Los cambios internos en Irán tienen una incidencia limitada sobre la economía costarricense. Un conflicto bélico en esa nación, en cambio, reconfigura el tablero global y, aunque todavía no se sienta del todo, tendrá efectos sobre los precios del país.
El cierre del estrecho de Ormuz —por donde transita alrededor de una cuarta parte del comercio mundial de petróleo— interrumpe el flujo energético y presiona al alza los precios del crudo a escala internacional. Ese choque no se limita al combustible: se extiende a toda la estructura de costos. El petróleo encarece el transporte de mercancías a lo largo de la cadena logística, mientras que el gas natural —clave en la producción de fertilizantes— eleva los costos del sector agrícola.
El resultado es un efecto en cascada: mayores costos de traslado, insumos más caros para el agro y, en última instancia, presiones al alza sobre los precios de los alimentos y la inflación. El Fondo Monetario Internacional prevé que la inflación mundial alcance el 4,4% en 2026, aunque en un escenario adverso podría escalar hasta el 5,4%.
En Costa Rica, ese impacto ya comienza a materializarse. La Refinadora Costarricense de Petróleo (Recope) ya anunció aumentos de hasta 32% en los combustibles a partir de mayo, la primera traducción directa de la guerra en Irán en el bolsillo de los hogares.
Los efectos más amplios, sin embargo, se sentirán de forma escalonada. Víctor Umaña, economista de la Academia de Centroamérica, y Federico Quesada, director de la Escuela de Ciencias de la Administración de la Universidad Estatal a Distancia, coinciden en que el impacto se intensificará durante el próximo trimestre, conforme el encarecimiento de insumos se traslade entre sectores.
En paralelo, la relación comercial directa con Medio Oriente rompe la tendencia de crecimiento que había mostrado el último año. La región fue el destino de mayor expansión para las exportaciones costarricenses en 2025, con un aumento de 58,9%, mientras que Irán registró un crecimiento de 1.930%; sin embargo, en los primeros meses de este año no se reportan envíos hacia ese mercado, según datos de la Promotora de Comercio Exterior (Procomer).
Influencia del estrecho de Ormuz
El cierre del estrecho de Ormuz tiene implicaciones directas para economías como la costarricense, incluso sin una relación comercial significativa con Irán. La dependencia de Costa Rica de los mercados internacionales de combustibles hace que cualquier alteración en el flujo global de petróleo se traduzca en aumentos de precio a nivel local.
En el caso de los combustibles, el país importa principalmente desde Estados Unidos, pero esos precios ya reflejan las tensiones en el mercado internacional debido a los golpes en la oferta. Así, aunque el suministro no provenga directamente de Medio Oriente, el encarecimiento del crudo impacta de forma inmediata en los costos internos.
El efecto se amplía hacia otros sectores. La producción agrícola, por ejemplo, depende de insumos cuyo precio está atado a los mercados energéticos, como los fertilizantes elaborados a partir de gas natural. Cuando esos costos aumentan a nivel global, terminan trasladándose a economías importadoras como la costarricense.
De esta forma, el impacto del cierre de Ormuz no responde a un vínculo comercial directo, sino a la exposición del país a los precios internacionales de la energía y de los insumos productivos.
Inflación importada
El encarecimiento de bienes y servicios derivado de la escalada bélica se traduce en un fenómeno de inflación importada.
Durante los primeros 30 días del conflicto, la inflación en Costa Rica registró un aumento de 0,36%, tras mantenerse en terreno negativo. Productos como los paquetes turísticos al extranjero, el pepino, los huevos, el limón ácido, el tomate, las leguminosas verdes y las vainicas experimentaron incrementos de dos dígitos en sus precios, de acuerdo con el Índice de Precios al Consumidor (IPC) a marzo de 2026.
“En el corto plazo podríamos estar ante una crisis inflacionaria, es decir, un aumento sistemático de precios a lo largo de toda la cadena de valor de los alimentos, tanto para consumo humano como animal”, indicó Umaña.
Si bien el IPC a marzo apenas empieza a reflejar los primeros efectos de la guerra, los indicadores globales ya muestran señales más amplias. El costo de los alimentos a nivel global aumentó un 2,4% en marzo respecto a febrero, según datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).
Al desagregar ese resultado, el azúcar registró la mayor alza mensual, con un 7,2%, alcanzando su nivel más alto desde noviembre anterior. “El aumento en marzo se debió principalmente a los precios más altos del petróleo crudo a nivel internacional, lo que generó expectativas de que Brasil, el principal exportador mundial de azúcar, dependería más del etanol a base de caña durante la próxima cosecha”, detalló la FAO en su informe.
En esa misma línea, el índice de precios de materias primas importadas registró en marzo su mayor aumento interanual desde mayo de 2022. El repunte, de 20,4%, rompe la tendencia a la baja observada en los últimos meses y confirma un cambio en el ciclo de costos externos.
La tendencia alcista en los mercados internacionales podría trasladarse con mayor intensidad a la economía costarricense durante el próximo trimestre, “iniciando en el precio de los combustibles, semanas después en los fertilizantes y posteriormente en los alimentos”, comentó Umaña.
Quesada, por otra parte, argumentó que los efectos económicos se sentirán a partir del trimestre siguiente a la desaceleración del mercado estadounidense, lo cual calcula que puede materializarse en un periodo de un mes.
La volatilidad del precio del crudo incide incluso sobre bienes que no utilizan directamente este insumo en su proceso productivo, debido a su efecto en los costos logísticos. El aumento en los combustibles encarece los fletes marítimos de exportación e importación, así como el transporte local. El precio del Brent —principal referencia mundial— se ubicó en $77,74 por barril a inicios de marzo y alcanzó un pico de $118,35 el día 30; al 15 de abril, cerró en $95,67.
