Los hogares costarricenses destinan una porción cada vez mayor de su presupuesto a gastos relacionados con la salud. El gasto promedio por hogar aumentó un 20,4% entre 2018 y 2024, descontando la inflación, según la más reciente Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (Enigh) elaborada por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC).
En promedio, las familias gastan ¢44.738 mensuales en productos o servicios relacionados con su salud: ¢7.588 mensuales menos que hace seis años.
El cambio destaca porque el gasto total de consumo de los hogares se mantuvo relativamente estable en el mismo período. En otras palabras, el gasto en salud no solo creció sino que su peso aumentó dentro del presupuesto de los costarricenses.
Una mirada a las últimas cuatro encuestas permite dimensionar ese cambio. La salud representaba un 4,7% del gasto de consumo en 2004 y un 4,6% en 2013; pero después aumentó a 5,6% en 2018 y a 6,5% en la última medición.
Detrás de ese promedio nacional, sin embargo, conviven realidades muy diferentes. Cuánto dinero sale directamente de los bolsillos de los hogares para pagar salud —y en qué se utiliza— está estrechamente relacionado con su nivel de ingreso.
Un asunto de dinero
En 2024, los hogares pertenecientes al primer quintil —el 20% de menores ingresos— gastaron en promedio ¢11.894 mensuales en salud. La cifra aumenta a ¢20.448 en el segundo quintil, ¢29.120 en el tercero, ¢54.205 en el cuarto y llega a ¢108.061 en el quinto, correspondiente al 20% de mayores ingresos.
En palabras sencillas, un hogar del quintil de mayores ingresos desembolsa directamente unas nueve veces lo que gasta uno del quintil de menores recursos.
La diferencia también aparece al medir cuánto representa la salud dentro del presupuesto de cada bloque. En el primer quintil absorbe un 3,9% del gasto de consumo; en el segundo, un 4,6%; en el tercero, un 5,2%; en el cuarto, un 7,1%; y en el quinto, alcanza un 7,9%.
Pero las diferencias se vuelven más pronunciadas cuando se analiza en qué utilizan ese dinero los hogares.
La Enigh divide los desembolsos sanitarios en dos grandes grupos: productos, artefactos y equipos médicos, por un lado, y servicios de salud, por otro.
Los hogares del quintil más pobre destinan en promedio ¢8.486 mensuales a productos y equipos médicos y apenas ¢3.408 a servicios. En el extremo contrario, los del quintil más rico gastan ¢49.990 en productos y ¢58.071 en servicios.
Esto significa que el quintil de mayores ingresos desembolsa unas seis veces más que el de menores ingresos en productos médicos, pero hasta 17 veces más cuando se trata de servicios de la salud.
Productos abajo, servicios arriba
La diferencia se mantiene al observar el resto de los quintiles.
En los tres quintiles de menores ingresos, los productos médicos representan la mayoría de los desembolsos en materia de salud: aproximadamente un 71% del total en el primer quintil, un 68% en el segundo y un 63% en el tercero.
Pero la relación se invierte a partir del cuarto quintil. Allí los servicios pasan a representar la mayoría del gasto sanitario, con un 52%, proporción que aumenta a un 54% en el quinto quintil.
Estos datos no solo muestran que los hogares de mayores ingresos pueden gastar considerablemente más de su propio bolsillo en salud. También evidencian que, conforme aumenta el ingreso, una proporción mayor de ese dinero se destina a buscar servicios como citas, estudios médicos o cirugías.
La brecha también es territorial. Los hogares urbanos gastaron en promedio ¢51.835 mensuales en salud, más del doble de los ¢25.000 de los hogares rurales. La diferencia puede estar relacionada tanto con las distintas condiciones económicas de los hogares de cada grupo como con la disponibilidad de servicios médicos en cada zona, aunque la Enigh no permite determinar cuánto pesa cada factor.
CCSS, una clave
La Enigh mide los desembolsos que realizan los hogares, pero una parte importante de los servicios de salud que recibe la población costarricense se financia colectivamente mediante la seguridad social. Por tanto, no aparece como una compra directa del hogar.
Una encuesta independiente elaborada por la Escuela de Estadística de la Universidad de Costa Rica, también en 2024, ayuda a dimensionar esa diferencia.
El estudio determinó que hasta un 86,4% de las personas en Costa Rica cuenta con algún seguro de la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS). Además, 67,9% indicó que la Caja sería su primera opción para recibir atención médica y hasta un 83,1% dijo que recurriría primero a ella si necesitara una cirugía.
Esas proporciones son altas a nivel general, pero especialmente entre las personas de menores ingresos.
Aunque ambas encuestas utilizan metodologías y clasificaciones económicas diferentes —por lo que sus resultados no pueden cruzarse directamente—, los datos ayudan a interpretar los datos de la Enigh.
Los hogares con menos recursos disponen de menor capacidad para adquirir servicios médicos directamente y la población con mayores dificultades económicas manifiesta una dependencia mucho mayor de la CCSS.
En cambio, los sectores con mayor holgura tienen un margen más amplio para complementar la atención de la seguridad social con servicios pagados desde su bolsillo, aunque eso tampoco signifique que hayan sustituido a la Caja por completo.
Cuando se trata de servicios potencialmente más complejos y costosos, incluso las personas con mayor holgura económica mantienen a la CCSS como primera alternativa. Ante una eventual cirugía, un 88,6% de quienes decían enfrentar dificultades económicas escogería primero a la CCSS, pero también lo haría un 73,6% de quienes aseguraban tener ingresos suficientes para cubrir sus necesidades y ahorrar.
Los medicamentos, en cambio, tienen otro comportamiento. Según la encuesta de la UCR, un 40,6% de las personas obtiene sus medicamentos de farmacias privadas, mientras que un 32,7% asegura recibirlos directamente de la CCSS y un 20,2% combina ambas alternativas.
Esto podría relacionarse con el costo de las medicinas, que suelen ser relativamente más accesibles que los servicios médicos, y la alta disponibilidad de farmacias en el territorio nacional.

El factor del envejecimiento
El aumento del peso de la salud en los presupuestos costarricenses ocurre, además, en medio de una transformación demográfica ampliamente documentada.
En 2004, los hogares estaban integrados por un promedio de 3,7 personas; para 2024, la cifra había disminuido a 2,8.
En ese mismo período, la edad promedio de las personas jefas de hogar aumentó de 46 a 55 años y la proporción de los hogares unipersonales prácticamente se duplicó, al pasar de 9,2% a 18,3%.
La Enigh 2024 muestra, además, que la salud tiene un peso especialmente alto en los hogares cuya jefatura corresponde a una persona adulta mayor. En los hogares encabezados por una persona mayor de 65 años, la salud representa 11,3% del gasto, frente a un 5,2% en aquellos con una jefatura menor.
Los datos disponibles no permiten atribuir directamente al envejecimiento el incremento del gasto sanitario, pero sí muestran que ambas transformaciones ocurren de forma simultánea.
Los hogares costarricenses son cada vez más pequeños y envejecidos, mientras los gastos relacionados con la salud absorben una proporción creciente de sus presupuestos.
