Tras casi 20 años desde su primer planteamiento, el proyecto para dotar a Limón de una marina y una terminal de cruceros alcanzó un hito decisivo en 2026.
Con un respaldo de 50 votos, la Asamblea Legislativa aprobó una ley que faculta a la Junta de Administración Portuaria y de Desarrollo Económico de la Vertiente Atlántica (Japdeva) para establecer alianzas estratégicas con socios públicos o privados, tanto nacionales como internacionales, con el fin de concretar esta obra.
El proyecto no nació ayer: su primera formulación data de 2008, cuando se incluyó en el Plan Maestro Portuario del Caribe la idea de reconvertir parte de la terminal de Limón en una instalación orientada a cruceros y marina. Desde entonces se han sucedido estudios, rediseños y cambios de administración.
En 2019, el Ministerio de Planificación Nacional (Mideplan) y Japdeva retomaron el tema con más fuerza y financiaron estudios de prefactibilidad para darle forma al proyecto que quiere transformar un puerto históricamente volcado a la carga en una puerta de entrada turística capaz de generar empleo, encadenamientos productivos y una imagen distinta para la provincia caribeña.
De acuerdo con el plan maestro presentado por Japdeva, la obra se concentrará en la terminal Hernán Garrón Salazar y abarcará unas 27 hectáreas. La inversión estimada ronda los $850 millones contando obras marítimas, edificaciones, urbanización interna y equipamiento.

El proyecto en detalle
La propuesta se articula en dos grandes pilares que comparten el mismo espacio físico: una terminal especializada en cruceros y una marina turística con servicios para yates y embarcaciones recreativas. El objetivo es dejar atrás el modelo exclusivo de un puerto de tránsito de mercancías y construir un complejo orientado al visitante.
En el componente de cruceros, el plan contempla la construcción de un edificio para el procesamiento de pasajeros, con áreas diferenciadas de embarque y desembarque, controles de migración y seguridad, salas de espera y servicios básicos. La lógica de diseño apunta a que el paso por la terminal sea ordenado y ágil, capaz de manejar flujos altos de personas sin congestión. Pero el proyecto va más allá de la función estrictamente portuaria.
En torno a esa infraestructura operativa se prevé un conjunto de espacios de ocio y comercio que incluye zonas para restaurantes, cafés, tiendas de conveniencia, un mercado de artesanías y áreas para desarrollar hoteles, alojamientos tipo hotel boutique, oficinas y estacionamientos. La idea es que el crucerista no se encuentre con un “corredor estéril” del barco al bus, sino con un entorno que invite a quedarse, consumir y explorar.
Un rasgo central del diseño urbano es la integración con el casco central de Limón. El plan maestro organiza la terminal alrededor de una plaza central y de un eje peatonal que conecta la zona portuaria con la ciudad, rompiendo la frontera física y simbólica que históricamente ha separado al puerto de la vida urbana.
Este eje pretende canalizar el flujo de turistas hacia las calles limonenses, de manera que los visitantes tengan un acceso directo a comercios, servicios, oferta cultural y espacios públicos existentes y futuros.

En la parte marítima, la propuesta contempla la mejora y ampliación del frente de atraque para cruceros, pues el objetivo es que el muelle pueda recibir de forma simultánea al menos dos embarcaciones de gran tamaño. Los cálculos de capacidad apuntan a que, con estas obras, la terminal estaría en condiciones de manejar entre 8.000 y 10.000 pasajeros en los días de mayor movimiento, sumando tanto a quienes bajan a tierra como a la rotación de tripulaciones y proveedores de servicios.
Para lograrlo, será necesario reforzar las estructuras existentes, ajustar los calados y frentes de atraque a las dimensiones de cruceros modernos, y equipar el muelle con las conexiones de agua, energía, recolección de residuos y otros servicios básicos que demandan estas naves durante su permanencia.
El segundo gran pilar del proyecto es la marina turística, que se concibe como una dársena dedicada a la náutica recreativa y deportiva, complementada por una marina seca para varado y almacenamiento en tierra. El diseño incluye muelles flotantes o fijos con posiciones de atraque para yates y lanchas de diversos tamaños, áreas de amarre y pernocta, un muelle específico para abastecimiento de combustible y patios en tierra destinados a mantenimiento, reparación y resguardo de embarcaciones.
Se plantea instalar un elevador de barcos (travel lift) y habilitar talleres y comercios especializados en servicios náuticos: desde reparaciones y venta de repuestos hasta proveedores de equipo marino y suministros. Todo ello se complementaría con puntos de venta de alimentos y bebidas orientados a quienes usan la marina y al público general, aprovechando la vista al mar como un activo urbano.
Más allá del componente físico, el proyecto busca insertarse en un segmento de mercado en crecimiento: el turismo de cruceros y la náutica de recreo en el Caribe occidental. Los estudios manejados por el sector turístico señalan que los cruceristas que desembarcan en Limón gastan, en promedio, decenas de dólares por día en tours, alimentación, transporte y compras; los usuarios de marinas, por su parte, suelen tener un poder adquisitivo mayor y destinan montos superiores en servicios, combustible, mantenimiento y ocio.

