La condena pública de Costa Rica a la República Popular China por las medidas impuestas a buques de Panamá suma un nuevo capítulo a la narrativa que el Gobierno ha venido construyendo en torno a la potencia asiática.
La posición del país, centrada en la preocupación que genera para el comercio mundial el supuesto bloqueo de China mediante “inspecciones arbitrarias e injustificadas en puertos” chinos, coincidió con la crítica expresada por Estados Unidos (EE. UU.) sobre este mismo tema, en un tono que refuerza la lectura de afinidades en el plano internacional.
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Si bien Costa Rica respaldó su postura en la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (Convemar), en los últimos años no ha recurrido a ese tipo de instrumentos internacionales para cuestionar acciones de Washington en ámbitos como el militar o el arancelario, un contraste que aporta matices a la forma en que el país proyecta su posicionamiento hacia ambos actores.
La narrativa de la política exterior costarricense en torno a China evidencia un giro con el paso del tiempo. En 2007 —cuando inició la relación con China—, el entonces ministro de la Presidencia, Rodrigo Arias, señalaba que el acercamiento hacía a la nación asiática acreedora de “la estima y amistad del pueblo costarricense”. Hoy, ese encuadre ha cedido espacio a un posicionamiento más cercano a la lógica estadounidense, donde ha calado la premisa, verbalizada por el secretario de Estado Marco Rubio, de que “es mejor ser amigo que enemigo” del país norteamericano, en medio de una relación cada vez más tensa con Pekín.
Manuel González, exministro de Comercio Exterior (2004-2006) y excanciller de la República (2014-2018), contrastó la narrativa que mantenía el Ejecutivo previo al inicio de las relaciones con China, su desarrollo y la postura actual del país frente a ese socio comercial. A su juicio, ya no existe una línea clara entre el manejo comercial y la política exterior. Además, considera que se ha consolidado una narrativa “más complaciente con Estados Unidos en términos de relación frente a China”.

De la “amistad” al recelo: cómo cambió el relato
El inicio de la relación con China se dio tras la ruptura de relaciones diplomáticas con Taiwán. El segundo mandato de Óscar Arias Sánchez (2006-2010) marcó una nueva etapa comercial y política con Pekín caracterizada como un esquema de “cooperación ganar-ganar”, término que utilizó el entonces embajador en China Antonio Burgués Terán.
Durante la visita del actual mandatario chino, Xi Jinping, en 2013, la posición oficial del Gobierno Chinchilla Miranda se centró en la consolidación de vínculos de amistad, así como en el papel de Costa Rica como “socio estratégico de China en la América Latina”.
Al cumplirse diez años de relaciones bilaterales, ambas naciones sostuvieron que el vínculo estaba caracterizado por la igualdad, la confianza mutua, la cooperación y la ganancia compartida. Entre los elogios también se mencionó “la sinceridad y amistad”.
De acuerdo con Carlos Murillo, director del Observatorio de Desarrollo de la Universidad de Costa Rica, desde 2022 el gobierno de Costa Rica se apartó de los principios y valores de política exterior que habían caracterizado al país desde mediados del siglo XIX, al distanciarse de la neutralidad.
El quiebre en la narrativa se vuelve más evidente en la actual administración. Lo que inició como menciones de los beneficios de la amistad con China por parte de Rodrigo Chaves se diluyó con rapidez, en particular tras excluir a la empresa china Huawei —y a cualquier otra compañía de ese origen— de participar como proveedora de la red 5G. La decisión, sustentada en criterios de ciberseguridad vinculados al Convenio de Budapest, marcó un punto de inflexión al trasladar la relación del terreno comercial a un plano estratégico.
En la seguidilla de decisiones que marcan este viraje destacan la adhesión al Escudo de las Américas, impulsado por Washington, y su vinculación con la Estrategia Nacional de Seguridad 2025 de EE. UU., que plantea la necesidad de impedir que un “competidor no hemisférico” consolide control sobre la región americana.
A esto se suma que, en marzo pasado, el presidente Chaves comentó en una entrevista con el medio de comunicación mexicano Milenio que “estamos reduciendo la injerencia de ese país (China)” y que le dirá a Trump que “Costa Rica está haciendo su tarea”.
Según González, la presión de EE. UU. para distanciar a China del desarrollo de Costa Rica ya se percibía desde que dirigía la Cancillería en el periodo 2014-2018. A su juicio, en ese momento se mantenía una separación clara entre lo político, lo comercial y lo tecnológico; hoy, esa distinción se ha desdibujado y “se encuentra revuelto como una ensalada”.

Narrativa sólida desde China
Mientras la narrativa del gobierno de Costa Rica sobre China se ha endurecido en los últimos años, el país asiático ha optado por sostener un mensaje consistente centrado en el fortalecimiento de la confianza mutua. Así lo reflejó en 2024 el entonces embajador Tang Heng, en un texto titulado Eterna la amistad entre China y Costa Rica, donde reiteró ese eje como base de la relación bilateral.
La línea se mantuvo en 2025, al cumplirse 18 años del establecimiento de relaciones diplomáticas. La embajada china señaló en sus redes sociales que se continuará “fortaleciendo nuestra amistad y creciendo en el siglo XXI”, en un tono que refuerza la continuidad de su discurso.
Este enfoque persiste incluso en un contexto donde Costa Rica ha adoptado decisiones que se acercan a la lógica estadounidense, como su participación en el Escudo de las Américas. En esa misma dirección, la actual embajadora Wang Xiaoyao reiteró en marzo pasado la importancia de profundizar la confianza mutua, evidenciando un esfuerzo por sostener el encuadre original de la relación.
No obstante, esa narrativa encontró un punto de fricción explícito cuando Pekín manifestó “sorpresa” y “decepción” ante declaraciones del Ministerio de Ciencia, Innovación, Tecnología y Telecomunicaciones (Micitt) y del Instituto Costarricense de Electricidad (ICE), que informaron sobre un hackeo atribuido a “un actor de amenaza con posible origen chino”. El episodio introdujo tensiones en un discurso que, hasta entonces, se había caracterizado por su estabilidad.
Para González, la posición de la potencia asiática también se enmarca en la lógica de largo plazo que caracteriza a la diplomacia china. “Los chinos, por lo general, son muy prudentes. Se manifiestan cuando son temas que requieran una manifestación expresa, no son de estar hablando por cualquier mosca que se mueva. Y por otro lado, el concepto del tiempo para ellos es muy distinto al nuestro; ellos están pensando varias décadas adelante y saben que los gobiernos en nuestra región están durante cuatro años, máximo ocho años, y que ya viene otro”, indicó.
Más que reaccionar a cada episodio, la postura de China sugiere una narrativa de continuidad que contrasta con los giros observados en Costa Rica. González y Murillo coinciden en que aún queda por ver si la próxima administración mantendrá el distanciamiento con China o redefinirá el rumbo de la relación bilateral.
