En mayo de 2025, por medio de sus redes sociales, el hotel Villa Lapas —ubicado en las cercanías del reconocido Río Tárcoles— anunciaba el cierre de sus operaciones debido a que se iba a someter a un proceso interno de renovación. “Agradecemos profundamente el cariño y la confianza de cada persona que ha sido parte de nuestra historia. Nos reencontramos pronto”, escribieron en sus cuentas como despedida.
La noticia del cierre me produjo cierta nostalgia pues había tenido la oportunidad de ir en un par de ocasiones en unas vacaciones familiares. Era un hotel con una propuesta que me parecía completa: tres tiempos de alimentación incluidos, amplios senderos y zonas verdes, y el encanto de un pueblo antiguo construido para atrapar a los viajeros que buscaban una desconexión del trajín cotidiano.
Por otro lado, también tenía la expectativa de conocer cuál sería la nueva cara que presentaría esta propiedad que es operada por la firma Enjoy Group. A finales de marzo pasado tuve la oportunidad de conocer la nueva cara de este hotel, luego de su renovación integral.
Lo que por décadas se conoció como Villa Lapas ha dejado de existir para dar paso a una metamorfosis profunda. Tras un proceso de transformación que tardó alrededor de un año, la propiedad reabrió sus puertas recientemente con otra identidad y una propuesta que busca convertir a la estancia en un refugio de lujo en medio de la naturaleza.
Se trata de Santa Lucía Jungle Hacienda, Autograph Collection, una marca de la compañía Marriott International, que busca posicionarse para viajeros locales y extranjeros que quieren darse un respiro en medio de los ajetreos del día a día. Con una propuesta que rescata lo mejor del legado colonial con la cultura indígena costarricense, la mejorada propiedad busca hacer un lugar en el gusto de los turistas.
La transformación de la propiedad tiene un trasfondo estratégico: dejar de ser un lugar de tránsito para convertirse en un destino final. Históricamente, esta zona del Pacífico Central ha visto pasar de largo el flujo de turistas que se dirige hacia Guanacaste o el Pacífico Sur. La apuesta del hotel es aprovechar el imán mundial que representa el río Tárcoles y el avistamiento de cocodrilos para retener a esos viajeros. Se trata de convencer al visitante que suele detenerse solo unos minutos sobre el puente de que, en lugar de seguir de largo, vale la pena quedarse y consumir en la zona.
Esta evolución no es solo un cambio de nombre; es una apuesta por redefinir el lujo en la selva, elevando el estándar de un destino que ahora busca conquistar al viajero global sin soltar la mano del público costarricense que lo vio nacer.
“La transformación nace de una visión muy clara: convertir una propiedad con una ubicación extraordinaria en un producto alineado con las expectativas del viajero actual, sin perder su esencia natural. El proceso tomó aproximadamente entre 12 y 18 meses, considerando rediseño conceptual, adecuaciones físicas, desarrollo de la propuesta gastronómica, estructuración operativa y alineamiento con estándares de marca”, comentó José Eduardo Arteaga, gerente general de la propiedad.

