El mercado automotor de Costa Rica cerró el 2025 bajo una señal de alerta moderada: la importación de vehículos nuevos registró una disminución del 4,82% en comparación con el año anterior. Tras el vertiginoso ascenso pospandemia, la industria parece haber alcanzado un punto de inflexión que obliga a preguntarse si el crecimiento del sector ha tocado su techo o si simplemente se enfrenta a una fase de estabilización.
Para entender el presente, es necesario analizar el comportamiento de las ventas en los últimos años. El 2024 fue un año récord para el sector pues, de acuerdo con datos de la Asociación de Importadores de Vehículos y Maquinaria (Aivema), en ese periodo ingresaron al país 76.828 carros nuevos: un 33% más que en 2023 y un 91% más que en 2022. Esta es una cifra sin precedentes para el país, superando incluso los mejores años prepandemia.
No obstante, como bien dice el refrán, todo lo que sube tiene que bajar: al parecer, el efecto rebote o la efervescencia posterior a la crisis sanitaria comienza a apaciguarse. Según Carlos Aguilar, director ejecutivo de Aivema, la disminución vista el año pasado “corresponde a una normalización de la demanda después de un ciclo de crecimiento importante. El mercado ha aumentado su volumen y las condiciones de acceso a crédito, oferta, condiciones y precios favorecen las oportunidades para adquirir vehículo o renovar el que ya posee”.
Con estos datos en mano, ¿es momento de pensar que el crecimiento del sector automotor en el país ya tocó techo? Lo analizamos con los actores de la industria.
El notable crecimiento que ha experimentado la industria automotriz en Costa Rica durante los primeros años pospandemia podría deberse a una combinación de demanda y condiciones macroeconómicas favorables. Tras el confinamiento de 2020 y la subsiguiente crisis mundial de suministros (microchips y contenedores), se acumuló una gran cantidad de compradores que debieron postergar su adquisición ante la falta de inventario en las agencias.
Con la normalización de la producción en 2023 y 2024, este flujo de clientes generó un mayor movimiento en el mercado, coincidiendo con una fuerte apreciación del colón frente al dólar, lo que aumentó significativamente el poder adquisitivo de los costarricenses para bienes importados.
A este fenómeno se sumó una estabilidad en las tasas de interés y una agresiva oferta de crédito prendario por parte del sector bancario, lo que facilitó el financiamiento de unidades nuevas. Asimismo, la entrada masiva de marcas emergentes (principalmente chinas) con precios competitivos y una robusta oferta tecnológica, junto con los incentivos fiscales para la movilidad eléctrica, terminaron de dinamizar un parque vehicular que hoy apuesta por la eficiencia. En resumen, el crecimiento no solo respondió a una necesidad de transporte privada reforzada por la pandemia, sino a un “momento perfecto” donde el alivio logístico se encontró con un tipo de cambio que abarató el costo de los vehículos en suelo nacional.
La etapa de estabilización
Ahora bien, el mercado parece haber entrado en una fase de estabilización, levantando el pie del acelerador. Gran parte de los consumidores que pospusieron su compra durante la pandemia ya adquirieron su unidad —ya sea nueva o que la cambiaron— entre 2023 y 2024, una vez que los inventarios se estabilizaron.
“En los últimos tres años se ha absorbido parte importante de una demanda acumulada, lo que podría hacer que en los próximos 2 o 3 años veamos un comportamiento más cíclico y con variaciones más marcadas: es decir, un posible ajuste en el volumen de ventas en el mediano plazo, seguido de un repunte cuando coincidan, al mismo tiempo, muchos propietarios llegando al final de la vida útil de su vehículo”, explicó Alejandro Rubinstein, CEO de Grupo Purdy.
De acuerdo con el representante de Purdy, si las condiciones macroeconómicas se mantienen similares a las actuales, el principal determinante del mercado será el ciclo natural de renovación del parque vehicular. Adicionalmente, factores como la evolución tecnológica —motores más eficientes, mayores estándares de seguridad y el avance de híbridos y vehículos de cero emisiones— podrían acelerar la decisión de cambio y sostener el crecimiento en los próximos años.
El criterio de Rubinstein lo comparten representantes de varias concesionarias. Juan Ignacio Sansó, director comercial de Red Motors, afirma que es posible que el mercado de vehículos nuevos en Costa Rica experimente en los próximos años una etapa de estabilización, debido a que el 2024 fue el pico más alto en ventas, por lo que es natural prever que los volúmenes no crezcan al mismo ritmo e incluso puedan mostrar una leve corrección frente a ese máximo alcanzado.
“No interpretamos esta estabilización como un límite, sino como una fase de evolución del mercado. Vemos claramente que aún existe espacio para crecer, no necesariamente en volumen puro, sino en valor, sofisticación y transformación del mix de producto, impulsado por cambios muy claros en las preferencias del consumidor”, dijo Sansó.
