El análisis del futuro de Florida Ice and Farm Company (Fifco) tras su acuerdo con Heineken parte de una premisa fundamental: la empresa ya no es la misma organización de consumo masivo que conocieron los inversionistas durante décadas. La transacción fragmentó al grupo en dos bloques al vender las marcas de bebidas, sus tiendas de conveniencia y las panaderías: activos que si se quiere representaban un flujo de caja estable y predecible, capaz de resistir entornos económicos complejos gracias al consumo recurrente de productos masivos.
En contraste, el portafolio que permanece bajo el control de la empresa y que ahora va a definir su perfil bursátil se concentra en sectores de la compañía (quizá) un poco menos reconocidos. Se trata de una operación centrada en el desarrollo inmobiliario, la hotelería en Guanacaste (Reserva Conchal) y la fabricación industrial de vidrio mediante la empresa Comegua.
Para el accionista, este giro estratégico se traduce en un rendimiento extraordinario pues la administración de la empresa de origen costarricense lo estimó entre $3,25 y $3,55 por acción, pero la normativa legal y contable impide que este flujo se libere de forma inmediata y aunque se ha planteado un primer pago de menor cuantía para el año 2026, el grueso del capital se entregará hasta 2027. Esto se debe a que la transacción debe reflejarse plenamente en los estados financieros auditados del ejercicio 2026 y así tener la base legal necesaria que permita repartir el excedente de la venta.

Antes del anuncio del convenio entre las empresas—septiembre de 2025—, la acción de Fifco se cotizaba en ȼ936,25 y unos días después llegó a costar hasta ȼ1.370 lo que representó un crecimiento del 46%.
A medida que los detalles de la operación se hicieron públicos y se confirmó el movimiento a inicios de 2026, la euforia inicial dio paso a una etapa de estabilización. La interrogante que domina ahora el ambiente bursátil es determinar el valor real de la empresa una vez que se descuente el pago de los dividendos masivos.
La acción enfrenta poco riesgo de una corrección drástica tras el corte del dividendo de 2026, según explicó Mauricio Moya, líder de Inversiones de Grupo Financiero Mercado de Valores. “En mercados eficientes, el precio de la acción debería bajar en una cuantía similar al dividendo pagado” agregó.
No obstante, la baja liquidez del mercado local podría impedir que ese ajuste se refleje plenamente, tornando el movimiento de precios menos predecible.
Moya destacó además que la rotación de capital o la permanencia en Fifco dependerán de los objetivos y necesidades de liquidez del inversionista, pues “no valdría la pena salirse prematuramente si el precio de la acción es igual o menor al pago ya esperado en 2027”.
Tres escenarios
La venta de la división de bebidas de Fifco a Heineken obliga a los inversionistas a elegir entre tres estrategias ante el nuevo perfil corporativo. La primera es la venta a corto plazo, ideal para quienes buscan capturar la ganancia de capital generada por el anuncio y prefieren liquidez inmediata. Esta opción evita la incertidumbre del nuevo modelo de negocio y el ajuste técnico a la baja que sufrirá el precio de la acción tras el pago de dividendos en 2027.
La segunda ruta es mantener la posición hasta 2027 para percibir el dividendo extraordinario completo. Esta apuesta requiere paciencia y confianza en la rentabilidad de largo plazo de los activos remanentes: hotelería, proyectos inmobiliarios y producción de vidrio. El accionista asume un perfil de riesgo más cíclico y volátil, apostando a que el mercado valore adecuadamente el patrimonio residual una vez concluida la transición.
Finalmente, la salida parcial funciona como una estrategia intermedia para reducir la exposición al riesgo sin renunciar a los beneficios futuros. Al vender una fracción de las acciones, el inversionista asegura parte de las utilidades actuales y diversifica su patrimonio, manteniendo una participación en la nueva etapa inmobiliaria e industrial del grupo.
Según Adriana Rodríguez, gerente general de Acobo Puesto de Bolsa, el valor de la acción de Fifco refleja hoy una tensión entre el dividendo futuro y la necesidad de liquidez inmediata. Dado que el mercado ha ofertado precios cercanos al monto esperado para 2027, el inversionista debe sopesar si prefiere la certeza de un pago hoy o esperar un flujo sujeto a variaciones en el tipo de cambio y costos extraordinarios. Existe un riesgo inherente de corrección a la baja en el precio tras el corte de dividendos, un ajuste teórico necesario tras una distribución de capital.
