones al presionar un botón rojo; segundos después, extrae un escudo y promete proteger a todos cuando las palomas reaccionan alarmadas y piden ayuda.
En otra escena del clip, una de las palomas advierte a su compañera que “tal vez no” es tan genial lo que propone el águila. Acto seguido, el ave termina encerrando a todas las palomas en una especie de jaula mientras afirma que “a veces la seguridad viene con un poco de control”.
La crítica directa a la alianza en la que participó el presidente Rodrigo Chaves Robles constituye la más reciente señal de incomodidad de Pekín frente a las decisiones del gobierno costarricense.
El tema de la ciberseguridad también es un foco de fricción. El 12 de marzo, el Ministerio de Ciencia, Innovación, Tecnología y Telecomunicaciones (Micitt) y el Instituto Costarricense de Electricidad (ICE) informaron en conferencia de prensa que la institución eléctrica experimentó un hackeo atribuido a “un actor de amenaza con posible origen chino”, que habría comprometido sistemas administrativos y correos electrónicos.
Paula Bogantes, ministra del Micitt, explicó que el Gobierno recibió un informe en febrero por parte de la empresa de ciberseguridad Mandiant —firma del grupo Google— en el que se advertía sobre el incidente. Según indicó, el país alertó al gobierno estadounidense con el fin de coordinar esfuerzos para atender la situación.
La denuncia de los jerarcas nacionales ante el ciberataque presuntamente de origen chino causó “sorpresa y decepción” en la Embajada de la potencia oriental. “China no tiene ningún interés en los datos de Costa Rica. La comunidad internacional sabe perfectamente qué país lleva a cabo de manera sistemática escuchas masivas y ciberataques contra otros Estados”, puntualizó la diplomacia china.
“No es el momento de hacer cambios profundos en las relaciones diplomáticas con ningún país”
— Carlos Murillo, director del Observatorio del Desarrollo de la Universidad de Costa Rica.
No es la primera vez que la nación asiática manifiesta incomodidad ante el actuar de los funcionarios costarricenses, ya que en 2024 la embajada expresó su descontento tras el concurso para proveer la red 5G en el país. En un comunicado, señaló que “rechazan categóricamente la politización de cuestiones técnicas y la generalización del concepto de seguridad”.
El Poder Ejecutivo excluyó a la empresa china Huawei para participar como proveedor de la red móvil por no cumplir con los criterios de ciberseguridad del país al corresponder a una nación que no es parte del Convenio de Budapest. El actuar de Costa Rica fue percibido como un guiño al objetivo de seguridad de Washington, donde Pekín es visto como una amenaza en la región.
La relación de Costa Rica con ambas potencias dejó de limitarse al ámbito comercial y diplomático: ahora se proyecta también sobre terrenos estratégicos como las telecomunicaciones y la ciberseguridad.

Relación con las potencias mundiales
La cercanía de Costa Rica con EE. UU. no responde únicamente a la proximidad geográfica. También se explica por el peso determinante que tiene ese país en la estructura comercial costarricense.
EE. UU. recibió el 50% de las exportaciones costarricenses en 2025, consolidándose como el principal destino de las mercancías nacionales, según datos de la Promotora del Comercio Exterior (Procomer).
El flujo de bienes enviados al mercado estadounidense incluso aumentó respecto a 2024 —cuando representó el 47%— en medio del primer año de la política arancelaria de la administración Trump, que impuso inicialmente un gravamen del 10% a ciertas importaciones, posteriormente elevado al 15%.
En contraste, las exportaciones hacia China representaron apenas un 2,5% del total en 2025. Sin embargo, el país asiático se mantiene como el segundo mayor proveedor de bienes para Costa Rica, con un 17,6% de las importaciones, solo por detrás de EE. UU., que concentra el 38%.
“Sacrificar las relaciones entre China y Costa Rica para complacer a otros países no logra ganar el respeto de nadie”.
— Embajada China en Costa Rica.
