La oferta hotelera del Gran Área Metropolitana (GAM) se alista para recibir un formato inédito en la región. Con la apertura proyectada para mediados de 2027 en el Aeropuerto Internacional Juan Santamaría (AIJS), la marca Moxy Hotels —propiedad del gigante Marriott International— debutará en Centroamérica con un concepto que reinterpreta el hospedaje urbano tradicional.
¿Qué define a este modelo y por qué la cadena eligió a Costa Rica como su puerta de entrada regional?
Moxy es la apuesta de Marriott dentro del segmento de estilo de vida (lifestyle) enfocado en la flexibilidad, el diseño funcional y la tecnología. A diferencia del concepto hotelero clásico, prescinde de las recepciones tradicionales: la llegada de los huéspedes se realiza directamente en el bar central (Bar Moxy), las habitaciones son compactas para optimizar el espacio y la operación reduce la dependencia del servicio humano directo en favor de la autogestión.
La marca apunta a viajeros independientes y nómadas digitales que priorizan la conectividad de alta velocidad, las áreas sociales dinámicas y la ubicación estratégica por encima de servicios complementarios como el servicio a la habitación (room service) o el personal de botones.
Uriel Burak, vicepresidente de desarrollo para Marriott International en el Caribe y Latinoamérica, explica que la marca busca atender a usuarios que valoran el espacio social sobre el tamaño del cuarto. “Su público objetivo no se define por la edad, sino por la actitud. Son viajeros independientes que priorizan la funcionalidad y la ubicación sobre los excesos, invirtiendo menos en lo que no necesitan”, señaló.
Costa Rica: la punta de lanza del portafolio regional
La elección del país como primer destino centroamericano para Moxy no es casualidad. Costa Rica se consolida como el mercado más maduro y grande para la operación de Marriott en la subregión, sirviendo como laboratorio de innovación para la introducción de nuevas insignias globales.
La cadena estadounidense opera en suelo costarricense una plataforma masiva que abarca 24 hoteles, tres desarrollos residenciales y una propiedad bajo la modalidad de tiempo compartido, sumando cerca de 3.900 habitaciones distribuidas en 17 marcas distintas. Esta diversidad —que abarca desde conceptos urbanos corporativos como Courtyard o AC Hotels hasta resorts de lujo en las costas— brinda a la corporación la escala logística y el volumen de datos necesarios para evaluar el comportamiento del viajero en el Istmo.
El Moxy del Juan Santamaría —que estará conectado a la terminal mediante un puente peatonal y contará con 173 habitaciones así como con kioscos oficiales para el moxy check-in de vuelos en su lobby— busca captar la demanda de pasos breves, tripulaciones aéreas y pasajeros nocturnos. Posteriormente, la cadena prevé una segunda apertura bajo este mismo sello en Barrio Escalante, San José.
Desde la perspectiva corporativa, Marriott descarta que el formato canibalice a sus otras insignias en el GAM. Según Burak, la intención es capturar nichos que buscan opciones más lúdicas y desenfadadas, reservando marcas como Courtyard para perfiles estrictamente corporativos o AC Hotels para el viajero de estilo europeo.
Automatización y choque cultural
Aunque las cadenas internacionales promueven este formato como una evolución enfocada en la espontaneidad y el diseño “cool”, analistas de la industria turística señalan que el trasfondo responde a cambios estructurales de costos operativos y disponibilidad de mano de obra a nivel global.
Susana Guevara, consultora senior en Consuhotel, con más de tres décadas de experiencia en el sector, explica que Moxy refleja una tendencia de automatización que las grandes cadenas norteamericanas vienen acelerando.
“Hay un cambio estructural en el modelo de negocio impulsado por las cadenas globales para reducir costos de operación y paliar la escasez de personal. Esto se evidencia en la eliminación gradual del servicio de botones, la digitalización de reservas y el autoprocesamiento de entrada y salida”, analiza Guevara.
La especialista plantea además que este modelo high-tech (alta tecnología) frente al high-touch (contacto humano) enfrenta matices culturales según el perfil del visitante. Mientras el viajero anglosajón suele priorizar la privacidad, la velocidad y la autogestión, sin percibirlo como una pérdida de categoría, el mercado latinoamericano y ciertas áreas de Europa valoran tradicionalmente la calidez, la cortesía personalizada y la interacción directa con el personal.
El proyecto en el aeropuerto Juan Santamaría pondrá a prueba la adaptación de este modelo en el Istmo: una propuesta de infraestructura hiperconectada que reduce el rozamiento logístico para el viajero en tránsito, en un mercado donde la hotelería independiente y el trato personalizado siguen siendo la norma.
Desarrollado por AZ Hospitality Group y EXPANDD Development and Design, bajo la marca Moxy y con la futura operación a cargo de Remington Hospitality, el proyecto contempla una inversión aproximada de $20 millones y una propuesta orientada a transformar la experiencia de viaje de pasajeros, tripulaciones y visitantes del principal aeropuerto del país.

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