El avance de la inteligencia artificial ha permitido encomendarle múltiples funciones en las empresas, especialmente las operativas. Esa tendencia ha comenzado a eliminar el concepto del primer trabajo tradicional que realizaban los recién graduados. Esta situación genera un cuello de botella estructural para la incorporación de los nuevos de profesionales al mercado de trabajo, obligando a las universidades a integrar la realidad laboral dentro de las aulas para atenuar este desfase.
Este análisis fue expuesto por Marina Baima, cofundadora de ENNOIA Latam y exsecretaria de Ciencia, Tecnología e Innovación de la provincia de Santa Fe, Argentina. Durante su participación en Destino Impacto, un foro organizado por la Fundación CRUSA en San José que reunió a diversos sectores del ámbito tecnológico, la especialista abordó los desafíos de la formación académica y los ecosistemas de innovación en América Latina.

Según Baima, la educación superior debe replantear sus objetivos de largo plazo ante el incremento en la expectativa de vida, que proyecta poblaciones con una longevidad superior a los 100 años. Bajo este panorama, la prioridad educativa se desplaza de la especialización técnica inmediata hacia el desarrollo de habilidades centradas en el pensamiento crítico, la resiliencia y, fundamentalmente, la capacidad de reconversión continua de las personas.
Para implementar este modelo, se plantea que las universidades requieran el establecimiento de centros de aceleración tecnológica y espacios neutrales de validación y prototipado rápido. Estas estructuras deben incorporar al sector industrial en los procesos de toma de decisiones, facilitando que el talento joven interactúe con las demandas del sector productivo antes de concluir sus planes de estudio.
Ecosistemas de emprendimiento y la gestión del fracaso
Dentro del ecosistema productivo, los emprendimientos y las startups constituyen el vehículo más ágil para dinamizar la economía. No obstante, el desarrollo de estas iniciativas requiere el respaldo de un entorno articulado que asocie a instituciones intermedias, universidades, industrias tradicionales y comunidades locales. Asimismo, Baima señaló que las personas emprendedoras deben desarrollar la capacidad de identificar oportunamente el desvío de sus metas y asimilar el fracaso rápido como una herramienta de aprendizaje, evitando reiniciar los procesos desde cero.
Gobernanza horizontal y codiseño territorial
En materia de política pública, el rol del Estado debe evolucionar de la emisión vertical de directrices hacia una función de coliderazgo y orquestación horizontal junto a los de más actores productivos. Este enfoque demanda una planificación de largo plazo que prescinda de los intereses políticos inmediatos para garantizar la continuidad de los marcos de financiamiento y desarrollo de infraestructura tecnológica.
Adicionalmente, la descentralización de la innovación hacia zonas remotas exige sustituir el concepto tradicional de transferencia tecnológica por un modelo de codiseño desde el origen de los proyectos. Este esquema requiere la inclusión de los pequeños productores locales en la toma de decisiones, integrando sus conocimientos, tradiciones y las particularidades de su territorio en las soluciones técnicas implementadas.
Diferencial regional y el rol estratégico de Costa Rica
Baima enfatizó que las economías de menor escala deben desarrollar su competitividad a partir de sus propias particularidades en lugar de replicar esquemas extranjeros. En este aspecto, la capacidad de resolver problemas en entornos de conflicto y con restricciones de recursos constituye un factor diferencial en la región, como ocurre en Argentina con el desarrollo de la biotecnología.
Para el caso de Costa Rica, la especialista identificó el potencial para consolidarse como un banco de pruebas global (sandbox) en áreas vinculadas a la descarbonización y el aprovechamiento de recursos naturales. Esta oportunidad se sustenta en su trayectoria de institucionalidad y en el rol histórico de organizaciones locales, lo que faculta al país para coordinar y coliderar el desarrollo de los ecosistemas de innovación en Centroamérica.