La propuesta de la Casa Blanca, la cual se expone en la Estrategia Nacional de Seguridad de EE. UU., es que los mercados occidentales adopten políticas comerciales que ayuden a reequilibrar la economía china hacia el consumo doméstico.
Murillo comentó que´, a pesar de las fricciones entre las potencias, EE. UU. y China mantienen relaciones comerciales, las cuales podrían verse interrumpidas y repercutir en Costa Rica si la tensión entra en fase de confrontación armada. De lo contrario, el experto no ve cercana la interrupción total de las relaciones comerciales.
“Por otra parte, la relación que tiene el país con China va a depender del manejo diplomático que haga Costa Rica, el cual ha venido manejando muy mal. Es decir, no tenemos problema con China, pero las acciones y algunas expresiones del lenguaje por parte de las autoridades costarricenses reflejan un cambio profundo en la política exterior y comercial del país”, sostuvo Murillo.
Ante la más reciente acusación de Costa Rica sobre China, la embajada advirtió que “sacrificar las relaciones entre China y Costa Rica para complacer a otros países no logra ganar el respeto de nadie”.
Para Urcuyo, una eventual ruptura diplomática entre ambos países dependería principalmente de la decisión que adopte el propio gobierno chino.
Implicaciones de un rompimiento
Según Urcuyo, para Costa Rica no es estratégico romper relaciones con la República Popular de China. “China está en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y tiene poder de veto. Es un factor de poder a nivel internacional y además es una potencia muy grande con la cual Costa Rica comercia intensamente”, dijo.
Aunque la rivalidad entre Washington y Pekín se intensificó durante la administración de Joe Biden y se profundizó con el regreso de Trump al poder, el gobierno costarricense no ha emitido pronunciamientos directos sobre esta tensión global. Sin embargo, algunas decisiones recientes evidencian una inclinación hacia la órbita estadounidense.
Un ejemplo fue la reacción ante el presunto ciberataque contra el ICE: Costa Rica informó a EE. UU. para coordinar una respuesta, pero no alertó directamente a China. La situación se maneja como un asunto de seguridad nacional debido a que la institución está catalogada como un proveedor de servicios críticos para el país.
La cooperación con Washington en incidentes de ciberseguridad tampoco es nueva. El país ya había recurrido al apoyo estadounidense cuando los sistemas del Ministerio de Hacienda de Costa Rica fueron atacados por el grupo de ransomware Conti.
En esta ocasión, sin embargo, el posible origen chino del ataque añade una dimensión geopolítica más delicada. Durante una visita oficial al país el año anterior, el secretario de Estado estadounidense Marco Rubio advirtió que “la política exterior de EE. UU. es una política en la que es mejor ser amigo que enemigo”.
Tras esas declaraciones, realizadas en la Casa Presidencial en Zapote, el expresidente Óscar Arias Sánchez señaló en 2025 que EE. UU. se comporta como una “nación en búsqueda de un enemigo”. Arias fue precisamente quien, durante su segundo mandato, estableció relaciones diplomáticas con China en 2007 tras romper los lazos con Taiwán.
Un eventual restablecimiento de relaciones con Taiwán tampoco aparece como una opción viable en el corto plazo. Según Murillo, dar ese paso sería un “grave error”, especialmente en un escenario internacional cada vez más inestable.
“Si se incorporan más estados al conflicto en el Medio Oriente, Rusia tendrá que tomar el control de Ucrania y eso le abriría la puerta a China para invadir Taiwán. No es el momento de hacer cambios profundos en las relaciones diplomáticas con ningún país”, aseguró Murillo.
En este escenario, Costa Rica enfrenta un equilibrio delicado. Mientras la relación comercial con China continúa siendo relevante —especialmente como proveedor de bienes—, el peso político, estratégico y económico estadounidense en la región mantiene al país dentro de la órbita de Washington.
Ante la rivalidad creciente entre ambas potencias, el margen de maniobra diplomático de Zapote podría depender menos de sus propias decisiones y más de hasta dónde Pekín esté dispuesto a tolerar ese alineamiento.