En términos de empleo, la obra promete efectos en dos fases: durante la etapa de construcción requerirá mano de obra calificada y no calificada en obras civiles, marítimas, eléctricas y electromecánicas, además de servicios asociados de ingeniería y supervisión.
Una vez en operación, la terminal y la marina demandarán personal para atención de pasajeros, seguridad, limpieza, logística de atraque, comercio, gastronomía, mantenimiento, turismo y administración.
A esto se suman los empleos indirectos e inducidos: más demanda de transporte local, tours hacia parques nacionales y atractivos cercanos, producción de alimentos y artesanías, servicios culturales y otras actividades. En una provincia históricamente golpeada por el desempleo y la dependencia de pocas actividades económicas, la promesa de un nuevo polo de generación de trabajo es uno de los argumentos más reiterados por los defensores de la iniciativa.
Impacto del turismo náutico en Costa Rica
Las marinas turísticas en Costa Rica —el país tiene actualmente seis en operación— se han consolidado como una oferta única dentro de Centroamérica, al combinar infraestructura náutica moderna con un entorno natural atractivo y una posición geográfica estratégica para la navegación regional. Hasta ahora, toda la oferta está concentrada en la costa pacífica.
Estos complejos no solo son puntos de atraque para yates y embarcaciones recreativas, sino polos de servicios que generan empleo, encadenamientos y consumo en las comunidades donde se instalan. Allí se concentran actividades como mantenimiento de barcos, suministro de combustible, gastronomía, comercio y operación de tours, lo que multiplica el impacto económico más allá de las tarifas que pagan los propietarios de las embarcaciones.
Costa Rica ha logrado diferenciarse frente a otros países de la región al posicionar sus marinas como puertas de entrada a destinos de pesca deportiva, buceo, observación de naturaleza y turismo de lujo, reforzando la imagen del país como un destino especializado para este tipo de viajero. Para los promotores del proyecto en Limón, replicar ese modelo en el Caribe abriría una nueva ventana para captar parte de ese mercado y distribuir mejor, a nivel territorial, los beneficios del turismo náutico que hoy se concentran principalmente en la costa pacífica.
Según datos del Instituto Costarricense de Turismo (ICT), el motivo principal de visita de los turistas que llegan a las marinas es la pesca deportiva. Más de la mitad de los extranjeros arribaron por esa razón, mientras que el segundo lugar en importancia fue para las actividades de ocio.
Al profundizar en el perfil del pescador deportivo, un estudio del ICT de 2021 (el más reciente) indica que este segmento está compuesto mayoritariamente por hombres estadounidenses de entre 45 y 64 años, quienes acumulan una trayectoria superior a las dos décadas y media en esta disciplina.
Por otro lado, el segmento de cruceros también es interés para la provincia caribeña. En las últimas dos temporadas, el puerto limonense ha superado la cantidad de cruceristas vista en los años prepandemia.
Según el Estudio de Impacto Económico de la Industria de Cruceros (BREA, 2024), el gasto promedio por pasajero en Costa Rica se estima en $72,74, concentrado, principalmente, en excursiones en tierra, artesanías, ropa y recuerdos locales, que representan el 87% del gasto total.
Los principales mercados emisores incluyen Estados Unidos, Alemania, Inglaterra, China, Australia, Canadá, Italia, Brasil, España y Francia.
Lo que viene para la marina y la terminal de Limón
La aprobación legislativa reciente no significa que las obras comenzarán de inmediato. Lo que se resolvió fue el “candado” legal que limitaba a Japdeva para entrar en alianzas. Ahora viene una fase compleja: estructurar el modelo de negocio y la figura de asociación con el socio —o socios— que aporten capital, completar y actualizar los estudios de factibilidad técnica, económica y ambiental; conseguir las autorizaciones regulatorias; y, finalmente, licitar y adjudicar el desarrollo.
Todo ello conlleva tiempos largos y la necesidad de un diseño institucional cuidadoso para proteger el interés público, en particular porque se trata de suelo portuario y de una infraestructura estratégica para la ciudad.
Otra dimensión delicada es la ambiental y urbana. La intervención sobre el frente costero de Limón deberá pasar por evaluaciones de impacto que analicen, entre otros aspectos, el efecto en corrientes, sedimentos, ecosistemas marinos y zonas aledañas. A nivel urbano, será clave cómo se resuelva la relación entre el nuevo complejo turístico y los barrios cercanos, la movilidad, la seguridad y el acceso público a la costa.

