Por: Rafael Tamames.   Hace 2 días

Seguro que más de una vez has pensado en lo agotador que es aceptar cookies, códigos de pantallas y otros consentimientos que no entiendes para seguir navegando libremente en un medio de comunicación o cualquier plataforma digital que utilice nuestros datos. No es que esté en contra de las regulaciones, pero ¿cuántos nos detenemos a comprender realmente lo que está cediendo?, ¿acaso hemos llegado a esa página obligados a hacerlo?, ¿no piensan que se nos está tratando como niños, que en vez de contarnos la verdad nos la ocultan con términos legales poco apetecibles de leer?

Ahora bien, ¿puede el mercado corregir, de forma natural, los abusos de confianza que suceden en el ámbito del marketing o la explotación poco transparente de los datos? ¿Puede el mercado corregir la actual falta de transparencia y control?

En sentido técnico, es útil regresar a la célebre afirmación de John Gilmore de que los flujos en Internet interpretan el control como un fallo técnico y encuentran automáticamente una ruta distinta de transmisión del mensaje. Es posible que lo que necesitemos no solo sea la legislación, sino garantizar la libre competencia y la ética para que estos flujos sean transparentes a todos los participantes.

Foto: Shutterstock
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La transparencia da credibilidad y sobre esta se construye la legitimidad. Si el medio o la plataforma es transparente y creíble los usuarios la legitiman naturalmente, ese es el mejor consentimiento que se pueda tener, más allá de la aceptación de un aviso legal. Hay estudios que afirman que si Google ofreciera servicios bancarios online muchos usuarios jóvenes los adquirían. ¿Por qué ocurre esto? Porque el usuario entiende que la plataforma es confiable o capaz de darle un servicio de calidad.

Sin embargo no podemos simplificarlo de esta manera, porque así como Google o Facebook son los mejores posicionados en un “mercado de búsquedas”, ese mercado ha sido creado y monopolizado por ellos, un tema que aborda muy bien Peter Thiel en su clásico Zero To One cuando se pregunta: “¿Cuál es esa empresa tan valiosa que no está desarrollando nadie?”. Para el autor, es sabido que crear valor no basta, también necesitamos capturar parte del valor que se crea, tal como lo hizo Google. Que algo crezca y genere un mercado nuevo, una nueva solución, es algo positivo, que ese mercado se transforme en un monopolio que no permita que otros competidores prosperen no, y aquí es donde debería haber marcos jurídicos ágiles que es lo que no ha ocurrido. Llegan siempre después, una vez que los errores ya se han cometido en perjuicio para los intereses de los usuarios. No olvidemos que los más grandes son los que tienen más capacidad de hacer lobby, y a más entes reguladores, más lobbistas potenciales.

Regresando a la protección de las libertades individuales en el marco de Internet, el economista estadounidense y Premio Nobel en economía Peter Diamond, niega la existencia de la privacidad en un mundo donde todo va quedando registrado en una múltiple combinación de data que se auto regula de manera natural, lo que haría cada vez más obsoleta la necesidad de controlar. Al ser toda esta información autocontrolada y utilizada para el beneficio colectivo, la privacidad en cuanto a las particularidades individuales de las personas dejan de tener sentido.

El caso de las apps para la prevención del contagio es un gran ejemplo. Yo no quiero que el gobierno me controle, pero sí el gobierno o empresas, como el caso de Apple y Google, se transforman en un tercero que acceda a mi información para protegerme más allá de lo que yo puedo hacer, compartiendo información individual que sumará para protegernos de manera colectiva, si estoy de acuerdo. Por eso creo que la ética y la transparencia son fundamentales para ir hacia la autorregulación, porque cuanto más regulamos de manera “artificial” más se dificulta la apertura de nuevas formas de hacer las cosas.

Por otra parte, hay otros actores que podríamos contemplar a la hora de validar nuestra cesión de datos. Imaginemos la utilidad que podría tener en este sentido plataformas como Conscore.com. Con este ejemplo quiero graficar que puede haber actores con mejores capacidades y no solo “entes reguladores artificiales” para validar el accionar de plataformas que requieran los datos de los usuarios. No todo tiene que ser una ley, podemos utilizar las herramientas que la transformación digital nos da para informar a los consumidores sobre el tipo de datos que se le están solicitando así como la calidad y seguridad de la plataforma donde se está navegando.

De cualquier manera que busquemos velar por el buen uso de los datos personales el límite lo pondrán cada vez más las personas, siempre y cuando seamos capaces de generar opciones para que su capacidad de decisión tenga autonomía. El usuario va evolucionado, migrando, generando nuevos espacios, el marketing siempre estará buscando nuevos territorios para acercarse a los consumidores, intervenir, filtrarse, conocer sus comportamientos. Lo importante es que las personas puedan escoger a quien ceder sus datos a partir de criterios transparentes.