En las últimas décadas, el panorama automotriz en Costa Rica ha experimentado un cambio profundo, no solo por las marcas de los vehículos que circulan sino también por las características que tienen. Los fabricantes ya no solo se enfocan en la potencia o acabados de los vehículos, sino también en aquello que no se ve a simple vista pero puede salvar vidas en carreteras.
Los sistemas avanzados de asistencia al conductor, conocidos mundialmente por sus siglas ADAS, han dejado de ser un “extra” tecnológico o un lujo reservado para catálogos de alta gama para transformarse en la nueva columna vertebral de la seguridad en las carreteras nacionales. El consumidor costarricense ya no solo busca un carro que lo proteja durante un accidente, sino uno que sea capaz de anticiparse al riesgo y ayudar activamente al conductor a evitar el siniestro.
Detrás de esta transformación estructural convergen dos elementos: por un lado, las marcas ofrecen vehículos cada vez más equipados con cámaras, radares y software inteligente de última generación y por otro, emerge un consumidor costarricense mucho más informado, con expectativas elevadas y una disposición absoluta a cambiar de marca si siente que no está obteniendo el nivel de seguridad tecnológica que busca para su familia. Esta demanda ha provocado que las asistencias pasen de ser alertas pasivas a intervenciones activas.
La revolución ADAS en Costa Rica: Cuando el auto toma el control
Originalmente, los sistemas se enfocaban en emitir advertencias sonoras o visuales ante un peligro potencial, como la alerta de colisión frontal o el aviso de salida de carril. Sin embargo, la tendencia actual va mucho más allá, integrando la capacidad de tomar acciones correctivas de forma autónoma. Esto incluye la frenada automática de emergencia (AEB), que puede aplicar los frenos si detecta una colisión inminente y el conductor no reacciona a tiempo, y el asistente de mantenimiento de carril (LKA), que puede girar sutilmente el volante para mantener el vehículo centrado, solo por señalar algunos ejemplos.
Esta transición hacia la prevención activa está directamente ligada a la visión de lograr “cero accidentes” en las carreteras. Al combinar sensores sofisticados, cámaras de alta resolución y potentes unidades de procesamiento, los vehículos modernos son capaces de percibir su entorno de manera más completa y reaccionar más rápido que un ser humano. En eventos como la Expomóvil 2026, estas tecnologías se presentan como la punta de lanza de la seguridad vehicular, demostrando que el futuro de la conducción no solo será más cómodo, sino más seguro.
“El cliente valora cada vez más las tecnologías que protegen a su familia y que le evitan gastos mayores por accidentes, especialmente aquellas que actúan automáticamente en situaciones de emergencia. Aunque aún existe algo de cautela frente a sistemas totalmente autónomos, sí hay una clara disposición a pagar más por asistencias que ayuden a prevenir choques o reducir su gravedad”, explicó Igor Ortiz, gerente regional de producto de Chevrolet y Cadillac Grupo Q.
Esta transición hacia la prevención activa está directamente ligada a la visión de lograr “cero accidentes” en las carreteras. Al combinar sensores sofisticados, cámaras de alta resolución y potentes unidades de procesamiento, los vehículos modernos son capaces de percibir su entorno de manera más completa y reaccionar más rápido que un ser humano.
Sin embargo, para que esta revolución sea efectiva, debe dejar de ser un privilegio de pocos. Gustavo Cabezas, gerente regional de producto de Hyundai Grupo Q, explica que la evolución ha sido tan acelerada que funciones antes reservadas para el segmento de lujo ahora vienen de serie en modelos de gran volumen, como el Tucson. Según el vocero, la apuesta de la marca es clara: llevar la seguridad avanzada a más usuarios, permitiendo que el vehículo ya no sea un simple observador, sino un ente que interviene directamente para mitigar riesgos.
En esa misma línea de evolución, Alonso Chacón, coordinador de Capacitación e Investigación de Grupo Purdy, señala que hemos pasado de una tecnología reactiva a una “predictiva y preventiva”. Para Chacón, la diferencia clave hoy es que los vehículos interpretan el entorno en tiempo real para apoyar activamente la conducción. El objetivo, según explica, no es sustituir a quien va al volante, sino acompañarlo para reducir el error humano, que sigue siendo la principal causa de siniestros en carretera.
Esta transición hacia la prevención activa está directamente ligada a la visión de lograr “cero accidentes”. Al combinar sensores sofisticados y potentes unidades de procesamiento, los vehículos perciben su entorno de manera más completa. Esto ha generado que el cliente llegue a eventos como la Expomóvil con referencias claras sobre plataformas como Toyota Safety Sense, Lexus Safety System+ o EyeSight de Subaru. Según el experto de Purdy, la seguridad avanzada se percibe ya como una “inversión en tranquilidad” que, en muchos casos, termina inclinando la balanza entre un modelo y otro.
A este ecosistema tecnológico se suma la propuesta de BYD, cuya integración vertical como fabricantes de su propio software y baterías les ha permitido acelerar la implementación de sistemas inteligentes. La marca ha introducido en el mercado local soluciones como el “Ojo de Dios”, una plataforma única que integra cámaras y radares de última generación para ejecutar frenados autónomos y controles de crucero adaptativos con una precisión superior.
Para Roberto Sánchez, gerente de mercadeo de BYD Costa Rica, la clave del éxito en Costa Rica ha sido la democratización tecnológica. Al desarrollar sus propios componentes, han logrado ofrecer paquetes de seguridad avanzada en versiones competitivas, permitiendo que el usuario no tenga que saltar a un vehículo premium para obtener protección de punta. Además, destacan que el perfil del comprador de movilidad eléctrica suele ser más abierto a la innovación, mostrando una rápida confianza en los sistemas que actúan de forma autónoma una vez que experimentan su eficacia en el tráfico urbano.
Incluso, esta confianza tecnológica está redefiniendo el mercado de segunda mano. Para los participantes del mercado automotriz consultados, un vehículo que ofrece mayor protección activa resulta más competitivo y suele conservar mejor su valor en el mercado de usados. Esta es una visión que las marcas comparten, señalando que los compradores de vehículos usados valoran cada vez más la presencia de ADAS, lo que representa una ventaja clara frente a modelos con equipamiento básico.
Si la oferta y la tecnología siguen avanzando al ritmo actual y el mercado continúa premiando a los modelos mejor equipados en seguridad, Costa Rica estará cada vez más cerca de un parque vehicular donde la protección activa no sea un privilegio, sino una norma que salve vidas en las carreteras diariamente.
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