“Por ello, la decisión de permanecer no debe basarse solo en el dividendo, sino en el interés de ser socio de un negocio remanente cuya valoración actual en el mercado secundario puede verse afectada por la baja liquidez local, generando desviaciones entre el valor teórico y el precio transado”, comentó la especialista.
Dividendos en su pico…
Fifco llega a esta encrucijada con los accionistas después de dos años especialmente generosos en materia de dividendos. En 2024, la compañía realizó un pago histórico cercano a ¢47.000 millones, que marcó un máximo para la empresa y envió una señal clara de prioridad al retorno de capital hacia sus dueños. En 2025, esa apuesta se reforzó y marcó un nuevo récord: los estados financieros consolidados reportan alrededor de ¢51.438 millones en dividendos para los accionistas.
Esta trayectoria de pagos crecientes implica que una porción importante del valor de “la vieja Fifco” ya se trasladó al bolsillo del inversionista antes incluso de concretarse la venta a Heineken. A ello se suma el aumento gradual del dividendo ordinario por acción, que en 2025 subió de ¢14 a ¢15 por título, reforzando la rentabilidad por dividendo para quienes se mantuvieron en el papel durante el último tramo de la etapa de consumo masivo. En la práctica, la empresa aprovechó sus últimos años con el negocio tradicional para maximizar el flujo de caja hacia los socios, antes de transformarse en un grupo enfocado en hotelería, bienes raíces y vidrio.
De cara al futuro, el atractivo para el accionista se desplaza desde estos dividendos récord hacia un esquema de pagos extraordinarios ligados a la transacción con Heineken. La administración ha estimado que el rendimiento total asociado a la venta se ubicará entre $3,25 y $3,55 por acción, pero solo una parte se materializará en 2026, a través de un dividendo de $0,37 por acción con cargo a utilidades retenidas de 2025; el grueso del monto quedará reservado para 2027, cuando los estados financieros de 2026 reflejen plenamente la operación. En otras palabras, quien permanezca en el título ya disfrutó de años de dividendos elevados y ahora debe decidir si está dispuesto a esperar por este pago extraordinario, en un contexto donde la empresa cambia por completo de naturaleza.
Más allá de las bebidas y alimentos
“La vieja Fifco” cerró el año fiscal 2025 con resultados mixtos que evidencian el éxito de su nuevo enfoque estratégico frente al desgaste de sus negocios tradicionales. Las operaciones que permanecerán en el grupo reportaron una utilidad neta de ȼ7.503 millones, lo que representa un sólido crecimiento del 37,3% respecto al periodo anterior, impulsado por el dinamismo de Reserva Conchal y el aumento de las exportaciones industriales.
En la acera opuesta, los negocios de alimentos, bebidas y comercio que fueron vendidos a Heineken enfrentaron un panorama mucho más complejo. Estas unidades sufrieron una caída del 44,4% en sus utilidades, pasando de ȼ80.116 millones en 2024 a ȼ44.472 millones en 2025. El principal responsable de este desplome fue el deterioro de activos en Fifco USA, donde se reconoció una pérdida de valor de $110 millones, sumado a mayores gastos financieros y al impacto negativo de la apreciación del colón en sus operaciones internacionales.
A nivel consolidado, la utilidad neta de Fifco experimentó una reducción total del 40% en comparación con el año previo, cerrando en ȼ51.975 millones. Estas cifras, publicadas en sus estados financieros auditados bajo la norma NIIF 5, reflejan la transición de la compañía hacia un modelo de negocio más especializado.
En última instancia, el futuro de Fifco dependerá de su capacidad para consolidarse como un jugador relevante en sectores de alta especialización y rentabilidad variable. En ese sentido, los próximos años servirán como una prueba decisiva para demostrar que la “nueva Fifco” puede mantener la rentabilidad que alguna vez ofrecieron las bebidas.
Para el inversionista, esta transformación implica más que una decisión sobre dividendos o precios. Es una evaluación sobre el tipo de empresa en la que desea permanecer: una que ya distribuyó gran parte de su valor o una que busca construir uno nuevo desde sectores más volátiles.

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