Por: Roy Campos.   7 octubre

Algunos especialistas hablan de la era antes y después de Zoom. Cuando nos reuníamos cara a cara, procesábamos una gran cantidad de señales no verbales sin esfuerzo: expresión facial, gestos, postura, distancia física, tono y ritmo de voz, entre otros.

Sin embargo, en condiciones virtuales, esa misma actividad demanda mayor energía. Según Richard Cytowic, profesor de neurología en George Washington University, reunirse en línea aumenta la carga cognitiva y consume gran parte de nuestra capacidad mental y emocional. Revistas como Psychology Today le llaman a este fenómeno “Zoom Fatigue”.

Fotografía de Shutterstock
Fotografía de Shutterstock

Pese a ser una herramienta de gran utilidad, Zoom genera muchas quejas, en su mayoría relacionadas con el video: la falta de contacto visual, la tensión por poner atención a muchos participantes, la preocupación por parecer interesados y con buen aspecto. A lo anterior se suman otros aspectos técnicos tales como los retrasos en las transmisiones de sonido, que viajan separadas de las de video en pequeños “paquetes” de información. Esa comunicación en ocasiones llega al destinatario a destiempo, y aunque ensamblar esos datos le corresponde al software, suelen haber fallos, los cuales los intenta resolver el cerebro de manera imperceptible, causando una fatiga a veces inexplicable.

Gianpiero Petriglieri, profesor de Insead Business School, propuso el siguiente ejemplo en una entrevista con la BBC: a la gente le gusta ver televisión porque puedes permitir que tu mente divague, pero una videollamada muy concurrida “es como si estuvieras viendo televisión y la televisión te estuviera mirando”. Para evitar esta fatiga, el Dr. Robert A. Lavine, psicólogo clínico, sugiere algunos consejos, los cuales ampliaremos.

  1. Cambie su imagen. Desactive la cámara y sustituirla por una foto suya. Esto hace que esté menos pendiente de lo que proyecte. O bien, arréglese cómodamente.
  2. Tómese un descanso. Evite reuniones muy seguidas. Genere pausas activas, camine, vaya por un café y prevea algo de tiempo para preparar la siguiente reunión.
  3. Tenga un plan de contingencia. Si tiene problemas técnicos, evite quejarse o disculparse, atienda a cada una de las personas: use pocas palabras y siga adelante.
  4. Cambie el fondo. A veces ayuda refrescar el fondo de su imagen, trasladándose a un lugar diferente con luz y ventilación apropiadas: una ventana o incluso un jardín.
  5. Considere otras formas de comunicarse. Cuando pueda acuda a llamadas por teléfono, mensajes de texto, emails. Vuelva a lo esencial: “back to basics”.
  6. Cambie de dispositivo. En lugar de usar la laptop, utilice su celular, que le permite caminar por la casa, incluso hacer otras tareas si las conversaciones lo permiten.
  7. Valore la necesidad de reunirse. Aunque es más fácil agendar una reunión virtual que presencial, no abuse de este recurso. Evite hacerlo en la medida de lo posible.

La Dra. Suzanne Degges-White, profesora en Northern Illinois University, también recomienda que “la oficina” de su casa sea distinta a su “sala de estar”. Por ejemplo, si se trata del mismo espacio, a la hora de trabajar mejore la iluminación; y en el momento de descansar, retire la taza de café del escritorio. Invente sus propios “trucos” para delimitar la vida laboral de la personal. En síntesis, aprenda a crear muros de contención que le ayuden a cuidar su salud física y mental.