La experiencia del lujo inmersivo
Ubicada a orillas del río Tárcoles y al pie del Parque Nacional Carara, la hacienda se asienta en una zona de transición única entre el bosque árido y el tropical. Con una reserva de 500 hectáreas, el hotel es un paraíso para los amantes de la naturaleza; sus senderos y recorridos por cinco puentes colgantes permiten observar más de 400 especies de aves, desde guacamayas rojas hasta el exótico Royal Flycatcher.
Al llegar al hotel se nota que la propiedad no ha perdido su encanto, más bien fue retocado, como cuando una versión de un buen platillo se eleva a un mejor nivel. De entrada, la propuesta de diseño busca transportar al huésped a la época colonial con una arquitectura que encaja perfectamente con la idea.
La infraestructura cuenta ahora con 84 habitaciones con vistas a la montaña, donde la comodidad refinada se mezcla con elementos arquitectónicos de las tradicionales haciendas costarricenses. Cuenta con varias categorías, desde dobles hasta una presidencial y actualmente se encuentran construyendo más.
El complejo mantiene su esencia colonial, incluyendo la réplica de un pueblo antiguo llamado Santa Lucía (de ahí el nombre del hotel) con su iglesia, en la cual se pueden celebrar bodas católicas, pues está consagrada, así como calles adoquinadas y kioscos que funcionan puntos de reunión, conectando el pasado histórico con el confort moderno.
Además, cuenta con un salón de eventos ideal para las celebraciones posteriores a las bodas y una cantina, sí, como las de antaño: con puertas de madera al estilo colonial que invita a ser un punto de encuentro y de celebración.
Uno de los cambios más notables se encuentra en las áreas de esparcimiento. La piscina principal fue renovada integralmente, ofreciendo un espacio de descanso moderno que se integra al entorno. Pensando en las familias, se incorporó una piscina exclusiva para niños y un Kids Club, que se ha convertido en uno de los principales atractivos para los padres. En este espacio, los más pequeños aprenden sobre la biodiversidad local y se divierten de forma segura, permitiendo a los adultos disfrutar de una desconexión.
En cuanto a la propuesta culinaria ha sido renovada bajo conceptos que buscan transmitir la esencia del país y para ello cuenta con dos restaurantes en la propiedad: Casa del Río y Bamboo Grill. En estos espacios se busca dar valor a los ingredientes tradicionales con una nueva interpretación.
El hotel ofrece desayunos buffet, mientras que los almuerzos y cenas son a la carta, dirigidos por el chef Patrick Llinares, un chef que, aunque joven, cuenta con experiencia y conocimientos en cocina internacional. La idea es que cada visitante conozca o le dé una nueva degustación a lo mejor de la cocina costarricense.
Con respecto a las tarifas de hospedaje, varían dependiendo de la temporada y de la cantidad de huéspedes. Por ejemplo, para el fin de semana del 17 al 19 de abril, los precios iban desde los $339 hasta los $580 por noche para dos personas, de acuerdo con el sitio web de Marriott.

El respaldo de un gigante, la esencia de una boutique
Al unirse a Autograph Collection, el hotel mantiene su independencia creativa y su carácter único, pero con el respaldo de la red global de Marriott. Esto permite a los viajeros utilizar la plataforma Marriott Bonvoy para gestionar reservas, acumular noches y canjear puntos en más de 10.000 destinos, garantizando estándares de servicio internacionales sin sacrificar la identidad local.
Históricamente, el hotel ha sido un destino predilecto para el público nacional por su cercanía con San José. El desafío para este 2026 es elevar el perfil hacia el viajero internacional sin alienar al mercado local.
La estrategia se basa en el redescubrimiento. “El equilibrio está en elevar el producto sin perder cercanía”, señaló el gerente. Para el turista local, la propiedad mantiene su atractivo con tarifas especiales para nacionales y flexibilidad en la oferta: desde planes “todo incluido” hasta opciones solo con desayuno, adaptándose a distintos presupuestos.
A menos de dos horas de la capital, Santa Lucía Jungle Hacienda se posiciona como un destino para quienes buscan salir de la rutina y sumergirse en la naturaleza, demostrando que el verdadero lujo en 2026 es la capacidad de ofrecer una conexión auténtica con el entorno, respaldada por la fuerza de una firma global.
Terminé la visita a la propiedad disfrutando de un agua de coco al lado de la piscina y con el sonido del río del fondo, haciendo conciencia de que para el viajero actual el verdadero lujo no está solamente en una habitación con acabados de primer nivel o una vista privilegiada, está en las experiencias, en las mañanas lentas y en la conexión natural tan apetecida en tiempos dominados por los correos y los mensajes inmediatos.
---
El Financiero se hospedó en el hotel Santa Lucía Jungle Hacienda, Autograph Collection por cortesía de su administración, la cual cubrió los costos de estadía y alimentación. Ninguna condición de publicación fue requerida.

LEA MÁS: Este es el hotel que ahora estará en lugar de Villa Lapas
