Costa Rica recibe cerca de 70.000 pacientes internacionales al año por turismo médico, una actividad que genera aproximadamente $465 millones para la economía nacional, según datos del Banco Central de Costa Rica divulgados por la Cámara Costarricense de la Salud (CCS) a 2025.
El segmento representa el 13,4% de los visitantes internacionales y se distingue por un gasto promedio muy por encima del resto de viajeros. De hecho, cada turista médico desembolsa, en promedio, $6.600 frente a los $1.200 del turista tradicional. Es decir, cinco veces más.
La diferencia no responde únicamente al costo de una consulta, cirugía o tratamiento dental; los pacientes normalmente viajan acompañados, necesitan permanecer en el país para recuperarse o recibir controles posteriores, consumen hospedaje, alimentación, transporte, farmacias, laboratorios y otros servicios durante su estadía.
Estados Unidos es el principal mercado emisor: más del 80% de los pacientes internacionales atendidos en Costa Rica procede de ese país. Por su parte, Canadá aporta cerca del 10%, de acuerdo con la CCS.
Odontología lidera las consultas
Los tratamientos dentales concentran el 42% de la demanda del turismo médico costarricense. Les siguen las cirugías ortopédicas, bariátricas, cardiovasculares, oftalmológicas y oncológicas que, en conjunto, representan 22%; la medicina preventiva, con 16%; y la cirugía plástica, con 10%.
Ahora bien, el peso de la odontología coincide con una tendencia más amplia en el mercado estadounidense.
La Cámara cita un estudio de junio de este año, publicado por el CareQuest Institute for Oral Health bajo el nombre de ”Crossing Borders for Care: Dental Tourism among US Adults”. Este documento estima que 9,6 millones de adultos de Estados Unidos han viajado al extranjero para recibir atención dental.
Según esa investigación, los altos costos de los procedimientos, la ausencia o insuficiencia de cobertura de seguros dentales, así como la posibilidad de combinar tratamiento y vacaciones, impulsan los viajes de pacientes estadounidenses a otros países.
El sector privado costarricense intenta capitalizar esa demanda: la Cámara presentó recientemente Leading Dental Clinics Costa Rica, una iniciativa que reúne a Nova Dental, Da Vinci’s Dental Care, Design Dent, Flikier Dental Institute, Grunhaus Dental, Freer Dental Aesthetic & Implant Center y la Clínica Dr. Alejandro Sáenz.
Las mismas recibieron el sello PROMED Dental Tourism Costa Rica, que, según la Cámara, acredita requisitos vinculados con atención de pacientes internacionales, como especialistas colegiados y bilingües, protocolos de seguridad, infraestructura especializada, coordinación logística, atención personalizada y garantías sobre los procedimientos.
Calidad, costo y recuperación
Costa Rica compite en un mercado donde el precio es uno de los principales factores de decisión, pero no el único.
Los tratamientos médicos realizados en el país pueden costar entre 50% y 70% menos que en Estados Unidos, pero lo cierto es que otros países de América Latina pueden ofrecer tarifas más bajas.
La diferenciación costarricense se apoya en la calidad de la medicina privada, acreditaciones internacionales, profesionales bilingües, tecnología, protocolos de seguridad y estabilidad institucional.
Sergio Restrepo, miembro de la junta directiva de Clínica Bíblica, explicó a EF que los pacientes extranjeros que llegan al país por procedimientos programados buscan, además de un menor costo, servicios hospitalarios comparables a los que encontrarían en su país de origen, en especial Estados Unidos.
“Mucho turismo médico viene a San José a diferentes procedimientos como la ortopedia, odontología, cirugía bariátrica, oftalmología, rehabilitación y cirugía plástica”, comentó.
Por eso, las acreditaciones internacionales, la tecnología de diagnóstico y cirugía, los protocolos de atención y seguridad, además de la disponibilidad de profesionales bilingües son elementos que inciden en la decisión de los viajeros.
Restrepo mencionó que, en la experiencia de Clínica Bíblica, algunas compañías estadounidenses que se autoaseguran han enviado a sus colaboradores a Costa Rica para tratamientos médicos, en busca de menores costos con estándares hospitalarios equivalentes.
El tiempo de recuperación también es parte de la propuesta, pues, tras procedimientos médicos, algunos visitantes extienden su permanencia y optan por una estadía asociada con descanso, naturaleza, nutrición, servicios de bienestar y actividades de bajo impacto.

Un mercado de alto gasto
Los indicadores disponibles muestran que el turismo médico aporta más por visitante que el turismo convencional, pero también que su medición todavía depende, en buena parte, de estimaciones sectoriales.
El interés de clínicas y hospitales por este segmento ocurre en un contexto de competencia regional; países como México, Colombia y República Dominicana participan activamente en el mercado de procedimientos electivos, con ofertas dirigidas a pacientes estadounidenses en áreas como odontología, cirugía estética y bariatría.
Costa Rica ocupa el séptimo lugar entre los destinos mundiales de turismo médico y el segundo de América Latina, detrás de México, según información citada por la CCS. No obstante, la referencia corresponde a la edición 2021 del Medical Tourism Index, la más reciente disponible, por lo que no constituye una clasificación actualizada.
El desarrollo de este negocio mantiene un reto institucional: la reglamentación de la Ley de Promoción y Fomento de Servicios de Turismo de Salud, publicada en enero de 2023, por parte del Poder Ejecutivo.
La normativa plantea impulsar el turismo médico, de bienestar y de salud mediante una articulación entre instituciones públicas y empresas privadas. Para el sector, contar con reglas operativas permitiría fortalecer la promoción internacional, mejorar la recopilación de datos y consolidar mecanismos que brinden confianza a los pacientes.
La oportunidad para Costa Rica está en aprovechar un segmento que combina alto gasto por visitante, tratamientos especializados y una estadía más extensa que la del turismo tradicional.
El desafío será mantener estándares clínicos verificables, garantizar seguimiento para los pacientes internacionales y competir con destinos que pueden ofrecer precios menores, pero no necesariamente la misma combinación de atención médica, conectividad y experiencia turística.
