Opinión

Editorial: Un nuevo año legislativo

Las naturales divergencias del pluralismo democrático harán más empinada la ruta del entendimiento legislativo en torno a ciertos proyectos

Se acerca el fin de una legislatura con resultados mixtos. Por una parte, ha sido importante la cantidad de leyes aprobadas; y por la otra, se han producido nuevas fragmentaciones partidarias que auguran negociaciones más difíciles para el nuevo año legislativo. Los grupos iniciales que conformaron el Parlamento se han segmentado y han surgido subfracciones que modifican sustancialmente la dinámica parlamentaria.

En este contexto, El Financiero creó una base de datos que facilita el control ciudadano sobre la labor legislativa. El proyecto, denominado Curul 58, hará posible saber cómo votó cada uno de los diputados e incluso se podrán documentar sus ausencias. La ciudadanía contará, en la medida en que esta iniciativa se fortalezca, con un importante instrumento para exigir cuentas a sus representantes y evaluar con mayor objetividad sus actuaciones.

Los primeros resultados muestran que esta es, desde 1990, la segunda legislatura de primer año de gobierno en la que se han aprobado más proyectos. Sin embargo, hay que tomar estos números con pinzas, pues habría que hilar más fino para determinar si el año legislativo que está por concluir ha sido también cualitativamente más exitoso que otros Congresos en su primer año de labores.

Este primer año legislativo fue difícil y controversial, quedando marcado por la aprobación de la Ley de fortalecimiento de las finanzas públicas, que significó un triunfo para el Gobierno y sus aliados, pero también engendró la erosión de un importante capital político del presidente de la República, como lo demuestran las más recientes encuestas.

El nuevo año legislativo será diferente, tanto por la cambiante correlación de fuerzas legislativas como por la naturaleza de los proyectos que se tramitarán en Cuesta de Moras.

La fragmentación partidaria surgida de las elecciones se ha complicado con la división de los partidos evangélicos, el conflicto de liderazgos individuales en el PLN, la confrontación entre los partidarios de Rodolfo Piza y sus opositores en el PUSC, los choques entre progresistas y centristas en el PAC, y hasta disidencias en las fracciones más pequeñas (PIN).

La elección del nuevo Directorio Legislativo anuncia turbulencias, particularmente en el PLN donde la subfracción de Roberto Thompson se opone a un directorio multipartidista y propugna por uno de oposición pura y dura. Las heridas que dejará este proceso pueden ser importantes, aunque lo cierto es que la aritmética no le permite cantar victoria aún a ninguno de los candidatos a presidir el Congreso a partir de este 1° de mayo.

El interés general

Las divergencias acentuadas, naturales en el pluralismo democrático, harán más empinada la ruta del entendimiento en torno a ciertos proyectos y alimentarán el fuego del enfrentamiento. Eurobonos, préstamos con organismos multilaterales, ley de extinción de dominio, educación dual, ley de libertad religiosa, proyectos relacionados con el derecho de huelga y nombramientos en el Poder Judicial aguardan aprobación y las mayorías alcanzadas con el plan fiscal no parecieran de fácil repetición.

Como si lo anterior fuera poco, las comisiones de investigación sobre el ICE y las universidades también marcarán la geografía política y podrían anunciar movimientos extraparlamentarios. Los dictámenes de comisiones legislativas llamando a inhabilitar al expresidente Solís Rivera por su irresponsabilidad fiscal, caldean el ambiente y constituyen un precedente importante para el control político y la rendición de cuentas.

La vida política legislativa transitará por rutas más arduas este año. La construcción de mayorías no equivale a unanimidad y en esos procesos se generan distanciamientos entre fuerzas políticas centrífugas, con contusiones que podrían resultar difíciles de sanar. Si a lo anterior sumamos la necesidad que sienten los partidos de diferenciarse para los próximos procesos electorales, el panorama se complica aún más.

El gran tema del próximo año parlamentario no será la firma de acuerdos de papel, sino la construcción cuidadosa de mayorías en torno a proyectos concretos. Los partidos deberán reivindicar en cada convergencia su proximidad con el interés general, a la vez que resguardan su identidad particular, evitando disolverse en el espejismo de consensos artificiales.

La ingeniería de las posibles concordancias deberá ser cuidadosa y prudente, evitando los escollos del acuerdo por el acuerdo, o la oposición irracional de corte electoralista.

La guía deberá ser el interés nacional, sabedores de que este es cambiante y fluido, y que su determinación en cada caso requiere del diálogo, la negociación y las concesiones mutuas, más allá de los intereses particulares de las fuerzas políticas y de los poderes fácticos.

La vida democrática es una búsqueda incesante del bien común, su determinación sólo se logra por medio de la deliberación y uno de los espacios privilegiados para esta es el Parlamento; ahí se dirime la tensión ineludible entre la pluralidad de las diferencias y la urgencia de encontrar puntos de coincidencia que permitan avanzar hacia metas comunes.