Guanacaste lleva años siendo sinónimo de lujo de playa: resorts frente al mar, piscinas infinitas y atardeceres sobre la arena. Pero eso no es todo lo que ofrece la provincia para conquistar al turista de alto nivel que la visita.
A la oferta de sol, playa y arena se suma la del interior de la provincia, lo que ha hecho que los viajeros de alto poder adquisitivo miren hacia el interior: volcanes, bosques, haciendas y proyectos rurales que ofrecen experiencias de bienestar, naturaleza y cultura. Al final, el objetivo sigue siendo la conexión con la naturaleza y la exclusividad, pero desde otra perspectiva.
La ampliación del lujo en Guanacaste
Para comprender la magnitud de este movimiento hay que analizar cómo se ha transformado el perfil del consumidor de alto poder adquisitivo a escala global, un proceso que se aceleró drásticamente tras la emergencia sanitaria provocada por la pandemia.
El exministro de Turismo y actual CEO de la firma especializada ST Costa Rica DMC, Gustavo Segura, sintetiza esta evolución a partir de una premisa clara: el estándar del lujo hotelero ha cambiado de eje. Durante mucho tiempo, la alta gama se medía a través de atributos físicos e infraestructura, pero hoy esos elementos se dan por sentados y forman parte de la línea base del servicio.
Lo que realmente determina si una propiedad es de lujo para el viajero contemporáneo es la capacidad de ofrecer experiencias memorables, auténticas e irrepetibles.
Según el especialista, sobre el modelo tan exitoso de sol, playa y arena se está construyendo hoy un segundo nivel de desarrollo: a menos de dos horas por carretera de las playas más cotizadas, el interior de la provincia alberga una biodiversidad y un ecosistema cultural que históricamente habían permanecido a la sombra del litoral.
Los volcanes Rincón de la Vieja, Tenorio y Miravalles, sumados a las haciendas de la pampa guanacasteca, ofrecen un catálogo de escenarios naturales que permiten construir un producto turístico sofisticado.
Esa diversidad geográfica le otorga al país una ventaja competitiva directa frente a otros destinos de playa del Caribe o del Sudeste Asiático, donde el turista suele quedar confinado al espacio perimetral del resort. En Guanacaste, la cercanía entre el mar y la montaña permite estructurar itinerarios combinados dentro de una misma provincia.
Bienestar, trazabilidad e identidad
El viajero que hoy demanda infraestructura y servicios en la Guanacaste no playera responde a un perfil altamente educado, consciente del impacto ambiental de sus viajes y enfocado en la salud integral. Este segmento busca combinar la desconexión tecnológica con la reconexión física y mental. Se trata de una corriente englobada bajo el concepto de “wellness” (bienestar).
Para captar a este perfil de alto gasto, los establecimientos del interior —que van desde haciendas tradicionales reconvertidas en lodges boutique hasta hoteles de montaña enfocados en conservación— han tenido que adaptar su propuesta gastronómica, de entrenamiento y de entretenimiento cultural bajo exigencias muy puntuales.
En primer lugar, destaca la gastronomía de origen y trazabilidad. La alimentación ha dejado de ser un servicio complementario para transformarse en el eje central de la experiencia. El huésped de alta gama exige cocina de autor que combine la alta técnica culinaria con productos locales de primera calidad. Ya no se buscan menús internacionales genéricos, sino platos que cuenten una historia sobre el territorio.

Por otro lado, la actividad física se traslada al entorno natural mediante experiencias estructuradas de bajo o mediano esfuerzo: caminatas por senderos forestales con guías naturalistas formados, recorridos a cascadas privadas, sesiones de yoga sobre plataformas inmersas en la montaña, cabalgatas por haciendas de trabajo y circuitos de meditación al aire libre.
Por último, el cliente busca pertenencia e identidad cultural. Uno de los factores que más pesa en la satisfacción del visitante es la sensación inequívoca de estar en Costa Rica, y esto requiere que el concepto arquitectónico y de diseño interior integre materiales de la región, colores, texturas y piezas de arte local.

Cómo viaja hoy el turista de lujo
Para la vicepresidenta de Canatur, Silvia Vargas, este interés por destinos en el interior responde tanto a nuevas preferencias del cliente de lujo como al incremento sostenido de la oferta de alta gama en destinos de montaña o lejos de las costas. Algunas de estas propiedades han ganado reconocimientos internacionales, lo cual las coloca en la mente de los viajeros.
Según la experiencia que describe Vargas, el viajero de lujo viaja entre 7 y 12 noches, de las cuales al menos la mitad de su estadía la pasa en destinos de montaña; es decir, visita estos destinos un mínimo de tres o cuatro noches. Su gasto promedio en estas zonas es variable, pero puede oscilar entre los $850 y $2.500 diarios, lo que refleja el peso económico de este segmento para las comunidades rurales.

Los “no negociables” de este huésped de alta gama se han unificado mucho con los atributos que busca el viajero de turismo sostenible y de bienestar: evitar destinos saturados o masivos, emocionarse con experiencias auténticas donde puedan integrarse y aprender de la cultura local, viajar con propósito, dejar un legado positivo, y asegurar una inmersión real en la naturaleza.
Los especialistas concuerdan en que buscan experiencias íntimas, un servicio uno a uno y atención al detalle; entre sus prioridades está evitar pasar largas horas en la carretera.
El pulso de los indicadores y los retos
Por otro lado, las cifras del aeropuerto de Liberia del primer semestre de 2026 confirman la solidez de la demanda hacia la provincia guanacasteca. Entre enero y junio de este año, la terminal aérea registró el paso de 1.324.718 pasajeros, lo que representa un crecimiento del 11% en comparación con el mismo periodo del año 2025.
Un dato de particular relevancia para el encadenamiento del turismo interno es el comportamiento de las conexiones domésticas. Durante los primeros seis meses de 2026, el tráfico de pasajeros en vuelos internos del aeropuerto creció un 25%, alcanzando los 33.840 viajeros.
Este aumento refleja una mayor movilidad de turistas que utilizan la vía aérea para desplazarse rápidamente entre distintas regiones del país, reduciendo tiempos de traslado y facilitando la combinación de destinos dentro de un mismo viaje.
El mercado norteamericano continúa liderando las llegadas a la terminal de Liberia, con aerolíneas como United Airlines, American Airlines y Delta Airlines encabezando el volumen de pasajeros, y con ciudades como Toronto, Houston y Miami posicionadas como los principales puntos de origen. Ese mayor movimiento de pasajeros también conlleva un crecimiento en las opciones de visita, lo que ayuda a evitar la saturación de destinos.
La consolidación de Guanacaste como un destino integral que ofrece tanto lujo costero como hospitalidad de alta gama en el interior rural representa una oportunidad histórica para la descentralización económica de la provincia. Sin embargo, este proceso también plantea retos críticos de planificación territorial y de manejo de presión sobre los recursos que el sector público y la empresa privada deben gestionar de manera preventiva para que el nuevo lujo rural se mantenga auténtico, sostenible y accesible a largo plazo.
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