Tras un periodo de ventas excepcionales en 2023 y 2024, los representantes de la industria coinciden en que el mercado ha ingresado a una fase de consolidación más que de agotamiento. Tanto Roberto Sánchez, Gerente de Mercadeo de Cori Motors, como Mariela Quesada, Jefa de Ventas de AutoStar, señalan que aún existe un margen de crecimiento saludable impulsado por la renovación natural del parque vehicular y una creciente preferencia por tecnologías más eficientes y sostenibles.

El motor macroeconómico: tasas y divisas dictan la velocidad
Esta visión de las concesionarias sobre una “estabilización saludable” encuentra su fundamento técnico en las variables que hoy mueven las fichas de la economía nacional. Para que ese ciclo de renovación del parque vehicular se materialice, no basta con el deseo del consumidor; se requiere de un ecosistema financiero que mantenga la tracción. Es en este punto donde las expectativas de los directivos coinciden con el análisis de los expertos financieros, quienes observan que el mercado ha pasado de una aceleración agresiva a un ritmo de crucero dictado por el costo del dinero y la estabilidad cambiaria.
Para Josué Rodríguez, economista de Sirú Financiero, el mercado automotriz no ha llegado a un límite absoluto, sino que ha transitado de un modo “cohete” a un modo “meseta”. Esta tesis se sostiene en las proyecciones del Banco Central (BCCR), que estiman un crecimiento del 3,5% en 2026. Bajo este panorama, el sector no enfrenta un estancamiento, sino una expansión con “menos turbo”, donde la velocidad de ventas se ajusta a una economía que crece de forma más pausada pero sostenida.
El principal motor de esta dinámica sigue siendo el binomio de tasas de interés y cuotas mensuales. Con una Tasa Política Monetaria (TPM) en niveles históricamente amigables del 3,25% a inicios de 2026, el entorno favorece el financiamiento de unidades nuevas sin asfixiar el flujo de caja de los hogares. No obstante, el crédito al sector privado —la verdadera “gasolina” de las agencias— muestra señales de cautela, con un crecimiento interanual del 5,4%, una cifra menor al 7,6% reportado en el ciclo previo.
A esto se suma el papel del tipo de cambio como un impulsor silencioso. La abundancia de divisas que llevó al dólar a cerrar el 2025 por debajo de los ₡500 ha abaratado el costo de los vehículos importados y los combustibles, aliviando la presión sobre el bolsillo del consumidor. Sin embargo, la industria se mantiene atenta a la gestión fiscal del Gobierno. Si Hacienda logra captar recursos en el extranjero mediante eurobonos, se reduciría la presión sobre las tasas locales, permitiendo que el financiamiento automotor siga fluyendo sin competir con las necesidades del Estado.
En balance, la perspectiva del experto es clara: “No vemos un techo, vemos una meseta: un crecimiento sostenido, pero más lento, con ventas muy sensibles a la relación tasa/crédito, apoyadas parcialmente por un tipo de cambio bajo y por la transición hacia la electromovilidad”, concluyó Rodríguez.
China domina
Dentro de este escenario de estabilización, China se ha consolidado como el protagonista indiscutible del mercado nacional, representando el 36,8% del total de las importaciones en 2025. Mientras el volumen general de ingresos disminuyó, las unidades provenientes de la nación asiática mostraron una resiliencia única, sumando 26.951 carros (1.207 más que el año anterior). Este dominio se apoya en una oferta agresiva de modelos eléctricos y precios competitivos que han logrado derribar barreras de desconfianza y ganar la aceptación definitiva del consumidor local.
El ascenso chino ha desplazado a potencias históricas que hoy enfrentan una etapa de retroceso en las preferencias locales. Japón, aunque se mantiene en la segunda posición del “top 10”, registró la entrada de 9.723 unidades, lo que significa una caída de más de 2.000 vehículos en comparación con 2024. Una situación similar atraviesa Corea del Sur, que sufrió una disminución de 1.880 unidades, mientras que mercados tradicionales como Brasil y Estados Unidos cerraron la lista con volúmenes que apenas superan los 2.000 y 1.900 autos respectivamente, todos con variaciones negativas respecto al ciclo previo.
No obstante, el mercado también ha abierto espacio para nuevos actores que buscan capitalizar la demanda de modelos de entrada y flotas comerciales. El caso más destacado es el de India, que se ubicó en el tercer puesto del ranking con un crecimiento sobresaliente de 2.742 unidades adicionales entre un año y otro, marcando el incremento más fuerte dentro del listado de proveedores. Esta diversificación sugiere que, ante la estabilización de precios, el comprador costarricense está explorando alternativas fuera de los mercados convencionales, priorizando el valor por dinero y la eficiencia de nuevas plataformas de manufactura.

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