Por: Carlos Cordero.  13 mayo
El predominio de los dispositivos y la conectividad de la población se topa a cada paso. (Foto Mayela López)
El predominio de los dispositivos y la conectividad de la población se topa a cada paso. (Foto Mayela López)

¡La Revolución 4.0, sí existe!

La mentó Carlos Alvarado en el traspaso de poderes. Y dijo más: que no podíamos quedarnos contemplándola.

Tratando de demostrar que están en sintonía, el Presidente y su gabinete llegaron a la Plaza de la Democracia en el bus de hidrógeno de Franklin Chang y hasta se hizo un Facebook Live.

Hay signos de que la nueva generación de gobernantes al menos están enterados.

Un cambio respecto a sus predecesores, de menos mujeres y de más hombres. Y en relación a las elecciones, donde apenas hubo una tímida mención -del mismo Alvarado en uno de los últimos debates- de la transformación digital que vivimos.

La tarea no es fácil ahora que en el Ejecutivo y en la Asamblea hay autoridades más jóvenes, más globalizadas y de más mujeres.

En Costa Rica la “actualización” tecnológica la encabezan las firmas transnacionales y las que están ligadas al mercado externo. Los mercados globales lo exigen.

A medias, sin estar convencidas del todo, van las empresas locales que aplican retazos de tecnologías, casi siempre para probar o por arrastre y casi nunca por innovación.

Con excepciones, claro.

El Presidente Carlos Alvarado y su gabinete llegaron a la Plaza de la Democracia para el traspaso de poderes en el autobús de hidrógeno fabricado en Ad Adstra Rocket, de Franklin Chang, seguido por un nutrido grupo de ciclistas. (Foto Rafael Pacheco)
El Presidente Carlos Alvarado y su gabinete llegaron a la Plaza de la Democracia para el traspaso de poderes en el autobús de hidrógeno fabricado en Ad Adstra Rocket, de Franklin Chang, seguido por un nutrido grupo de ciclistas. (Foto Rafael Pacheco)

El panorama no es mejor entre las pequeñas y medianas empresas, sin volver a ver a esa otra mitad que vaga en la informalidad.

El estudio de Deloitte para EF en el 2017 mostraba que en cada sector -incluido el tecnológico- menos del 40% de las firmas estaban implementando nuevas plataformas.

Es una buena noticia, si se mira el vaso medio lleno. Pero no es suficiente en términos de competitividad, empleo, ingresos y generación de riqueza.

Basta ver a los taxistas, que lo único que han hecho es plantarse con el asunto de la ilegalidad de Uber y no se digitalizan ni cambian su cultura de servicio.

La factura electrónica, otro ejemplo, ha sido el examen que no todos aprobaron en estos cinco meses del 2018.

Muchos la habrían evitado, de no ser porque es obligatoria, más porque manda la costumbre, el miedo a lo nuevo y el vértigo a pensar digitalmente que por evadir impuestos.

En las instituciones las resistencias podrían ser mayores, desde los gremios y por reflejo ludista, de temor a las máquinas.

Fue curioso ver a mucha gente de la tribuna del traspaso de poderes el 8 de mayo sacar los celulares y hacer un video, tomar fotos o hacer un selfie.

Deberán hacer más que eso si queremos ponernos al día y al nivel de países como Estonia o los escandinavos en materia de gobierno y negocios digitales.

O si no queremos seguir como en la época en que se construyeron esos puentes donde solo cabe un carro, debido a la estrechez de mente y no porque estuviera nublado.