Hablar de competitividad en Costa Rica ya no puede reducirse a una consigna. Hoy es una discusión sobre el tipo de país que queremos ser en una década marcada por relocalización productiva, aceleración tecnológica, tensiones geopolíticas, presión sobre los costos y disputa global por talento e inversión. Costa Rica llega a este momento con activos importantes: en 2025 la economía creció 4,6% y, aunque para 2026 se proyecta una moderación a 3,8%, el país sigue mostrando una base macroeconómica relativamente sólida frente a buena parte de la región.
La plataforma exportadora también confirma esa fortaleza. En 2025, Costa Rica superó por primera vez los $20.000 millones en exportaciones de bienes y cerró en $22.855 millones, con un crecimiento de 14%. A ello se sumó una señal relevante para la descentralización productiva: el país registró más de 20 proyectos de inversión extranjera directa fuera de la GAM. Pero eso ya no basta. La competitividad no depende de una sola variable, sino de cómo se conectan educación, infraestructura, logística, energía, tecnología, inversión y ejecución institucional.
La primera gran tarea es la educación. No puede seguir viéndose solo como política social; debe entenderse como infraestructura productiva. Costa Rica necesita reforzar aprendizajes básicos, generar reenfoques en STEM, inglés, formación técnica, habilidades digitales y una mejor articulación entre empresas, universidades, INA y sistema educativo. La alerta es seria: en matemáticas, apenas el 28% de los estudiantes costarricenses alcanzó al menos el nivel básico de desempeño medido por PISA. Preparar talento para la manufactura avanzada, los servicios intensivos en conocimiento y la economía digital ya no es opcional.

La segunda tarea es logística e infraestructura crítica. Moín y la plataforma exportadora son fortalezas, pero el país sigue cargando costos de congestión, un puerto en el Pacífico que urge reconstruir, tiempos muertos y baja articulación. El Estudio Nacional de Logística identificó precisamente a la infraestructura y la conectividad como cuellos de botella centrales para consolidar a Costa Rica como hub logístico. Competir es lograr que la mercancía llegue a tiempo, cruce fronteras con agilidad y se mueva con trazabilidad y menor incertidumbre.
La tercera tarea es convertir la inteligencia artificial y la conectividad en herramientas reales de productividad. Costa Rica ya posee una estrategia nacional de IA y el despliegue de 5G avanza con cobertura prevista para 134 distritos alejados, lo que puede ampliar inclusión digital y productividad territorial. Pero el valor real no estará en la estrategia, sino en la adopción concreta: IA para aduanas, logística, análisis de mercados, pymes, educación y gestión pública. Si esa transformación solo llega a unos pocos sectores, la brecha interna crecerá.
La cuarta tarea es defender con firmeza el régimen de zona franca, pero al mismo tiempo fortalecer el régimen definitivo. Las zonas francas concentraron el 64,3% de la IED en 2024 y generaron 197.038 empleos directos, o 265.571 al sumar los indirectos. Sin embargo, en el primer semestre de 2025 las exportaciones bajo zona franca crecieron 14%, mientras el régimen definitivo apenas avanzó 3%. Esa diferencia obliga a impulsar más encadenamientos, financiamiento, digitalización y simplificación para que el tejido productivo nacional no quede rezagado. Asimismo, resulta indispensable avanzar en proyectos estratégicos que fortalezcan la competitividad del país como destino de inversión, entre ellos esquemas como las jornadas 4x3, siempre bajo un enfoque de equilibrio entre productividad, empleo formal y seguridad jurídica.
A ello se suman dos variables sensibles: energía y tipo de cambio. La rebaja tarifaria eléctrica aprobada para 2026, con reducciones que oscilan entre 4,9% y 16,4%, da un alivio importante, especialmente porque la alta tensión alcanzó su nivel más bajo en 15 años. Pero la competitividad requiere algo más que alivios coyunturales: necesita costos previsibles, infraestructura energética confiable y una conversación madura sobre el efecto del tipo de cambio sobre exportadores, agroindustria e industria local.
El verdadero reto sigue siendo ejecutar. Costa Rica diagnostica bien, pero con demasiada frecuencia ejecuta lento. La competitividad debe asumirse como política de Estado, con prioridades claras, coordinación público-privada y metas medibles. Desde la Cámara de Comercio Exterior de Costa Rica (Crecex), esta agenda se observa como una prioridad país. Fortalecer talento, logística, digitalización, zonas francas, régimen definitivo y condiciones de costo no es una aspiración sectorial: es una necesidad nacional. En un mundo cambiante y desafiante, la competitividad no puede administrarse. Debe construirse.
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El autor es presidente de la Cámara de Comercio Exterior de Costa Rica (Crecex).