Lo que prometía ser el mayor auge turístico y económico de la década para Estados Unidos, México y Canadá se está transformando en una fuente de ansiedad para la industria hotelera. A escasas semanas del inicio de la Copa Mundial de la FIFA 2026, los hoteles de las ciudades sede se enfrentan a un panorama inesperado: habitaciones vacías, proyecciones de ingresos muy por debajo de la expectativa y cancelaciones masivas derivadas, irónicamente, de la propia organización del torneo.
Según revela un reciente reporte de la cadena británica BBC Sport basado en datos de la American Hotel & Lodging Association (AHLA), las reservas están muy por debajo de las expectativas iniciales en casi la totalidad de las ciudades anfitrionas estadounidenses. El informe destapa que la agresiva política de la FIFA de realizar reservas a gran escala con meses de anticipación “fabricó una demanda artificial” que distorsionó los pronósticos de ingresos, las contrataciones de personal y los preparativos generales de la industria.
Hoy, al desinflarse ese bloque de reservas, la burbuja estalló. La AHLA estima que la FIFA ha cancelado hasta un 70% de las habitaciones que había apartado originalmente en metrópolis como Boston, Dallas, Los Ángeles, Filadelfia y Seattle. Estos cuartos, inicialmente pensados para albergar a patrocinadores, personal logístico y delegaciones, han regresado al mercado libre, dejando al descubierto que la demanda internacional de turistas es mucho menor de la que se vaticinaba.

El impacto económico de las cancelaciones
De acuerdo con encuestas recientes de la AHLA y firmas de análisis hotelero como CoStar, la cancelación de más de 38.000 reservas en Norteamérica representa un duro golpe financiero. Aunque las autoridades aún afinan las cifras definitivas, estimaciones preliminares de la industria sugieren que la desaparición de estas decenas de miles de noches de hotel se traduce en una merma proyectada de decenas de millones de dólares en ingresos directos.
Esta caída amenaza con dinamitar el fuerte impulso económico —o “efecto derrame”— que los negocios locales, desde restaurantes hasta comercio minorista, esperaban capitalizar durante el verano.
“Los hoteles de los mercados anfitriones llevan años preparándose para la Copa del Mundo, y si bien existe un gran entusiasmo, los datos apuntan a una perspectiva más matizada”, declaró en un comunicado Rosanna Maietta, presidenta y directora ejecutiva de AHLA.
Un efecto dominó en Canadá y México
El fenómeno de las cancelaciones no se ha limitado al territorio estadounidense. Informes recientes muestran que el “lavado” de habitaciones golpea a todo el bloque norteamericano. En Canadá, ciudades como Vancouver y Toronto han visto cómo hasta el 80% de las reservaciones previamente hechas por la organización fueron liberadas.
La situación se repite en México, otra de las sedes clave. Hace apenas un par de meses, las asociaciones hoteleras de la Ciudad de México emitieron señales de alerta cuando la FIFA liberó el 40% de los miles de cuartos que tenía bloqueados de cara al partido inaugural en el Estadio Azteca el próximo 11 de junio.

¿Por qué los aficionados están posponiendo su viaje?
Analistas del sector y hoteleros coinciden en que la demanda no ha desaparecido por completo, sino que ha mutado. El esperado aluvión de visitantes internacionales se ha visto frenado por una “tormenta perfecta”: retrasos y trabas en la obtención de visados, un estancamiento en la economía global, el aumento general de los costos de vuelos y, sobre todo, los exorbitantes precios de las entradas y el transporte local.
A pocas semanas de que ruede el balón, muchos aficionados internacionales han preferido desistir o están esperando el último minuto para concretar sus viajes. Los altos costos de los paquetes iniciales terminaron por ahuyentar al seguidor promedio, forzando a los hoteles a depender en mayor medida del turismo nacional y regional, el cual tiende a reservar con mucho menos tiempo de antelación o a realizar visitas cortas el mismo día del partido.
La reacción local: Precios populares para salvar la fiesta
Frente a un panorama que amenazaba con espantar por completo al fanático de a pie por prácticas que muchos tildaron de “abusivas” en los precios (como se vio en la reventa o en paquetes iniciales de tren hacia algunos estadios que rondaban los $150), algunas sedes están tomando cartas en el asunto para intentar revertir la situación.
Ciudades como Filadelfia han puesto en marcha iniciativas para poner al aficionado en el centro de la ecuación, ofreciendo transporte público masivo a su estadio por un precio simbólico de $2,90 y manteniendo sus Fan Fests con entrada completamente gratuita.
Otras sedes han seguido el ejemplo. En Atlanta, en el Mercedes-Benz Stadium, su propietario Arthur Blank ha insistido en mantener los precios populares dentro del recinto deportivo (con hot dogs a tan solo $2), presumiendo de la verdadera “hospitalidad sureña”. Asimismo, Kansas City ha estructurado una red de autobuses subsidiados donde los traslados al estadio cuestan apenas $15 y las conexiones desde el aeropuerto son gratuitas.

El nuevo panorama
El Mundial 2026 está demostrando que los megaeventos deportivos ya no son sinónimo automático de un llenazo incondicional. Si bien tanto las autoridades como la AHLA confían en que las ocupaciones se fortalezcan drásticamente a lo largo de junio y julio impulsadas por compras de última hora, la lección es clara.
El modelo tradicional de bloquear masivamente habitaciones y especular con los precios está sufriendo un duro revés en Norteamérica, recordando al mundo que, al final del día, el fútbol sigue necesitando que sus aficionados sean capaces de pagar por la fiesta.
“Estados Unidos y la FIFA deben garantizar una experiencia acogedora y sin contratiempos para los viajeros internacionales. Esto implica evitar aumentos innecesarios en los costos de las visas y el transporte hacia y desde los juegos, y disuadir a las jurisdicciones locales de aplicar aumentos de impuestos de última hora que perjudiquen los juegos y a los consumidores”, concluyó Maietta.
