Un sábado de estos, bien tempranito, salí a correr. Era día de fondo y estaba preparado para hacer 20 kilómetros.
Elegí ir hasta el Cristo de Sabanilla, a 10 kilómetros desde mi casa. Ida y vuelta y cumplía con la meta.
Al regresar, cerca del parque de Sabanilla, pasé por la urbanización donde viví poco más de un año allá en 1989. En ese tiempo buscaba trabajo tras mi etapa universitaria.
Mientras salía algo, realizaba trabajos esporádicos. Un amigo preparaba su tesis de doctorado en la Universidad de Costa Rica y realizaba entrevistas a pintores y otros especialistas en artes. Luego me pasaba los cassettes.
Mi tarea era transcribir cada cassette. Yo iba escuchando cada frase y la iba mecanografiando en una máquina de escribir portátil, la misma que utilicé en el curso de tecnología en el colegio unos ocho años antes. Me pagaba por página.
Más tarde, en el 2000, volví a trabajar como freelancer. Cada lunes en la mañana me presentaba en las oficinas de El Financiero con un diskette. Ahí llevaba los artículos que entregaba a la editora de negocios de entonces. Eran los tiempos cuando tener celular o Internet era un sueño.
A mediados de ese año, el 2000, tenía que entregar varios artículos para el primer suplemento de tecnología del periódico.
El 25 de julio, mientras se celebraba la Anexión del Partido de Nicoya a Costa Rica, estaba yo en un café Internet cerca de la Universidad Nacional enviando mis artículos desde mi cuenta de Latinmail.
Esta etapa acabó cuando en octubre de ese año pasé a formar parte de la planilla del periódico.
Otros diez años después, otra vez como freelancer tras un año y medio de experiencia como editor en una revista regional de tecnología, estaba a cargo de artículos gerenciales y de las historias de la sección de Pymes de El Financiero.
Ahora tenía ingreso a una plataforma que, en ese momento, se me antojaba muy parecida a WordPress y en la que se subía el material.
Lo hacía desde mi apartamento en Heredia, cerca de donde estuvieron los cafés Internet del 2000. Pero esta vez, a finales del 2011, ya tenía un enlace a Internet por módem de cable. Esta etapa concluyó a principios del 2012, cuando ingresé a un puesto de editor digital en Grupo Nación.
La transición tecnológica en todos esos casos en que estuve de freelancer no fue difícil. Tampoco era ciencia cuántica. La evolución no se detendrá y lo que viene sí se parece a ciencia avanzada.
El futuro del trabajo remoto y del trabajo freelance se encamina hacia otra serie de cambios.
En la actualidad, las tendencias apuntan a una combinación de inteligencia artificial (IA), especialización profesional, contratación global, trabajo por resultados y creación de ingresos recurrentes.
Si usted piensa en construir una carrera sostenible a largo plazo como freelancer, ya no basta con trabajar desde cualquier lugar: hay que ofrecer habilidades difíciles de sustituir.
Veamos.

La principal prioridad es dominar las plataformas de IA para programar, investigar, diseñar, escribir, analizar datos, atender clientes y automatizar tareas personales, procesos, flujos de trabajo, análisis y consultoría de implementación.
Esto incluye poder automatizar algunas tareas básicas, como gestión de agenda, apuntes o minutas de reuniones, registro de ingresos y gastos. Tome en cuenta que la IA y los agentes de IA requieren algunas medidas de seguridad para que su información no entrene a los modelos de las grandes firmas y tampoco vaya a salir su información financiera en un chat colectivo, como le ocurrió a un ejecutivo en EE. UU.
La prioridad que le sigue: especializarse. Los profesionales generalistas se enfrentan a más competencia en servicios fáciles de estandarizar. Una especialidad que resuelva un problema concreto puede diferenciarle.
Por ejemplo, sabemos que abundan las personas con título y habilidades de mercadeo digital. Entonces, si usted está en este campo, deberá especializarse en mercadeo, publicidad y gestión de plataformas para clínicas.
También puede especializarse en análisis de datos para comercios o en automatización para pequeñas empresas.
Otras especializaciones pueden ser: ciberseguridad, analítica, estrategia de IA o automatización. La digitalización y automatización con IA aumenta la necesidad de proteger sistemas, administrar información y mejorar operaciones.
Estas áreas pueden ofrecer barreras de entrada mayores que los servicios digitales más básicos, algunas requieren actualizarse con un curso sencillo y otras exigen una mayor formación metodológica y técnica.
Una tendencia adicional es la contratación internacional por habilidades. Las empresas suelen contratar talento de otros países para proyectos, contratos temporales o puestos remotos permanentes.
Para quienes vivimos en América Latina, trabajar con clientes de Estados Unidos, Canadá o Europa es normal, pero se debe considerar la competencia, los impuestos, los pagos y las restricciones de contratación.
Todo eso exige mejorar el inglés profesional, aprender a colaborar entre zonas horarias y presentar un portafolio que demuestre resultados.
La razón es sencilla: los freelancers se contratan basados en resultados, no en horas. Cada vez le pedirán que usted desarrolle una solución completa (apoyándose en las herramientas de IA) en lugar de pagar únicamente por el tiempo invertido.
Esto implica que usted deberá ofrecer paquetes definidos, proyectos con entregables, auditorías especializadas y contratos de mantenimiento mensual.
Por ejemplo, en vez de cobrar por actualizar una página web, ofrezca un servicio mensual que incluya mantenimiento, mejoras de conversión y reportes.
En línea con lo anterior, los freelancers están diversificando sus ingresos con productos digitales e ingresos recurrentes: plantillas, cursos, asesorías grupales, licencias, boletines especializados o pequeños productos de software.
Aquí es necesario convertir conocimientos en recursos reutilizables, además de promocionarlos en redes sociales y actualizarlos. No olvide la atención al cliente.
Para todo esto, usted deberá aprender a administrar el tiempo, a comunicarse por escrito y a evitar el agotamiento.
Priorice empresas que evalúen resultados, documenten los procesos, le permitan trabajar sin reuniones constantes y le ayuden a diversificar sus ingresos.
¿Y pensar que, hace unos años, se podía trabajar como freelance con solo una computadora, unos programas informáticos básicos (el Word, sobre todo) y cumpliendo estrictamente los plazos de entrega?