Ante este contexto, Recope proyectó aumentos de ¢83 por litro en la gasolina súper, ¢67 en la regular y ¢136 en el diésel.
En medio de la volatilidad propia de un conflicto en desarrollo, el Fondo Monetario Internacional prevé un crecimiento mundial del 3,1% en 2026. No obstante, el organismo advierte que, en un escenario adverso, este podría desacelerarse hasta el 2%.
El Banco Central de Costa Rica (BCCR), por su parte, ajustó su meta inflacionaria ante el entorno global: trasladó el objetivo de ubicar la inflación en torno al 3% (±1 punto porcentual) del segundo trimestre de 2027 hacia el cierre de este mismo año. Aunque el indicador aún se mantiene lejos de la meta, las condiciones internacionales apuntan a un cambio de tendencia.
A estos factores se suma el comportamiento del tipo de cambio, que también incide sobre el costo de las importaciones y, por ende, sobre los precios internos. El tipo de cambio cerró el 15 de abril en ¢457,61 en promedio ponderado, su nivel más bajo en poco más de 20 años, en un contexto en el que el Banco Central de Costa Rica (BCCR) ha intervenido en el Mercado de Monedas Extranjeras (Monex) para suavizar la caída del dólar.
Productos afectados
Además de los fertilizantes, productos como plásticos, tuberías de PVC, empaques (bolsas plásticas y botellas PET), el queroseno —utilizado como disolvente y en insecticidas— y la parafina (derivados de cera) figuran entre los más sensibles al encarecimiento, debido a su origen en los hidrocarburos, según la Cámara de Exportadores (Cadexco).
Esto implica que el impacto no solo se traslada por el costo de las materias primas o el transporte, sino también por los insumos asociados al empaquetado y comercialización de los bienes.
Umaña agregó a la lista productos como el trigo, el maíz amarillo y la soya —estos últimos utilizados en alimentación animal—, cuya producción depende de fertilizantes.
El maíz, por ejemplo, registró un aumento de 0,9% en su valor internacional en marzo. La FAO indicó que “la amplia disponibilidad mundial continuó presionando los mercados, a pesar de cierto apoyo de la preocupación por la asequibilidad de los fertilizantes antes de la siembra en el hemisferio norte y del impulso indirecto de una mayor demanda de etanol vinculada a precios más altos de la energía”.

A estas presiones se suman factores climáticos. La Cámara Nacional de Agricultura y Agroindustria (CNAA) advirtió que el impacto podría intensificarse ante la eventual presencia del fenómeno de El Niño, que provocaría sequías en el Valle Central, Pacífico Norte y Pacífico Central, así como mayores lluvias y humedad en el Caribe, con el consecuente aumento de enfermedades fungosas.
Más allá del agro, los medicamentos también figuran entre los productos sensibles al encarecimiento, según Umaña. Estos representaron el tercer rubro de importación en 2025, con $875 millones, solo por detrás de los automóviles y otros aceites de petróleo.
A nivel local, los medicamentos registraron un incremento de 0,2% en marzo, según el IPC.
Comercio exterior
Las exportaciones costarricenses hacia Medio Oriente pasaron de generar $99 millones en 2024 a superar los $157 millones al cierre de 2025. El banano lideró los envíos, con $70 millones, equivalente al 44,5% del total exportado a esa región.
En el caso de Irán, las prótesis de uso médico concentraron el 92% de los envíos, mientras que el restante se distribuyó entre desperdicios de aluminio y aparatos eléctricos y electrónicos.
A pesar de este dinamismo, Medio Oriente continúa representando una porción reducida dentro del total exportado por Costa Rica, con apenas un 0,7% de la balanza comercial. No obstante, Quesada advirtió que el crecimiento sostenido de ese mercado podría generar ajustes en la cuenta corriente y propiciar procesos de relocalización a nivel internacional.
Ese impulso reciente muestra señales de interrupción. Al mes de febrero, la Promotora de Comercio Exterior (Procomer) no registra envíos hacia Irán, según su portal estadístico.
Quesada señaló que una eventual depreciación del colón frente al dólar podría “favorecer las exportaciones y la actividad turística”. Pero este escenario también implicaría mayores costos para las importaciones, reforzando así las presiones inflacionarias.
Aunque la relación comercial directa con Irán es limitada, el impacto del conflicto se transmite a través de los mercados internacionales que determinan los costos de la economía costarricense. El encarecimiento de la energía se filtra en toda la cadena productiva: eleva los costos de transporte, presiona los insumos y termina reflejándose en el precio de bienes esenciales.
En ese engranaje, Costa Rica tiene un margen de acción reducido. No incide en la formación de los precios que importa, al ser un importador neto, por lo que los choques externos se incorporan eventualmente en la estructura local.
En caso de un repunte fuerte en la inflación, el Banco Central podría subir su Tasa de Política Monetaria (TPM) para apaciguar las expectativas inflacionarias locales, pero su efecto es limitado al tratarse de un encarecimiento que viene desde afuera del país. Las consecuencias, sin embargo, sí las sentirían los costarricenses: se encarecerían los préstamos y se incentivaría el ahorro en un intento por moderar las presiones inflacionarias sin incidir sobre su origen.
El resultado es un ajuste progresivo que se traslada a los combustibles, a los alimentos y al costo de vida, cerrando el ciclo de transmisión de un choque externo que encuentra en la economía costarricense un canal rápido de propagación.
