La decisión de comprar un vehículo de segunda ya no se explica solo por el precio; el mercado entró en una etapa de transformación donde la tecnología, la oferta de autos nuevos más accesibles y un consumidor más exigente están redefiniendo las reglas.
A esto se suma un fenómeno que tensiona el segmento: la rápida evolución tecnológica de los vehículos. Cada año aparecen nuevos sistemas de asistencia, conectividad y seguridad, lo que genera la percepción de que un carro usado puede quedar desactualizado en poco tiempo.
Solo piénselo un poco, hoy es inusual encontrarse un vehículo sin bolsas de aire, pero hace 20 años o más aún circulaban y se vendían unidades sin este sistema de seguridad.
En paralelo, el ingreso de unidades nuevas a precios más bajos introduce una competencia directa que antes no existía con tanta fuerza.
El Financiero conversó con representantes de la industria de vehículos de segunda, quienes coinciden en que este cruce de factores no ha frenado el mercado de usados, pero sí cambió la forma en que los consumidores comparan, evalúan y finalmente toman decisiones.
¿Realmente hay una brecha tecnológica?
Uno de los factores que más influye en la dinámica actual es la velocidad con la que evoluciona la tecnología automotriz, ya que los Sistemas Avanzados de Asistencia al Conductor (ADAS por sus siglas en inglés), pantallas más grandes o integraciones con los teléfonos móviles elevaron las expectativas del consumidor.
Guillermo Fernández, gerente de autos usados de Grupo Q, explica que esta evolución puede inclinar la balanza hacia los vehículos nuevos, especialmente para quienes priorizan confort y tecnología de última generación.
No obstante, a pesar de la velocidad con la que avanza la implementación de sistemas tecnológicos para la asistencia del conductor, no significa que los modelos queden desactualizados al mismo ritmo.
“Un vehículo de hace dos o tres años conserva gran parte de estas innovaciones, ya que muchas de ellas no surgieron recientemente, sino que se han desarrollado de forma progresiva durante la última década”, señaló.
Ahora bien, esa débil brecha se convierte en una realmente significativa en vehículos con más de diez años de antigüedad, donde sí se podría presentar un rezago.
Alejandro Barboza, gerente de usados de Red Motors, introduce otro elemento clave: la tecnología por sí sola no define la seguridad.
En su opinión, algunos vehículos nuevos, incluso con asistencias avanzadas, obtienen calificaciones de seguridad bajas. En ese contexto, insiste en que la base mecánica y estructural (como frenos, control de estabilidad y calidad de materiales) resulta más determinante que la cantidad de sistemas electrónicos.
Para Ana Lucrecia Vargas, directora de mercadeo de Grupo Danissa (Nissan y Audi), la incorporación de ADAS también conforma parte del valor que tiene un vehículo al momento de su reventa.
Para Vargas existen varios puntos con esta tecnología que cambia la percepción y valoración de consumidores. Algunos de estos factores que intervienen en la evaluación son el incremento en el seguridad, la alineación con las expectativas de compradores que considera indispensables algunas de las ADAS, para algunos se reducen los riesgos potenciales y aquellas unidades que tengan las mejoras tecnológicas lograrán una depreciación más lenta conforme estas ayudas se vuelvan normas casi obligatorias.
El precio aún es clave, pero no lo que más pesa
El atractivo económico todavía se posiciona como uno de los pilares del mercado de segunda; un vehículo con dos años de uso puede costar hasta un 30% menos que uno nuevo, según Fernández, lo que abre la posibilidad de acceder a gamas más altas por la misma inversión.
Además, los costos asociados también juegan a favor: los seguros y marchamo tienden a ser más bajos debido a la depreciación. A esto se suma un menor impacto de la pérdida de valor, pues el vehículo ya atravesó su etapa más fuerte de depreciación.
No obstante, el precio dejó de ser el único criterio y el consumidor actual evalúa una combinación de factores que incluye seguridad, tecnología, calidad y respaldo.
Jorge Guerra, director de vehículos retail de Grupo Purdy, coincidió en que el perfil del cliente evolucionó.
“Vemos el mercado de usados bien competido, pues el ingreso al país de unidades nuevas con precios bajos (como marcas chinas) ha causado que un grupo de clientes se vea atraído al mercado de vehículos nuevos”, comentó.
Aun así, el mercado de segunda mantiene su relevancia por una razón estructural: funciona como parte de un ciclo donde cada compra de un carro nuevo libera una unidad usada, lo que alimenta continuamente la oferta.
Además, eventos como la Expomóvil generan picos en la disponibilidad de vehículos usados. De acuerdo con Fernández, tras la feria muchas personas entregan sus autos como parte de pago, lo que incrementa el inventario y dinamiza las ventas en las semanas posteriores.
Seguridad, respaldo y regulación redefinen la decisión
Más allá del precio y la tecnología, la seguridad y el respaldo se consolidan como factores determinantes.
Los expertos coincidieron en que la posibilidad de adquirir vehículos con garantía vigente de fábrica, que en algunos casos puede extenderse hasta ocho o diez años en modelos eléctricos, reduce el riesgo percibido por el comprador.
Además, incluso en vehículos usados, la garantía puede mantenerse activa al cambiar de propietario, lo que añade una capa de protección a la inversión. Claro está, las condiciones específicas dependen de la agencia con la que se realice la compra.
Por otro lado, Guerra enfatizó que en el mercado “lo que rige es el cumplimiento de la regulación vigente en materia de seguridad vehicular, emisiones y condiciones técnico-mecánicas”.
Es decir, el marco legal, como el de Dekra, establece un piso mínimo que los vehículos deben cumplir para circular, mientras que procesos adicionales de inspección elevan los estándares en el segmento formal.
Sin embargo, para Barboza, aunque no existe un estándar único sobre qué tecnologías son indispensables, hay elementos básicos, como el control de estabilidad o sistemas de frenado eficientes, que empiezan a excluir vehículos de las opciones más viables para utilizar a largo plazo si se adquieren de segunda.
El mercado de vehículos usados en Costa Rica no se contrae, pero sí se vuelve más exigente; la combinación de avances tecnológicos, mayor oferta de autos nuevos accesibles y consumidores más informados obliga a replantear los criterios de compra.
En consecuencia, la adaptación de este mercado y la decisión de los compradores ya no responde a una lógica única; hoy implica evaluar tecnología, seguridad, respaldo, precio y proyección de valor.
