Por: Carlos Cordero Pérez.   12 septiembre
Los fundadores empezaron trabajando en sus casas. Ahora StartX tiene 12 colaboradores en total. (Foto cortesía de StartX)
Los fundadores empezaron trabajando en sus casas. Ahora StartX tiene 12 colaboradores en total. (Foto cortesía de StartX)

¿Es buena idea iniciar un negocio cuando hay una situación económica difícil, el mercado está contraído y hasta existe la posibilidad de perder el empleo que se tiene? ¿Y qué ocurre después, cuando la industria sigue cambiando sin parar?

Yeudy Molina y Jairo Barahona estaban trabajando en una firma transnacional, pero la crisis financiera mundial del 2007 al 2009 aumentó las probabilidades de que esa operación cerrara en el país.

Ambos, que se conocían de cuando estudiaron en el Instituto Tecnológico de Costa Rica, analizaron la idea de crear su propia compañía de informática, StartX Software Consulting hace 10 años.

Por sus contactos y experiencia empezaron a atender clientes en Estados Unidos, brindándoles servicios de consultoría.

“Vimos la oportunidad”, afirma Yeudy.

Empezaron a trabajar desde sus casas, cada uno con su computadora.

Hasta el 2012, año en que abrieron la primera oficina en Belén, la mayoría de contratos que obtenían era de desarrollo de software para empresas o instituciones mediante outsourcing o tercerización.

Jairo Barahona, cofundador de StartX, desde el inicio se dedicó a tiempo completo a la empresa. (Foto cortesía StartX)
Jairo Barahona, cofundador de StartX, desde el inicio se dedicó a tiempo completo a la empresa. (Foto cortesía StartX)

Alguien los contrataba y ellos se encargaban de la programación, pruebas, implementación y puesta en producción.

Para esa época la tendencia empezó a volcarse hacia soluciones que se brindan como un servicio a través de Internet, en lo que se conoce como computación en la nube.

El cambio empujó a StartX a desarrollar ese tipo de servicios, lo que le dio un nuevo impulso a la firma con proyectos más retadores y novedosos, basados en nuevas tecnologías.

Sus aplicaciones permitieron en 2015 a la firma Internap incrementar las ventas por $335 millones.

Otros clientes de StartX han sido HYP3R y, en el país, Laboratorio Nacional de Materiales y Modelos Estructurales (Lanamme), Idioma Internacional, la Promotora de Comercio Exterior (Procomer) y Solagui, entre otras.

StartX creó una plataforma llamada CaptuData que captura información de campo, de forma ordenada e incluso cuando no hay una conexión a Internet, pues se sincronizan cuando hay conexión a la Web.

La solución da una referencia geográfica de la información y tiene capacidad para incorporar fotografías y videos.

Yeudy Molina, CEO y confundador de StartX, dijo que parte de las claves del crecimiento de su empresa han sido la confianza en los colaboradores, entender que se requieren equipos interdisciplinarios y la perseverancia. (Foto cortesía StartX)
Yeudy Molina, CEO y confundador de StartX, dijo que parte de las claves del crecimiento de su empresa han sido la confianza en los colaboradores, entender que se requieren equipos interdisciplinarios y la perseverancia. (Foto cortesía StartX)

No se trata de una promesa.

El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) usa la solución para monitorear el avance de los proyectos de infraestructura que financia. En este caso, se hace el levantado de datos y evidencia de avance realizando un recorrido por la obra, para luego visualizarlo en un mapa.

Hay otros potenciales usos del sistema: seguros (captura de datos de bienes asegurados y de siniestros), agroindustria (mapeo y zonificación de uso de suelos), auditorías (registro de evidencias) e inspecciones y soporte de equipo mecánico y tecnológico.

Apoyándose en sensores, utilizando conceptos de Internet de las cosas, también se puede utilizar en transporte para inspeccionar volumen de tráfico y de pasajeros.

Las aplicaciones son múltiples y cada empresa o institución puede crear su propio formulario, para enfocarse en procesos y transacciones que es imposible monitorear mediante sistemas gerenciales tipo ERP.

“Somos una pequeña empresa y nos ajustamos según la demanda”, dice Yeudy. Actualmente StartX tiene 12 personas y, cuando se requiere, contrata a informáticos para tareas o proyectos puntuales, así como realiza alianzas con otras desarrolladoras.

Una ventaja es que al utilizar plataformas en la nube, como Amazon Web Services, se pueden desarrollar los proyectos combinando recursos propios y contratados, monitoreando el avance.

La capacidad de adaptación tiene sus frutos. Hace tres años se ubicaron en una nueva oficina, siempre en Belén, con más espacio para reuniones, comidas y recreación.

También ayuda la confianza en los colaboradores, entender que se requieren equipos interdisciplinarios y la perseverancia.

“Un fracaso no es una derrota”, recalca Yeudy.

Hace tres años la empresa se trasladó a unas nuevas oficinas con más espacio para su personal. (Foto cortesía StartX)
Hace tres años la empresa se trasladó a unas nuevas oficinas con más espacio para su personal. (Foto cortesía StartX)

Claro que en SpartX han enfrentan las mismas situaciones que otras pymes: falta de financiamiento bancario, dada la rigidez típica en los requerimientos de garantías, y competencia por el talento.

Actualmente se enfrenta un nuevo cambio en el entorno.

La difusión de las plataformas de la llamada Revolución Tecnológica 4.0, que incluyen inteligencia artificial y automatización, lleva a utilizar con más fuerza la Nube para ofrecer soluciones a las empresas e instituciones.

SpartX decidió nadar a favor de corriente profundizando su oferta de soluciones como servicios mediante Internet.

“Un fracaso no es una derrota”, recordó Yeudy Molina, cofundador de StartX.

El cambio no los asusta y más bien sirve para encontrar nuevas oportunidades.

Yeudy recuerda que cuando empezaron a brindar servicios, él se mantuvo trabajando en la firma transnacional y se dedicaba al proyecto de su propia empresa en el tiempo libre.

Jairo, en cambio, salió de la compañía y se dedicó a StartX a tiempo completo, apoyándose en los ahorros, préstamos personales y con el apoyo de la familia.

Sabían que tenían que perseverar y dar una milla extra, pese al sacrificio.

Así duraron un año.

Empezaron a tocar puertas, tratando de convencer a los clientes con la promesa de hacer bien las cosas, pues la experiencia que podían mostrar era en proyectos desarrollados en la firma transnacional y “no eran propios”.

Ahora ya cuentan con una trayectoria, con un portafolio y con casos de éxito.

Para ellos es más fácil hoy en el 2019 que en el 2009, aunque los tiempos de cambio actuales tienen otras exigencias.

“Al final todo emprendedor vive con esa adrenalina”, dice Yeudy.