La histórica venta del negocio de bebidas, alimentos y retail de Florida Ice and Farm Company (Fifco) a Heineken no solo reordenó el mapa empresarial del país; también le dio “un respiro” a las finanzas públicas.
El Ministerio de Hacienda dio a conocer las más recientes cifras fiscales del país (con corte a febrero pasado), donde se ve que parte del incremento en los ingresos tributarios provino del primer pago de impuestos asociado a esta transacción. Este ingreso extraordinario evitó que la recaudación mostrara un desempeño más débil en el segundo mes del año.
Según los datos oficiales, los ingresos totales del gobierno central alcanzaron ¢1.218.391 millones en febrero, equivalentes a alrededor de 2,2% del PIB, lo que significó un crecimiento interanual de ¢18.447 millones frente al mismo mes de 2025. Sin el aporte puntual derivado de la venta de Fifco, Hacienda reconoce (sin dar el nombre del origen de la transacción) que el desempeño de los ingresos habría sido menos favorable, en un contexto donde otras fuentes de recaudación muestran señales de moderación.
Por eso, el ministerio fue claro en calificar este efecto como un ingreso de carácter no recurrente, ligado a una sola operación de gran tamaño y no a un aumento de la base tributaria. Es decir, recursos como los que deja la venta de Fifco no representan una mejora estructural en la recaudación: ayudan a evitar una caída en un mes concreto, pero no pueden repetirse ni considerarse una fuente permanente.
Las etapas de la recaudación
En esta operación, Hacienda recauda en realidad en dos etapas distintas: primero, cuando Fifco vende el negocio a Heineken y genera una ganancia de capital; y después, cuando esa ganancia se traduce en un dividendo extraordinario para los accionistas. Son dos momentos fiscales separados, aunque ambos nacen de la misma transacción.
En la primera etapa, el foco está en la propia empresa, pues Fifco debe calcular la ganancia de capital que obtiene al vender su negocio: básicamente, la diferencia entre el precio de venta y el valor fiscal o contable de los activos que se traspasan. Sobre esa ganancia extraordinaria aplica el impuesto correspondiente a rentas y ganancias de capital.
Ese impuesto lo declara y lo paga directamente la compañía al Ministerio de Hacienda dentro de los plazos establecidos. Es este primer pago el que ya empezó a aparecer reflejado en las cifras fiscales de febrero, como un ingreso extraordinario que infló la recaudación de ese mes y evitó una caída mayor en los ingresos.
La segunda etapa empieza cuando la compañía costarricense reparte entre sus accionistas el dinero que obtuvo por la venta, mediante un dividendo extraordinario. Cada vez que la empresa pague este dividendo, deberá actuar como agente de retención: sobre el monto bruto que le corresponde a cada accionista, aplica la tarifa de impuesto a los dividendos que establece la ley y entrega a Hacienda ese porcentaje retenido y el accionista recibe el monto neto, ya descontado el tributo.
Si los accionistas son residentes en Costa Rica, se les aplica la tarifa general de impuesto sobre dividendos definida para rentas de capital mobiliario. Si algunos son inversionistas no residentes, también entra en juego la normativa de remesas al exterior, que grava las rentas de fuente costarricense pagadas a beneficiarios fuera del país. En cualquier caso, la lógica es la misma: Fifco retiene en la fuente y traslada esos recursos al fisco.
Dichos dividendos podrían pagarse a partir de marzo de 2027, una vez que pase la asamblea anual de accionistas.
Visto en conjunto, el Estado se beneficia dos veces de la misma operación: primero, cuando la empresa realiza la venta y paga el impuesto por la ganancia de capital; y luego, cuando los accionistas reciben el dividendo extraordinario y se les descuenta el impuesto correspondiente.

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