El mayor temor de los profesionales de hoy y de los que están pensando en qué estudiar es cómo convivir con la inteligencia artificial sin fracasar en el intento. Sin embargo, nos encontramos con una especie de déjà vu, ya hemos vivido algo parecido en varios momentos de la historia y, aunque siempre ha generado caos y temor, hemos logrado superarla y hemos evolucionado hacia nuevas habilidades.
El uso del carbón como reemplazo de la fuerza física, la bombilla que cambió el reloj biológico humano dando paso al trabajo nocturno, las máquinas que transformaron lo artesanal en grandes producciones; y los equipos de cómputo que reemplazaron los cálculos manuales por sistemas computarizados. Todo esto nos lleva a una reflexión: ¿la IA es una amenaza real para las profesiones o solo es el carbón de estos tiempos?
En cada uno de esos momentos históricos se reemplazaron habilidades, pero se desarrollarán nuevas, ese debe ser nuestro mayor foco, ¿cuáles son esas nuevas habilidades?
Aunque esto no fue fácil de entender en su momento para los arrieros de carga, tejedores artesanales, faroleros, calculistas manuales, archivistas físicos, todos ellos fueron reemplazados por aquellos que fueron capaces transformarse y adaptarse a los nuevos cambios.

Si bien es claro que estamos viviendo el momento histórico con más información, mayor rapidez y con la mayor influencia de la tecnología sobre nuestra cotidianidad, debemos tener claridad que aún existen tareas repetitivas, operativas y predecibles que serán reemplazadas; lo que dará lugar a la pérdida a las formas actuales en que trabajamos y la forma en la que vivimos; que el desarrollo de nuestras tareas no esté tan enfocado en lo operativo sino en lo estratégico o sistémico.
Es en este punto que la formación académica puede adquirir gran valor, pero no como la mecánica de obtener un título profesional, sino en desarrollar habilidades que preparen para estos nuevos cambios, que nos gusten o no, ya están pasando.
Según la cumbre del Foro Económico Mundial, celebrada en febrero de 2026, los expertos concluyeron que el 40% de los empleos que conocemos hoy serán reemplazados, y que en países con economías avanzadas la cifra podrá ser del 60%. Además, Uno de cada diez empleos requiere nuevas habilidades, se demandará mayor especialidad, profesiones dobles que se complementen, más detalle y al mismo tiempo, más habilidades blandas (tolerancia a la frustración, resiliencia, manejo de equipos, liderazgo colectivo, capacidad de relacionarse, capacidad de negociación, adaptación y neuroplasticidad), y personas que no solo tengan pensamiento crítico, sino que tengan la capacidad de discernir y una visión sistémica de los negocios que logren medir el impacto.
Es el momento ideal para que las universidades pensemos si estamos formando profesionales o futuros desempleados, porque, aunque el desempleo es latente en la historia, hoy es el momento en que tenemos que cuestionar los sistemas educativos que conocemos y preguntarnos cómo logramos desarrollar más el ser y su capacidad de adaptabilidad y empatía, que serán claves para reinventarse cada vez que sea necesario. En las universidades, debemos dejar de pensar en títulos profesionales. Debemos enfocarnos en transformar humanos.
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La autora es vicerrectora regional de Crecimiento y Experiencia de la Universidad San Marcos y de la Universidad del Istmo.