Por medio de sus redes sociales la cadena de origen estadounidense de entretenimiento infantil Chuck E Cheese anunció la semana anterior el cierre de sus operaciones en Costa Rica. No se dieron muchas explicaciones del motivo, simplemente la empresa agradeció a sus clientes por el apoyo brindado desde que llegaron al país en 2018. En ese entonces la inversión rondó los $4 millones.
Aunque tenían importantes planes de expansión, no se concretaron y solo contaban con su local en Plaza Bratsi, en Heredia. La pandemia puso en pausa los planes de llegar a tres establecimientos en sus primeros dos años de operación. La idea planteada inicialmente era que Escazú y Curridabat albergaran los comercios restantes.
Finalmente nada de eso se dará, la franquicia estadounidense ya no tiene planes en suelo nacional. El Financiero contactó a Adriana Álvarez, de la empresa Álvarez y Marín (dueños de la franquicia en Costa Rica) para ampliar las razones del cierre, pero indicó que podía conversar hasta que tuviera autorización de los propietarios de la marca.
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Justamente el mismo año de la llegada de Chuck E Cheese, se sumaba al mercado costarricense Kidzania, una franquicia también dedicada al entretenimiento infantil que inició como el ancla comercial del complejo Oxígeno en Heredia.
Precisamente el suelo costarricense fue uno de los primeros mercados donde inició operaciones.
No obstante, esta empresa no pudo sobrevivir los embates de la pandemia y a mediados del 2020, la firma Cuestamoras (desarrolladora del proyecto Oxígeno) se vio obligada a despedir a 98 colaboradores de Kidzania y ponerle el candado a la franquicia.
¿Qué sucedió?
¿Qué pasó con estas franquicias y por qué no duraron más tiempo en Costa Rica? ¿Se está quedando el país con pocas alternativas de entretenimiento infantil? Lo analizamos.
Para entender mejor la situación, primero tenemos que abordar el giro de negocio donde se desenvolvían ambas franquicias. En el caso de Chuck E Cheese es una marca estadounidense que ofrece distintos juegos tipo arcade y comida. En Costa Rica, su oferta tenía 74 juegos, cinco salas de fiestas privadas, área de comidas y un escenario para espectáculos.
En sus redes sociales, ofrecían paquetes especiales que incluían seis horas de juegos, una entrada al fun house más otra a los inflables por ¢11.990 por niño. Esta promoción se lanzó durante las vacaciones de fin de año, pero según las redes sociales, normalmente solo tres horas costarían ¢28.500.
Por otro lado, había planes de fiestas infantiles con precios desde los ¢10.990 o ¢24.990 por niño, las cuales incluían como mínimo juegos y comida. Eso sí, se requerían al menos 10 menores para proceder con la actividad.
En el caso de Kidzania, su concepto era el de aprender jugando. Los niños visitaban el local, se pagaba una entrada y a cambio recibían dinero simbólico, para consumir dentro del local. Pero si querían más dinero, debían trabajar y, de paso, aprender sobre las distintas profesiones existentes.
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Era una especie ciudad a escala con 36 establecimientos de juegos de rol y 75 actividades en 4.500 metros cuadrados de construcción. Cuando abrió sus puertas, a finales del 2018, se anunció que el costo de las entradas variaría por temporada, pero en ese momento era de ¢6.900 para niños de uno a tres años, ¢11.500 de cuatro a 15 años y de 16 años en adelante ¢8 mil.
¿Qué pesó para el cierre?
Aunque no hay motivos puntuales de los cierres, lo que sí parece sobresalir es el común denominador de ambos negocios: que es el público, específicamente el segmento infantil.
Con las últimas estadísticas demográficas en mano, todo apunta a que este es un público que muestra una tendencia orientada a no crecer. De hecho, según el INEC ya se están viendo cifras de descensos significativos en la cantidad de nacimientos año a año y las proyecciones es que nos volvamos un país cada vez más longevo.
Por ejemplo, en el 2023 (dato más reciente) se registraron 50.205 nacimientos en Costa Rica, mientras que una década atrás la cifra alcanzó un poco más de 70.000. Además, los datos muestran que hay disminuciones desde el 2016.
