Endeudarse dejó de ser un accidente financiero o una excepción para grandes compras en Costa Rica. Hoy, tres de cada cuatro ticos dicen tener al menos una deuda activa y cada vez más hogares usan el crédito para mantener su estilo de vida o llegar a fin de mes, no solo para comprar carro o casa.
La deuda se consolidó dentro de la infraestructura cotidiana de miles de hogares atrapados entre salarios insuficientes, gastos crecientes y una economía que se percibe cada vez más cara.
La realidad, además, suscita una contradicción evidente. El consumidor costarricense insiste en que el crédito debería usarse con responsabilidad, para construir patrimonio o para enfrentar emergencias; pero, al mismo tiempo, reconoce que lo usa cada vez más para subsidiar sus gastos diarios.
“El costarricense tiene muy claro en qué debería endeudarse, pero la vida no siempre le pregunta”, resume el más reciente informe del Perfil del Consumidor Costarricense 2026, presentado por EF y la encuestadora Unimer.

Deuda omnipresente
El 74% de los costarricenses dice tener al menos una deuda activa, según determinó la encuesta de Unimer para el Perfil del Consumidor de este 2026.
Cerca de una tercera parte de los costarricenses dice tener deudas con almacenes, amistades, banca formal o tarjetas de crédito; mientras que una proporción ligeramente inferior reconoce haberlas adquirido por medio de tasa cero, cooperativas o asociaciones, minicuotas e hipotecas de vivienda.
Ese nivel de endeudamiento es más fácil de comprender cuando se analiza la situación económica de los hogares.
Según los resultados de la última Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (Enigh), publicada en 2025 por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC), solo el 20% de los hogares con mayores ingresos tiene capacidad de ahorro.
En contraste, en los quintiles restantes, los gastos de consumo superan los ingresos disponibles.
Y esa presión también se reflejó en el Perfil del Consumidor. Según determinó el estudio, el 49% de la población no tiene ahorros y un 59% dice que no podría sobrevivir más de un mes si surgiese un imprevisto.
En ese contexto, la deuda empezó a funcionar como un mecanismo de supervivencia para el equilibrio cotidiano.
La contradicción y la culpa
Esa democratización de la deuda se ha desarrollado a pesar de que el costarricense dice ver dos tipos de deudas: un 44% considera “buena deuda” aquella relacionada con patrimonio, vivienda, educación o inversión; mientras que un 52% define “mala deuda” como aquella vinculada a lujos, caprichos o gastos innecesarios.
Ese dato refleja la contradicción más profunda que vive el consumidor tico sobre el financiamiento: por un lado, rechaza moralmente el crédito; pero, por otro, vive cada vez más endeudado.
Se trata de un fenómeno perceptible a través de los datos. Solo un 4% de los costarricenses dicen que buscarían una nueva deuda o un préstamo familiar en caso de que sus ingresos se redujeran, y menos del 10% de la población respalda los créditos para comprar carros, viajar o divertirse. Sin embargo, casi uno de cada dos costarricenses dice que necesita su tarjeta de crédito para sostener su estilo de vida y uno de cada tres asegura que en la actualidad usa fuentes de crédito para costear productos y servicios que antes gestionaba a contado.
El crédito, entonces, se transformó en un mecanismo de equilibrio mensual para miles de hogares. En ese sentido, el informe sostiene que el endeudamiento todavía lleva un estigma de fracaso y de pérdida de control para miles de costarricenses, pero terminó normalizándose más allá de eso.
Estrés financiero
Esa contradicción se traduce en estrés financiero, también relata el estudio.
67% de los costarricenses dice que vivió al menos una situación de estrés financiero en los últimos seis meses, mientras que un 31% dice que tuvo que pagar algo tarde en el mismo período.
Otro 26% dice que pidió prestado a personas cercanas, un 14% asegura que pagó alguna deuda con más deuda y un 10% aceptó haber refinanciado viejas obligaciones para poder continuar pagándolas.
Tal como resume el informe: “saber no es suficiente” y “el descontrol financiero” puede ser “conductual”.
Las presiones para adquirir crédito son múltiples y no solo se explican por la situación de los ingresos, que en muchos casos se mantienen estancados o insuficientes. También hay presiones de gasto relevantes sobre el consumidor.
El estudio encontró que hasta un 43% de la población dice sentir que gastó más de lo que debería en los últimos 30 días, que un 19% se sorprendió al ver su estado de cuenta y que un 16% compró por impulso. Un 15%, además, dice haber usado su tarjeta de crédito por falta de efectivo.
La situación es paradójica y clara: el costarricense no ve una virtud superior en el crédito y algunas veces lo observa como una práctica nociva; sin embargo, su entorno económico es complejo y las opciones de financiamiento son cada vez más abundantes.

Interés comercial
Toda esta situación implica un cambio fundamental para las empresas a la hora de relacionarse con los consumidores costarricenses.
Según el informe, las marcas que logren conectar mejor con sus clientelas no serán necesariamente las que ofrezcan tasas más bajas o créditos más agresivos, sino las que consigan construir narrativas que justifiquen el gasto y el endeudamiento, de modo que logren saltar la barrera de la culpa.
“El costarricense no le teme al crédito”, se lee en el documento, sino “a la deuda que no puede justificar”.
Eso significa que el consumidor actual está dispuesto a endeudarse y lo hace comúnmente, pero que es aún más proclive cuando encuentra un sentido práctico, emocional o patrimonial.
Por eso, la deuda relacionada con vivienda, educación, salud o trabajo parece más aceptable frente a otras opciones que generan más culpa y más resistencia.
Todo esto obliga a cualquier empresa a replantearse sus estrategias de comunicación en el mercado, según el estudio.
Si el 74% de la población tiene al menos una deuda, hablar exclusivamente al consumidor que no está endeudado o ignorar esa presión financiera que enfrenta la mayoría de la población implicaría enfocarse en apenas una minoría del universo.
Las narrativas parecen ser cruciales en este contexto.
El tico sí se endeuda más que nunca, pero no lo hace tan a gusto y lidia con dolores de cabeza que antes no tenía.
