Por: Roy Campos.   9 julio

Una vez escuché: “lo contrario a la alegría es la tristeza, no la seriedad”. Por tanto, es posible pasarla bien y, al mismo tiempo, tomarse las cosas en serio. Hacer compatible la amistad con el trabajo es tan legítimo como coherente. En consecuencia, sí existe la amistad en el trabajo, porque implica ilusionarse con los proyectos de quien se quiere.

La amistad entraña confidencia: confiar problemas, temores y expectativas. Por eso la discresión es una regla inviolable de la amistad: hay temas sensibles que no debería conocer nadie más. Esa confidencia también debe ser recíproca: así se logra que las conversaciones sean profundas y no por eso complicadas. Más aún, hacerse vulnerables es lo propio de quienes confían entre sí, porque se asume que la intención mutua es buena, y se hace innecesario interponer barreras.

Para cultivar la amistad no basta coincidir con frecuencia por motivos profesionales. Tampoco es suficiente enviar mensajes, memes y gifs. La amistad requiere tiempo extra, adicional al que se dedica en el trabajo, porque se promueve la espontaniedad familiar y social. En la amistad rige un principio tácito de integridad: no hay “vida privada”.

Hablar con un viejo amigo es como retomar una conversación pendiente de ayer. Al mismo tiempo, los momentos de desconexión pueden ser convenientes, porque nada en exceso es fácilmente llevadero. Los ratos para estar juntos deberían constituir un descanso, e incluso trabajar arduamente, ser menos fatigoso.

Un corazón noble es compatible con la firmeza de carácter.

La nobleza no riñe con la valentía, más bien la agranda; pero este equilibrio no es sencillo. De hecho, pocas cosas son tan dolorosas como despedir a un subordinado que se ha convertido en un amigo; romper relaciones con un socio amigo; o cesar una relación porque no se lograron hacer compatibles la amistad y la profesión.

Para preservar la amistad en campo fértil, es necesario superar la irritabilidad a causa del trabajo, con tal de no transferirla a la relación. Tampoco se asignan pesos desproporcionados a realidades que no lo ameritan, sino que se busca la estabilidad emocional. Tener autoconciencia permite superar los arrebatos del estrés, del cansancio o la ira. Y cuando la armonía se altera, hay que encauzarla pronto, antes de que todo salga de control.

En resumen, la amistad busca tiempo para atender a la persona que se estima, sin descuidar la amistad por el trabajo, o desatender los deberes profesionales por congraciarse con quien se estima.