Opinión

La IA ya no pide permiso

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Imaginemos que una empresa encarga un problema complicado a un grupo numeroso de empleados; encierra a cada uno en una habitación aparte y le dice que resuelva el problema por su cuenta. Pero de algún modo, los empleados encuentran la forma de comunicarse, intercambian consejos, descubren los criterios con los que serán evaluados y, al ver que la tarea es imposible, buscan la manera de engañar al sistema de evaluación. Algunos ocultan lo que han hecho. Uno invade servidores de una empresa vecina para conseguir una ventaja.

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