El déficit de capital humano especializado figura entre los principales factores que frenan la innovación en América Latina. Costa Rica no escapa de esa realidad. Así lo advierte el Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe (CAF).
Esa carencia forma parte de los obstáculos estructurales que mantienen a la región atrapada en un “desarrollo inconcluso”. Así lo expone el informe Impulsando el crecimiento en un mundo cambiante, presentado por el CAF en México, donde El Financiero asistió para conocer los hallazgos del estudio.
Frente a esa brecha entre la oferta de talento y las necesidades del sector productivo, una de las apuestas del Gobierno costarricense pasa por importar el capital humano que las empresas requieren, pero no logran encontrar en el mercado local.
La estrategia quedó plasmada en el proyecto de Ley para atraer talento especializado de carácter internacional (25.402). Aunque la iniciativa todavía no ha entrado en discusión en la actual Asamblea Legislativa, Verónica Frisancho considera que la medida puede convertirse en una herramienta útil de transferencia de conocimiento, aunque aclara que el desafío sigue estando en la educación.
El Financiero profundizó sobre esa disyuntiva con Frisancho. “El tema pendiente para nuestra agenda en la región pasa por un rediseño de las currículas escolares”, afirmó la representante del CAF.

Obstáculos estructurales
De acuerdo con el informe, los tres obstáculos estructurales que limitan el crecimiento y profundizan el rezago en el desarrollo son la alta informalidad, la baja innovación y una integración internacional insuficiente.
El estudio también revela que apenas un 14,29% de los investigadores de la región trabaja en el sector empresarial, el segundo porcentaje más bajo del mundo, solo por encima de África Subsahariana, donde la cifra alcanza el 7,49%.
Según el CAF, en ambas regiones la mayoría de investigadores permanecen vinculados al ámbito académico, lo que reduce la disponibilidad de perfiles especializados para atender las necesidades de las compañías.
En el caso de Costa Rica, otro de los frenos aparece mucho antes de llegar al mercado laboral: en las aulas.
La crisis educativa que arrastra el país ha comenzado a traducirse en brechas de aprendizaje cada vez más profundas. El más reciente informe del Estado de la Educación evidenció que estudiantes de 15 años muestran niveles de comprensión lectora comparables con los de un niño de tercer grado de escuela.
Ese rezago termina generando un efecto dominó que alcanza al aparato productivo. Así lo constató ManpowerGroup, al identificar en 2023 que siete de cada diez empleadores en Costa Rica enfrentaban dificultades para encontrar personal con las competencias requeridas.
Al respecto, Frisancho comentó que “estamos un poquito rezagados en cuanto a lo que aprendemos en las aulas y lo que busca el sector privado contratar. Esa adaptación nos está costando mucho más aún con la aceleración de la penetración de tecnologías y de la inteligencia artificial”.

Iniciativa útil, pero no salvadora
La iniciativa impulsada por el Gobierno para atraer talento especializado surge como una respuesta a necesidades inmediatas de empresas vinculadas con investigación, desarrollo e innovación, así como de instituciones educativas que requieren docentes con formación técnica o altamente especializada.
“Si Costa Rica sabe apalancarse en esa importación de talento, para que justamente esas redes se conviertan en mecanismos de transferencia de conocimiento, creo que podría ser bastante exitoso como modelo inicial”, indicó Frisancho.
La representante del CAF advirtió que Costa Rica —y la región en general— enfrenta una encrucijada en la que debe “hacer todo a la vez”, sin depositar sus expectativas de desarrollo en una única medida incapaz de resolver, por sí sola, un problema estructural.
El informe subraya, además, que la innovación y la adopción tecnológica son motores esenciales del crecimiento económico y que, sin herramientas para mejorar procesos de forma continua, las empresas de la región pierden capacidad para crecer y competir.
Bajo esa lógica, la propuesta del Gobierno busca preservar la competitividad del país y evitar que la escasez de perfiles especializados termine erosionando la atracción de inversión extranjera directa. En paralelo, Costa Rica aspira a consolidarse como un polo regional de innovación, objetivo que exige asegurar una oferta sostenida de talento altamente calificado.
Para volver más atractivo ese esquema, el proyecto contempla una serie de incentivos tanto para las empresas e instituciones que incorporen personal extranjero especializado como para los profesionales que decidan establecerse en el país. Entre ellos figura un tratamiento fiscal preferencial, mediante el cual la base imponible se calcularía sobre el 70% del salario devengado —aplicable a remuneraciones que superen el máximo exento del impuesto—, así como la posibilidad de importar hasta dos vehículos libres de tributos aduaneros, entre otros beneficios.
Pero más allá de una estrategia para fortalecer la competitividad del país, el proyecto del Poder Ejecutivo también encierra una admisión implícita: Costa Rica todavía no está formando, ni al ritmo ni en la escala necesaria, el capital humano que demanda el modelo productivo al que aspira.
Frisancho concluyó que el reto para fortalecer el conocimiento “es grande y empieza desde etapas iniciales, ni siquiera desde primaria”.
