El año anterior Costa Rica sufrió una desalentadora sorpresa, cuando Intel anunció que trasladará su operación de fabricación de chips de Belén, Heredia a Asia. Sin embargo, hasta el momento, las exportaciones de circuitos no resintieron la decisión y más bien alcanzaron cifras récord.
El cierre de la planta aquí, reabierta en 2020, es parte de un paquete de acciones de la firma estadounidense, que incluyen una disminución de 25.000 puestos a nivel global, para reducir las pérdidas financieras que en 2024 alcanzaron casi $19.000 millones.
La compañía mantendría en el país más de 2.000 empleados de tiempo completo en las áreas de Intel Products (ingeniería) y en Intel Corporate (servicios globales).
Se espera, sin embargo, que el cierre de la fábrica impacte las ventas externas de microprocesadores.
Desde que Intel cerró la operación de Costa Rica por primera vez en 2014, con un impacto en las exportaciones hasta el siguiente año, las ventas al exterior de circuitos se mantuvieron alrededor de los $59.511 millones en promedio, gracias a la participación de varias compañías de microprocesadores.
Según la Promotora de Comercio Exterior (Procomer), en la actualidad hay unos 30 fabricantes de este tipo de productos electrónicos con exportaciones de más de $12.000 cada uno.
En 2020, con la reapertura de la planta de Intel para hacer frente a la fuerte demanda de chips durante la pandemia, las exportaciones de circuitos tuvieron un salto significativo.
En ese año se triplicaron las exportaciones respecto al 2019. Las importaciones de este tipo de productos también aumentaron, pues las compañías traen las obleas que sirven para extraer cada chip a nivel local.
Los números siguieron aumentando en los años siguientes. Durante 2021, 2022 y 2023 las exportaciones de chips electrónicos promediaron los $507 millones, en 2024 se acercaron a los $1.500 millones y en el 2025 alcanzaron $2.940 millones, superando el récord del 2004.
Disyuntiva global
Es evidente que la operación de la planta en Belén no se detuvo de inmediato tras el anuncio de junio de 2025 del CEO de Intel, Lip-Bu Tan, de trasladarla a Asia.
La decisión se mantiene. “Tras una revisión exhaustiva de nuestro negocio, anunciamos en julio de 2025 cambios que impulsarán una mayor eficiencia y utilización dentro de nuestra red global de manufactura”, respondió Intel el pasado 27 de enero del 2026, ante una consulta de El Financiero.
La firma agregó: “Esto incluye la reducción paulatina y cierre de la planta de Ensamble y Prueba (ATM, por sus siglas en inglés) de Intel en Costa Rica, para consolidar dichas operaciones en Malasia y Vietnam a lo largo de los próximos meses. Estas acciones son necesarias para seguir siendo competitivos en una industria dinámica”.
Intel, sin embargo, enfrenta una disyuntiva a nivel mundial. Por un lado, debe reducir costos para seguir revirtiendo sus pérdidas. Por el otro, enfrenta una mayor demanda de procesadores para computadoras y, en especial, para servidores en centros de datos. Intel apenas da abasto.

“Me decepciona no poder satisfacer plenamente la demanda en nuestros mercados”, admitió Tan en la conferencia virtual con los accionistas del pasado 22 de enero, según The Wall Street Journal. “Estamos en un proceso que durará varios años. Tomará tiempo y se resolverá”.
Las expectativas de un fuerte aumento en las ventas de chips para centros de datos impulsaron las acciones de Intel en los últimos seis meses hasta ese 22 de enero, cuando la compañía dio a conocer los resultados financieros del 2025. También ayudaron el apoyo y la inversión de la Administración Trump, del japonés SoftBank y de la firma estadounidense Nvidia.
Además, la compañía mantiene sus planes para convertirse en fabricante por contrato de chips diseñados por otras empresas. En las últimas semanas habría conseguido un importante cliente, aunque su identidad no fue revelada.
La expectativa de Tan es que los clientes empezarán a tomar decisiones de contratos con proveedores de chips en la segunda mitad del 2026 y la primera mitad del 2027.
Hasta entonces la compañía no realizará grandes inversiones de capital en su próximo proceso de fabricación llamado 14A, un nodo de 1,4 nanómetros que mejoraría los resultados de los actuales productos en rendimiento y consumo energético.
En lo inmediato, la apuesta es la venta de computadoras iniciada en este mes de enero por diferentes marcas ensambladoras con el chip 18A de Intel, un nodo de fabricación de semiconductores avanzado que ofrece mayor rendimiento por vatio y más densidad en sus 1,8 nanómetros de tamaño que nodos anteriores.
Según el Journal, los inversionistas creen que la demanda de esos chips, conocidos como Panther Lake (que obtienen excelentes reseñas en medios especializados como Wired), serían una señal de la futura recuperación de la compañía. Todo depende de los contratos que Intel logre con sus clientes.
Las perspectivas de la industria son muy positivas. La World Semiconductor Trade Statistics (WSTS) pronosticó que las ventas de microprocesadores saltarán de $772.000 millones en 2025 a $975.000 millones en 2026 y que seguirían incrementándose en los años siguientes.
“De cara al futuro, se proyecta que el mercado mundial de chips crecerá sustancialmente”, dijo John Neuffer, presidente y director ejecutivo de la Semiconductor Industry Association (SIA) de EE. UU.
El incremento ocurrirá en todas las categorías de productos.
Lo veremos desde lejos. Por ahora, en Costa Rica, la firma recalcó que las áreas que mantiene en el país continúan siendo una parte clave de sus operaciones globales. “Durante casi tres décadas, Intel ha estado innovando e invirtiendo en Costa Rica y este legado continuará”, recalcó Intel a El Financiero.