“Cuando no hay nacimientos suficientes, hay ciertos negocios, ciertos mercados, que empiezan a perder competitividad y los jugadores empiezan a disminuir. Si actualmente hay 20, en cinco años pueden haber 10 y otros cinco años solo cuatro y esos son los que sobreviven”, explicó Orlando Elizondo, asesor de negocios.
Según el especialista, otro factor que puede incidir en que estos negocios no hayan fructificado es el cultural, ya que el público costarricense no es tan seguidor de este tipo de conceptos como sí lo es por ejemplo el estadounidense. “Además, considero que la clase media que podría pagar este tipo de servicios no le da valor a este tipo de entretenimiento, prefieren videojuegos u otro tipo de opciones”, agregó.
Desde la óptica de Federico Quesada, director de la Escuela de Ciencias de la Administración de la UNED, la decisión de Chuck E. Cheese puede responder a una situación de reordenamiento de prioridades por parte del franquiciador, y sus intenciones de explorar nuevas oportunidades y mercados.
Además, consideró que hay nuevas condiciones a nivel global que motivan a las empresas a ajustar sus estructuras productivas, líneas de negocio y participaciones accionarias. Con la llegada de Donald Trump en Estados Unidos también hay que considerar que se pueden dar nuevos incentivos y condiciones locales para las empresas de ese mercado.
“Por el enfoque particular de la franquicia, orientada hacia potenciales consumidores de alto poder adquisitivo, es probable que los movimientos de gentrificación y la movilización del mercado meta hacia otras zonas de más alta plusvalía también hubiesen influido en la decisión, sin embargo, en apariencia, es más un tema de reorganización y búsqueda de nuevas oportunidades”, consideró Quesada.
Casos de éxito
Ahora bien, el concepto de entretenimiento infantil ha sido adoptado desde hace muchos años en comercios como restaurantes, centros comerciales y de otro tipo que cuentan con plays dentro de sus instalaciones y funcionan como alternativa mientras los adultos comen o conversan. Pero también hay alternativas especializadas como Parque Diversiones.
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Este parque fue fundado en 1981. Por la pandemia tuvo que cerrar en el 2020 y reabrió en 2021. Actualmente ofrece una serie de atracciones familiares, opciones de comida y también es posible arrendar espacios para fiestas infantiles. Parque Diversiones suele tener picos de visitación, especialmente en las temporadas donde no hay clases.
Sus precios van desde los ¢2.450 por la entrada general hasta los ¢12.700 por el pase especial y ¢49.650 el especial por un año, más el costo del parqueo, según consta en su página web.
“Si bien Parque Diversiones se asociaba principalmente con el entretenimiento infantil, ha expandido su oferta para atraer a distintos segmentos. Hemos ampliado nuestro público en los últimos años, donde adolescentes y adultos jóvenes también incluyen una visita a Parque, entendiendo que la clave para mantenerse relevante es la innovación. Apuntamos a crear un sentido de pertenencia y que este sea compartido de padres a hijos, de generación a generación”, indicó Marcia Lobo, gerente general de Parque Diversiones.
Este sitio incluso desarrolló Pueblo Antiguo, cuyas instalaciones se alquilan para eventos de empresas y bodas. Eso significa otra fuente de ingresos que no está asociada al segmento infantil y sus temporadas.
El Museo de los Niños es otro de los referentes en este campo, el cual además de sus talleres, atracciones y otros servicios, es también una posibilidad de sede para fiestas de niños. Sus entradas van desde los ¢2.500 hasta los ¢3.000, más el parqueo, que tiene un costo de ¢1.000 por hora.
Otra de las empresas que ha sabido jugar en este segmento es Tukis, una alternativa de juegos arcade, ofrece fiestas infantiles y tiene presencia en ocho centros comerciales del país. Otra línea es que alquilan las máquinas a domicilio.
Este modelo de negocio funciona con la compra de fichas para acceder a los distintos juegos, cuyos precios van desde los ¢600 y hasta los ¢60.000.
Lo que tienen en común estos negocios es que están ubicadas en zonas estratégicas debido a la afluencia de público y suelen tener picos de visitación, como en vacaciones escolares de medio año o en diciembre.
